Es la tendencia a apartarse parcialmente de los principios de una doctrina política o introducir en ella modificaciones consideradas poco ortodoxas por los guardianes de la pureza ideológica. El término fue acuñado por los ideólogos marxistas para combatir a quienes se alejaban de la línea de pensamiento oficial del partido comunista. Según ellos, había un desviacionismo de izquierda y otro de derecha. El primero estaba dado por quienes, aquejados de impaciencia radical, se perdían por las sendas de la utopía romántica; y el segundo, por los que pretendían reformar la doctrina y, con ello, destruir su “pureza revolucionaria”. El desviacionismo de derecha tomó el nombre de >revisionismo. Obviamente, el punto de referencia para establecer y medir estas desviaciones era siempre la posición de quienes detentaban la jefatura del partido o del gobierno, que eran los dueños de la verdad oficial.
La fraseología marxista contiene numerosas palabras de connotación peyorativa para calificar a los desviacionistas. A los de izquierda, que tomaban con demasiada severidad los postulados doctrinales, se les llamaba “dogmáticos”, “anárquicos”, “oportunistas” o “utópicos”, y, a los que rehusaban todo compromiso con otras fuerzas políticas, “sectarios”. Incurrían en “aventurerismo” quienes actuaban con precipitación, bajo dudosas perspectivas de éxito. A los desviacionistas de derecha, en cambio, se les llamaba “revisionistas”, “formalistas burgueses”, “cosmopolitas apátridas”, “idealistas”, “oportunistas” y “capitulacionistas” por sus excesivas concesiones ideológicas o políticas al enemigo.
La ortodoxia marxista condenó las tesis de Eduardo Bernstein por “desviación hacia la Derecha”, del mismo modo que en 1931 el comité central del Partido Comunista soviético tachó a las ideas de León Trotsky de “desviación hacia la Izquierda” por haber “disociado la teoría de la praxis, atentado contra el partido, infravalorado a Lenin y supravalorado a Plechanov”.
Los dueños de la verdad ideológica, por supuesto, fueron quienes ejercían el mando partidista en ese momento. Ellos eran los que determinaban qué pensamientos y qué actos contradecían la “sabiduría” o desvirtuaban la “pureza” de la doctrina oficial. En todo caso, el desviacionismo era tenido como una traición al partido, que merecía sanciones muy duras y ejemplares, que llegaban con frecuencia hasta la pena capital.
El desviacionismo y el >revisionismo son a la política lo que la herejía a la religión. Implican un desacuerdo parcial con el >dogma, o sea con una proposición tenida como verdad inmutable y eterna. Para los dogmáticos de izquierda el desviacionismo y el revisionismo están a un paso de la <contrarrevolución. Y de hecho muchos de los revisionistas fueron acusados de contrarrevolucionarios.
Esas disensiones se castigaron duramente dentro de los partidos autoritarios. Fueron tristemente célebres las purgas estalinistas contra todos los sospechosos de >trotskismo, zinovievismo, bujarinismo, >titoísmo o cualquier otra clase de desviacionismo, así como las brutales represiones de Hitler contra los compañeros de partido o miembros del gobierno que discrepaban de su pensamiento. Recordemos que, por proclamar un comunismo nacional frente a la hegemonía de Moscú o por mantener opiniones moderadas respecto de la colectivización forzada de Stalin o por mostrar reticencias sobre el control totalitario, el Secretario General del Partido Comunista polaco, Wladyslaw Gomulka, fue expulsado en 1949 del comité central y luego encarcelado; que László Rajk fue ejecutado en Hungría ese mismo año acusado de titoísmo y que igual suerte corrieron T. Kostov en Bulgaria y en Checoeslovaquia V. Clementis. En Albania K. Xoxe fue condenado a la pena de muerte bajo la acusación de traición y en Checoeslovaquia fueron ejecutados en 1952 el secretario del partido Rudolf Slansky y un grupo de sus seguidores por haber incurrido en “conspiración americana-sionista”. Incluso en Checoeslovaquia, al margen del >estalinismo, el vicepresidente Milovan Djilas (1911-1995) fue echado del poder y puesto en la cárcel por el mariscal Josip Broz Tito (1892-1980) a causa de una presunta desviación de derecha. El exgobernante húngaro Emri Nagy (1896-1958) fue encarcelado por casi dos años y luego fusilado bajo la acusación de haber sido complaciente con los insurrectos en su país, haberles ofrecido amnistía, haber denunciado el Pacto de Varsovia, suprimido el sistema de partido único y negociado el retiro de las tropas soviéticas que invadieron Hungría en 1956 para reprimir el alzamiento estudiantil y popular contra el estalinismo imperante.
El jefe del Partido Comunista de Estados Unidos Earl Browder (1891-1973) —fundador del <“browderismo”— fue acusado de “colaboracionista” y “oportunista” por Moscú y expulsado del partido en 1946 por haber sostenido durante la Segunda Guerra Mundial que los comunistas deben aproximarse a los gobiernos burgueses para alcanzar el común objetivo de vencer al <fascismo.
Durante largo tiempo los dirigentes comunistas soviéticos y chinos se acusaron recíprocamente de revisionistas y desviacionistas. El >maoísmo reclamaba para sí la pureza del pensamiento marxista-leninista y se refería a los dirigentes moscovitas como la “camarilla de los renegados revisionistas soviéticos”. Después de la desestalinización de la Unión Soviética, Albania hizo una desviación hacia la izquierda y se colocó al lado de China en el conflicto con los soviéticos.
El desviacionismo parece ser un elemento propio de la naturaleza de las aplicaciones históricas del marxismo, que tienden a considerar su ideología como un conjunto de verdades inmutables, lo cual coloca a sus seguidores en la dificultad de aplicar el catecismo marxista a situaciones muy diversas en el tiempo y en el espacio. Es allí donde se produce el desvío que tanto irrita a los exégetas dogmáticos de la doctrina.
En la orilla fascista las cosas fueron más o menos iguales. Hitler, luego de una discrepancia interna en su partido, mandó fusilar o asesinar a mediados de los años 30 a 77 dirigentes, incluidos Ernst Röhm que era su ministro y amigo, el excanciller Kurt von Schleicher y su esposa, y otros dirigentes de importancia.
El término desviacionismo se originó en 1921, en que una resolución tomada por el décimo congreso del Partido Comunista ruso lo incorporó a su texto, y desde entonces se lo ha usado en los predios comunistas para referirse al apartamiento de la línea política oficial del partido o a la discrepancia parcial con sus fundamentos ideológicos.
El concepto de desviacionismo está muy vinculado a los litigios entre los teóricos marxistas europeos a fines del siglo XIX y principios del XX. El centro de esas encendidas polémicas fue el socialista alemán Eduard Bernstein (1850-1932), precursor de la >socialdemocracia y del >socialismo democrático, quien afirmó, contradiciendo a Marx, que no creía en la posibilidad alguna de que se cumpliera su predicción del colapso del capitalismo por el choque inevitable entre los proletarios y los burgueses, puesto que, tal como él veía las cosas,“los campesinos no se hunden, la clase media no desaparece, la crisis no va a más, la pobreza y la servidumbre no aumentan”, es decir que no se da la polarización de fuerzas sociales que, según la hipótesis del >marxismo ortodoxo, era el antecedente necesario para la >revolución.
En el proceso de conducción revolucionaria de la República Popular de China, que se inició tras el triunfo de las fuerzas de Mao Tse-tung en 1949, se acudió con mucha frecuencia al término “desviacionista” para denostar a los adversarios internos en el seno del Partido Comunista. Primero fueron Mao y sus seguidores los que apostrofaron así a todos los que de alguna manera se opusieron a sus designios. La llamada >revolución cultural se hizo precisamente para acabar con los “desviacionistas” de derecha supuestamente enquistados en el gobierno y en el Partido, a quienes se acusaba de servir los intereses “capitalistas”. Así fueron perseguidos Peng Zhen, Luo Ruiqing, Lu Dingyi, Yang Shangkun, Liu Shaoqi, Deng Xiaoping y muchísimos otros líderes comunistas de cuyas convicciones era absurdo dudar. Cuando murió Mao en 1976 y el >maoísmo entró en eclipse, sus sucesores acusaron a él y a sus secuaces de “desviacionismo izquierdista”. Bajo esta imputación fueron proscritos Lin Biao, la viuda de Mao y los miembros de la “banda de los cuatro”: Jiang Qing, Zhang Chunqiao, Yao Wenyuan y Wang Hongwen.
La acusación de desviacionismo se utilizó también a escala internacional. Durante muchos años, en los tiempos de Mao, la dirigencia comunista de China se refirió a los más prominentes líderes moscovitas como los miembros de la “camarilla de renegados revisionistas soviéticos”. Radio Pekín lanzaba incesantemente esta consigna al mundo. Eran los tiempos de la dura confrontación sino-soviética por la hegemonía marxista.
La conclusión necesaria es que, en cada época, la palabra “desviacionismo” circuló de un lado al otro, como moneda de mala ley, en los regímenes marxistas.
Se pueden, sin embargo, reconocer dos formas de desviacionismo: la política y la ideológica. La primera es la disensión con la línea de acción señalada por el partido y la segunda es la discrepancia con sus postulados ideológicos.
El desviacionismo político es menos grave, menos profundo y más coyuntural. No deja las huellas imborrables que el otro. El desviacionismo doctrinal, en cambio, es la discrepancia con la ortodoxia ideológica y suele darse con especial frecuencia en las doctrinas políticas que no someten sus principios al debate y a la discusión para purificarlos.
Las >ideologías, desde el punto de vista dialéctico y democrático, son seres vivos, en permanente movilidad y cambio. Se enriquecen con el debate y se prueban a través el contacto con la realidad. Cuando se las sustrae de la discusión y se las tiene como verdades acabadas e intocables, como suelen hacerlo los >fundamentalistas de cualquier signo, entonces ellas devienen en dogmas y quienes con ellas discrepan reciben el nombre de desviacionistas.
Hay diferencia de grado mas no de naturaleza entre el desviacionismo y el >revisionismo. El primero es menos profundo y menos sistemático. Es el apartamiento ocasional de la disciplina partidista o la disensión coyuntural con uno o más de los principios de la ideología. Pero el revisionismo va más allá. Entraña todo un proyecto de modificaciones y rectificaciones de la doctrina. Yo sostengo, por ejemplo, que Lenin fue uno de los grandes revisionistas del >marxismo al tratar de aplicarlo a las condiciones de subdesarrollo económico y social de la Unión Soviética de 1917, es decir, a condiciones que no pudieron ser previstas por Marx y por Engels. Lo mismo ocurrió más tarde en China con el marxismo-leninismo-pensamiento de Mao Tse-tung.
Y desde luego que no critico la revisión de una doctrina política. Las doctrinas se hicieron para ser revisadas, perfeccionadas, completadas y eventualmente sustituidas. Este es un imperativo de la búsqueda de la verdad científica y de la concepción dialéctica del mundo y de la vida.