Es, por definición, el gobierno, el poder o el dominio de pocos en su propio beneficio y sin consentimiento popular. Oligarquía es también un reducido grupo de personas que ejerce influencia sobre el gobierno para aventajar sus intereses. La diferencia con la >plutocracia es que el grupo oligárquico no es necesariamente rico. En otras palabras, si la influencia de unos pocos sobre el poder se sustenta en la riqueza hay plutocracia. Ambos son gobierno de pocos, de un reducido grupo de personas, pero si son ricas es propiamente una plutocracia.
Aristóteles (384-322 a. C.) consideró a la oligarquía como una forma impura de gobierno resultante de la degeneración de la <aristocracia por la suplantación del interés individual de los gobernantes al interés general. Dijo, en su "Política", que oligarquía es el modo que tienen de gobernar los nobles y los ricos en provecho propio.
El sociólogo alemán Robert Michels (1876-1936) formuló la “ley de hierro de la oligarquía”, según la cual toda organización política tiende a caer en manos de un pequeño grupo de personas, independientemente de su orientación ideológica. Según él, a pesar de las proclamas democráticas —e incluso revolucionarias—, el poder es ejercido a la postre por una oligarquía. Quien dice organización social dice oligarquía, expresó Michels.
Las experiencias históricas, en efecto, demuestran que incluso algunos gobiernos revolucionarios, que alcanzaron el poder a través de una subversión total de los valores y organización sociales, terminaron por ser ejercidos por un reducido número de personas. Ocurrió con ellos lo mismo que con los relojes de arena: al darse la vuelta la mayor parte de los granos queda arriba, pero poco a poco caen hasta que la mayoría se sitúa abajo y arriba sólo permanecen unos pocos granos.
Algunos pensadores ven como inevitable la formación de oligarquías en el Estado, en los partidos políticos (por democráticos y masivos que sean) y en los diversos grupos sociales. Michels, por ejemplo, en la década de los años 10 del siglo pasado, afirmó que tan pronto como la sociedad o un partido se organiza —y la organización es en ellos un elemento fundamental de subsistencia— emergen necesariamente en su interior las elites para conducirlos. Dijo que esto es inevitable. Lo cual le condujo a formular su “ley férrea de la oligarquía” —el sociólogo alemán prefería llamar a las elites de esta manera—, según la cual resultaba ineludible el fenómeno de la concentración del poder en un número reducido de personas. Afirmaba que decir organización es decir oligarquía y que, por tanto, al ritmo en que una sociedad o una asociación se organizaba, se consolidaba el grupo elitista llamado a conducirla y a decidir por ella.
Me temo que en la moderna sociedad del conocimiento del siglo XXI, en que el principal “insumo” con que trabajan los mandos sociales es la información, terminará por consolidarse una elite tecnológica cuyo poder de dominación se basará en sus conocimientos científicos y tecnológicos.
Vamos hacia una sociedad cada día más estratificada y elitista, desprendida del factor “conocimiento” y de los ingresos y el estatus social que éste produce. En ella se consolidarán, de acuerdo con la ley de Michels, determinadas oligarquías bien preparadas en el campo de la tecnología electrónica y de la inmensa variedad de los servicios anexos a ella, que no demorarán en ejercer el mando social.
Michels sostenía que el filósofo e historiador francés Hipólito Taine (1828-1893) —quien afirmaba que una civilización es siempre el fruto de tres elementos principales: la raza, el medio y el momento—, no obstante ser considerado como un positivista y un liberal, fue uno de los precursores de las ideas elitistas del sociólogo y economista italiano Vilfredo Pareto (1848-1923) y del politólogo y periodista italiano Gaetano Mosca (1858-1941). Su >pragmatismo lo llevó a eso. Pero Michels no se dio cuenta de que, al final de cuentas, éstos fueron también los precursores de su propia teoría de la <ley de hierro de la oligarquía no obstante su militancia en las filas socialistas.