Esta palabra —que proviene de las dos primeras letras griegas: alfa y beta—, significa el conjunto de signos, símbolos, ideogramas, morfemas, jeroglifos, pictogramas, petroglifos o letras de un sistema de comunicación.
Viene del latín “alphabétum” —y éste, de las dos primeras letras del griego: “alfa” y “beta”– y es, según la Academia de la Lengua, “el conjunto de los símbolos empleados en un sistema de comunicación”.
A lo largo del tiempo han surgido muchísimos alfabetos: la escritura cuneiforme de la baja Mesopotamia entre los años 3400 Y 3200 a.C., los signos jeroglíficos de la antigua escritura figurativa egipcia, los viejos alfabetos fenicio, etrusco y griego, el alfabeto árabe de 28 letras consonantes, la escritura tibetana de Bután, India, Nepal y Paquistán, el alfabeto ruso —variante del alfabeto cirílico que fue introducido en Rusia el año 988—, la escritura ideográfica de los aztecas, el alfabeto hebreo con sus grafemas y muchos otros alfabetos dados alrededor del planeta en el curso de los tiempos.
La información parte del alfabeto. Y en el curso del tiempo el avance tecnológico en los sistemas para “transportar” los conocimientos —que han ido de la palabra hablada al manuscrito, de éste a la imprenta, de la imprenta a la radio y de la radio a la televisión, a la multimedia y a internet— ha generado cuatro etapas culturales perfectamente diferenciables: la oral, la escrita, la auditiva y la audiovisual.
Con el advenimiento de la sociedad informática hoy se habla de la multimedia —es la mezcla de audio y vídeo interactivos— y prensa digital como una posibilidad tecnológica real.
La expresión “prensa digital” no se refiere, por cierto, al hecho de que los periódicos actuales sean armados e imprimidos por medios informáticos —puesto que sus textos se preparan en ordenadores, sus artículos les llegan por vía electrónica, las fotografías son digitadas y recibidas por satélite y su armada se realiza con software de diseño gráfico— sino a que pronto podremos leer diariamente el “periódico” a todo color en nuestras casas a través de una pantalla electrónica.
Esa pantalla será muy delgada y portátil —unos pocos milímetros de espesor—, de formato largo, que podrá ser doblada, plegada y llevada con nosotros. En ella tendremos la información actual de los sucesos del mundo, sin la tardanza inherente al proceso de impresión sobre el papel y a la distribución del material.
A principios del siglo XXI un grupo de científicos de Cambridge, Estados Unidos, creó la primera pantalla electrónica ultradelgada —del grosor de tres cabellos humanos—, que se puede doblar, retorcer y enrollar sin que los textos y las imágenes pierdan nitidez, la cual será un elemento fundamental del futuro periódico portátil digital capaz de recibir datos mediante conexiones inalámbricas.
Rupert Murdoch, presidente de la News Corporation de Estados Unidos, presentó en Nueva York el 2 de enero del 2011 el primer diario digital de alcance nacional diseñado para el equipo portátil Apple Ipad. Se denominó “The Daily”, cuya información actualizada, presentada en vídeo y audio, combina en tiempo real: textos, gráficos y sonidos. Este periódico digital, con sede en Los Ángeles y Nueva York, publica alrededor de cien páginas diarias en los diversos campos de la información.
Esta es la prensa digital —la multimedia— que incorpora, junta y sintetiza los elementos característicos de todos los medios de comunicación: los textos e ilustraciones propios de los libros, periódicos y revistas; la voz y el sonido de la radio; el movimiento de las imágenes del cine; los vídeos de la televisión y las figuras, textos, sonidos y movimientos de internet.
En ella el conocimiento se difunde por medio de bits y no de papel impreso. El bit —acrónimo de la expresión inglesa binary digit— es el elemento básico de la transmisión electrónica de la información. Sirve también como unidad de medida de la capacidad de memoria de los computadores. El bit no tiene color, ni tamaño, ni peso y puede viajar a la velocidad de la luz. Como otras energías puras —por ejemplo: la electricidad o los rayos de luz— no tiene masa ni ocupa un lugar en el espacio.
El profesor norteamericano Nicholas P. Negroponte afirma en su libro “Being Digital” —publicado en 1995 y traducido a más de cuarenta idiomas— que para entender el mundo digital es menester hacer la diferencia entre átomo y bit. El átomo es la partícula más pequeña de un cuerpo simple. En cambio, el bit no tiene solidez, no es tangible: es una energía. Una de sus características fundamentales, al decir del profesor del Massachussets Institute of Technology (MIT), es que el bit es un “estado”, una “forma de ser”. Afirma, por eso, que el bit puede ser “on” or “off”, “true” or “false”, “up” or “down”, “in“ or “out”, “black” or ”white”. En el sistema binario, al que obedece, el bit es “1” o “0”. Y a diferencia del átomo, no se mueve por transiciones: pasa de un estado a otro automáticamente y sin escalas intermedias.
El profesor Negroponte dice con razón que la mayor parte de la información la recibimos en forma de átomos, esto es, de periódicos, libros, revistas y demás materiales impresos, mientras que hacia el futuro, dentro de la era digital, la recibiremos por medio de bits que la transportarán a la velocidad de la luz de su lugar de origen hasta las pantallas electrónicas.
Lo cual significa que la prensa digital y, en general, los libros, revistas y publicaciones digitales, que recibirán la información por medio de bits, serán más baratos que los materiales impresos convencionales puesto que el 45% del precio de éstos está causado por el manejo de los “stocks” e inventarios y por los costes de transporte aéreo, marítimo o terrestre.