Este neologismo tiene varias significaciones. Es una estrategia de desarrollo que busca alcanzar paulatinamente y sin brusquedades las metas propuestas, o es una política de ajuste macroeconómico que consiste en la aplicación escalonada de medidas hasta conseguir progresivamente los objetivos de estabilización señalados. Esta polìtica se contrapone a la denominada de “shock”, que entraña cambios bruscos y en algunos casos traumáticos en la economía social. El gradualismo busca evitar los sobresaltos y las brusquedades en la consecución de los objetivos de estabilización y equilibrio macroeconómicos.
Las llamadas “políticas de ajuste” de una economía son necesarias cuando en ella se presentan desequilibrios graves: inflación, déficit fiscal, distorsiones cambiarias, desproporcionado endeudamiento, crisis recesiva, desempleo u otras anomalías. Entonces se torna inevitable la aplicación de un programa de medidas fiscales, cambiarias, monetarias y crediticias que corrija esos desequilibrios, cualquiera que sea el sistema económico imperante, puesto que algunos principios de política económica son válidos para todos ellos.
Un programa de ajuste sólo puede realizarse a través de dos caminos: el gradual o el de “shock”. El primero tiene la ventaja, desde mi punto de vista, de evitar conmociones en la economía, que de ordinario afectan con mayor dureza a la gente pobre. En cambio, las llamadas medidas de >“shock”, aconsejadas generalmente por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otras agencias multilaterales de crédito, producen estragos graves en la economía y comprometen principalmente a los sectores sociales indigentes, que no tienen la posibilidad de defenderse de los efectos de esas medidas.
También se utiliza el término “gradualismo”, en una perspectiva política más amplia, como sinónimo de “reformismo”, es decir, de cambio social programado, paulatino e ininterrumpido, al que acuden algunas versiones moderadas del socialismo —como la >socialdemocracia europea— para alcanzar sus metas de cambio en la organización social y económica.
En los tempranos tiempos del socialismo inglés, el <fabianismo fue un grupo de intelectuales y políticos con vocación gradualista.
En nuestros días, el Partido Comunista Italiano, con una larga tradición de participación democrática y electoral, se reorganizó en 1991, poco tiempo antes de la profunda crisis italiana causada por la corrupción de sus mandos políticos, como partido de masas democrático, adoptó el gradualismo como metodología para la transformación social y cambió su nombre por el de Partido Democrático de la Izquierda.
La tendencia gradualista, contrapuesta a la revolucionaria, se ha fortalecido en el mundo político a partir del colapso de la Unión Soviética y de los demás países marxistas de Europa oriental.