En la historia de las teorías económicas se conoce como fisiocracia a la escuela que sostuvo que la fuente principal de la riqueza de las naciones era la tierra, puesto que era la única que podía explotarse sin empobrecerse, y que la economía era un fenómeno natural que debía regirse por sus propias leyes y en la que no era dable la intervención del Estado. El ideal fisiócrata, por consiguiente, fue la libertad de las fuerzas económicas para emprender en actividades productivas y la absoluta inhibición del Estado frente a ellas. En la conocida frase >laissez faire, laissez passer, acuñada por el fisiócrata francés Vincent de Gournay (1712-1759), se resumía la posición abstencionista que la fisiocracia asignaba al Estado frente al proceso económico, principio que más tarde fue acogido y desarrollado por los economistas de la escuela clásica.
La fisiocracia, sustentada por un grupo de economistas franceses entre 1750 y 1776, constituyó la primera escuela de pensamiento económico en sentido moderno. Bajo la inspiración de Francisco Quesnay, formaron parte de ella Anne-Robert-Jacques Turgot, Jean de Gournay, Pierre Samuel Du Pont de Nemours, Pierre Paul Le Mercier de la Riviere, Guillaume-François Le Trosne, Nicolás Baudeau, André Morellet y varios otros pensadores. Surgió como respuesta a la profunda decadencia económica a que llegó Francia a mediados del siglo XVIII por diversas causas. Los altísimos costos de las aventuras militares y el derroche de la corte monárquica afectaron gravemente su situación financiera. La deuda pública creció monstruosamente. A pesar de que Francia era un país eminentemente agrícola, la teoría mercantilista privilegió el comercio y descuidó la agricultura. Además, los dos grandes propietarios de la tierra, que eran el clero y la >nobleza, rodeados de una multitud de campesinos en régimen de >minifundio, utilizaban sistemas de cultivo de bajísima productividad y demostraban la más absoluta ineficiencia económica. Como resultado de todo esto el retraso de Francia con respecto a Inglaterra, que había empezado a despertar a la revolución industrial, fue evidente.
En esas condiciones floreció efímeramente —porque llegó pronto a su ocaso con la caída del ministro Robert Jacques Turgot del poder— la escuela fisiocrática para sostener:
1) que la naturaleza estaba regida por un orden eterno y universal establecido por la providencia divina,
2) que el derecho a la propiedad era una institución fundamental de la organización social,
3) que la libertad, como parte del orden natural, era la condición para que el hombre encontrara el camino más ventajoso,
4) que la prosperidad individual producía necesariamente el bienestar social,
5) que la agricultura era la principal fuente de la riqueza social y la única capaz de generar excedentes netos, y
6) que la riqueza creada en la agricultura, al circular por la sociedad, tenía efectos beneficiosos para todos.
Francisco Quesnay (1694-1774) fue el fundador de la escuela fisiocrática y el creador de su famosa tableau économique, que enseñaba el esquema de la circulación de los bienes y que despertó en su tiempo una profunda admiración, aunque Adam Smith (1725-1790) consideró que el libro de Mercier de la Rivière —"L’ordre naturel et essentiel des sociétés politiques" (1767)— contenía la más completa exposición de la teoría fisiocrática.
En todo caso, los fisiócratas formularon la teoría del produit net acerca del origen del excedente económico. Este fue uno de los elementos más característicos de la escuela fisiocrática. Se entendía por excedente aquel conjunto de bienes materiales que se podían destinar para la satisfacción de necesidades humanas, cuya producción no destruía ni empobrecía la fuente de donde habían salido. Este excedente, por tanto, sólo podía originarse en la agricultura que era la única actividad capaz de arrojar una diferencia positiva entre la riqueza creada y la riqueza gastada para producirla. Quesnay sostenía que la manufactura ni el comercio eran capaces de generar este producto neto y que eran, en consecuencia, actividades “estériles”. Decía de ellas que eran aptas para “sacar el agua del pozo pero no para aumentar el manantial”. La manufactura, afirmaba, se limitaba a combinar cosas ya producidas y el comercio a cambiarlas de lugar. En cambio, el agricultor plantaba la semilla y recogía los frutos. Luego la suya era la única actividad capaz de generar un excedente. Esto explicaba por qué los fisiócratas consideraban a la agricultura no sólo como el factor básico de la producción sino también como una ocupación política y moralmente superior a las otras.