Es la compañía por acciones cuyo objeto principal es recibir depósitos del público y efectuar operaciones de crédito con los agentes económicos. La palabra viene del italiano banca que designaba antiguamente la pieza de madero grueso escuadrado colocado sobre cuatro patas, que servía de mesa a los cambistas para sus transacciones de moneda.
Pero fueron los viejos orfebres y plateros europeos los precursores del sistema bancario. Ellos poseían grandes y seguras cajas fuertes para guardar los metales que labraban. Y ocurrió que los portadores de moneda metálica, buscando seguridad, la depositaban en aquellos talleres artesanales para que fuera protegida en sus cajas de seguridad y recibían, a cambio, un testimonio o constancia escritos del valor de los depósitos. Pronto los orfebres descubrieron que solamente un pequeño porcentaje de los documentos de recibo que habían emitido retornaba periódicamente para ser redimido por el oro y plata depositados. Entonces empezaron a prestar parte de las monedas que protegían a terceras personas, con plazos e intereses determinados. Por su parte, los depositantes empezaron también a negociar sus recibos —como primitivo dinero representativo— en operaciones comerciales, de modo que esos documentos se convirtieron en una suerte de papel-moneda primitivo. Tales orfebres y plateros, que otorgaban créditos por varias veces la cantidad de oro y plata que guardaban en sus cajas fuertes, se hicieron ricos con la ingeniosa especulación.
Volviendo al tema, y simplificando las cosas, las dos funciones cardinales de los bancos, dentro del conjunto de operaciones de variada índole que realizan, son la gestión de los depósitos y la concesión de créditos. Reciben fondos de los depositantes, con estipulación de intereses o sin ella, y disponen de ese dinero para su actividad crediticia, con el cargo de asegurar a sus dueños el servicio de caja que consiste básicamente en la obligación de pagar todas las órdenes de entrega de fondos que ellos giren a favor de sí mismos o de terceras personas, hasta por la suma depositada.
Los depósitos pueden ser a la vista o a plazo. Los primeros están en todo momento a disposición del depositante; los segundos solamente a partir del cumplimiento del plazo convenido. Estos pueden considerarse como un préstamo que el cliente hace al banco. Y como le ofrece la certeza de que no serán retirados en forma imprevista, los intereses que ellos devengan son mayores que en los otros depósitos.
Los economistas sostienen que los bancos privados son creadores indirectos o secundarios de moneda. En efecto, la utilización que ellos hacen de los recursos depositados por los clientes en el otorgamiento de créditos a favor de otras personas entraña una verdadera “creación” de dinero por los bancos, puesto que esos créditos multiplican el empleo de la unidad monetaria y abren nuevos depósitos bancarios, que vuelven a ser utilizados.
Esto significa que la operación de los bancos tiene un efecto multiplicador muy importante sobre el cúmulo de medios de pago que emite el banco central. Lo cual obliga al Estado a tomar medidas de control para que la expansión del dinero circulante no vaya más allá de lo deseado. A este fin responde el llamado >encaje bancario, que es el coeficiente obligatorio de depósitos en efectivo que, con respecto al total de los recursos que manejan, deben mantener los bancos comerciales o de desarrollo en el >banco central para asegurar su solvencia ante el público.
Puesto que el encaje bancario es también un instrumento a disposición del gobierno para regular la >liquidez de la economía, de conformidad con la política económica que haya definido, el coeficiente mínimo debe ser señalado por la autoridad monetaria con vistas a las demandas de medios de pago de la sociedad y a la ponderación de los tres principios fundamentales de la actividad bancaria, que son la liquidez, la seguridad y el rendimiento.