Es la aceptación o el aplauso general que recibe un político o cualquier otra figura pública dentro de una comunidad. Ella entraña no solamente la amplia difusión de su nombre, de su pensamiento y de su imagen, como prueba de un alto nivel de conocimiento público, sino además la simpatía o el respaldo de que goza. La popularidad es, por tanto, una mezcla de varios elementos: conocimiento, aceptación, simpatía y credibilidad ante la opinión pública.
Los políticos luchan permanentemente por alcanzar y mantener altos grados de popularidad. Para ello se preocupan de que sus pensamientos se difundan. Cuidan mucho su imagen. Y al propio tiempo tratan de afectar la popularidad de sus rivales. Saben bien que la popularidad es el primer paso para lograr éxito en los torneos electorales.
La popularidad se suele medir por medio de <encuestas de opinión pública, a través de preguntas destinadas a señalar el índice de aceptación que tiene una persona en los diferentes medios sociales. Usualmente los encuestadores estratifican la sociedad a investigarse en función del sexo, edad, lugar de residencia, nivel de ingresos y posición social de sus miembros. Y la indagación la hacen a través de una muestra representativa. La fidelidad de las encuestas depende principalmente del acierto en la elaboración de la muestra y de la formulación de las preguntas. La muestra es la pieza clave de la indagación. Hay una técnica especial para elaborarla, que parte de las características de edad, sexo, etnia, cultura, nivel educativo, religión, profesión u oficio, lugar de residencia y condiciones socioeconómicas del grupo que va a encuestarse. Ellas deben ser establecidas previamente de acuerdo con determinados parámetros técnicos de modo tal que ese grupo de personas constituya una representación fiel de la población que se desea investigar.
El resultado arroja cifras aproximadas de la simpatía, confianza, afecto o adhesión política de que goza una persona en un momento determinado. Estos datos cuantitativos, susceptibles de recibir también una interpretación cualitativa, se establecen a través de una serie de preguntas y respuestas que dan a conocer el grado de aceptación —o de rechazo— que tiene un político.
Generalmente la popularidad de los políticos no es homogénea. Unos son preferidos por los hombres o por las mujeres, otros merecen la simpatía especial de las personas de determinada edad, o de un segmento socioeconómico en particular, o de una región geográfica. Rara vez tienen una aceptación uniforme. Lo cual se explica porque cada estrato social, cada edad, cada región tiene sus propios valores y sustenta puntos de vista diferentes.