El concepto de autogestión fue propuesto originalmente por el anarquista francés Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865) y tomado por los anarquistas de la primera mitad del siglo XIX, como parte de su “democracia industrial”. Fue reencauzado más tarde por el mariscal Joseph Brozovich Tito en la República Federal Socialista de Yugoeslavia, como parte de la “vía yugoeslava al socialismo”, en que las empresas industriales estaban dirigidas por órganos colegiados integrados por los delegados de las OOUR, que eran las organizaciones de base de los trabajadores.
La autogestión empresarial implantada por Tito se realizó a través de sucesivas reformas institucionales orientadas hacia la autonomía de las empresas de producción, liberándolas de la planificación económica central propia de los regímenes marxistas. En las unidades productivas se separó la gestión, confiada a órganos colegiados de decisión, de la dirección técnica y administrativa, entregada al director de la empresa y a sus cuadros directivos. Las relaciones entre el director y los órganos colectivos de gestión fueron regimentadas por la normativa jurídica del Estado y experimentaron modificaciones a lo largo del tiempo para corregir sus disfunciones. Una ley expedida en 1976 atribuyó a las organizaciones de base del trabajo asociado (OOUR) en cada empresa la facultad de tomar algunas de las decisiones relativas a la conducción de ella mientras que la responsabilidad de definir las políticas generales, nombrar y destituir al director y decidir la política de remuneraciones fue entregada al consejo de empresa.
Todo lo cual, obviamente, no menoscababa el poder que de hecho tenía el partido comunista para diseñar las líneas maestras de la política económica del Estado.
La autogestión yugoeslava, como medio de delegar hacia la base laboral y los niveles medios ciertas decisiones en la marcha de las empresas productivas y como forma de dar una solución práctica al problema de la democracia en un régimen socialista, tuvo sin duda sus antecedentes en los planteamientos de la democracia industrial del filósofo y revolucionario francés Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865), en la idea del autogobierno industrial propuesta por el sindicalismo revolucionario europeo y norteamericano, en la formación de los consejos obreros de la primera postguerra en algunos países de Europa y en la práctica de los kibbutzim implantada en Israel desde 1909 en el área de la producción agropecuaria.