Es la deformación del mercado, por el lado de la oferta, causada por la concurrencia de pocos vendedores de una mercancía o prestadores de un servicio frente a la multitud de compradores. Constituye una distorsión del régimen de mercado en el capitalismo industrial. El término fue introducido a la teoría económica por sir Thomas Moro (1478-1535), Lord Canciller de Inglaterra, autor de la celebre novela “Utopía”.
El oligopolio no asegura una competencia eficiente ni, por tanto, un buen mecanismo de formación de los precios. Lo más probable es que genere formas de manipulación del mercado, lo someta a las conveniencias de los pocos vendedores e imponga los precios, por acuerdo expreso o tácito entre ellos, a la masa de consumidores.
Cuando los vendedores son grandes y pocos, es fácil que ellos se pongan de acuerdo y formen coaliciones, trusts o conglomerados que eliminen a las empresas pequeñas o les impidan entrar a competir y que impongan los precios de sus productos en el mercado.
El <monopolio y el <monopsonio, aunque desde ángulos contrarios, anulan la libre competencia. El oligopolio y el oligopsonio, en cambio, generan una competencia imperfecta. Pero todos ellos desquician el mercado y le impiden cumplir el rol de forjador de equilibrios entre productores y consumidores, de regulador de los precios y de asignador de recursos, que le atribuyen las doctrinas <liberales y <neoliberales.
Se denomina “oligopolio bilateral” al que enfrenta a un número igualmente limitado de compradores, de modo que miden fuerzas en el mercado el oligopolio y el oligopsonio.
Hay una vieja tradición de oposición y crítica contra el oligopolio que proviene de importantes economistas de diversas nacionalidades —Thorstein Bunde Veblen, Joseph A. Schumpeter, John Kenneth Galbraith, J. M. Blair, Robin Marris y muchos otros— todos quienes concuerdan en afirmar que él implica una perniciosa degeneración del mercado a causa de las maniobras dolosas de los agentes oligopólicos.