“yuppies”

            Es el acrónimo inglés formado de “young, upwardly-mobile, professional” (cuya traducción aproximada podría ser: jóvenes profesionales que se mueven hacia arriba), con el cual se designa en Estados Unidos y en otros países industriales de Occidente a los ejecutivos y profesionales jóvenes de clase media bien articulados en la sociedad capitalista, animados por fuertes aspiraciones de ascenso económico y social.

            La palabra yuppie fue acuñada por los periodistas norteamericanos en los años 80 del siglo pasado para referirse a ciertos grupos sociales juveniles en actitud de escalar posiciones, que pugnaban por insertarse en la moderna sociedad capitalista, ganar dinero y vivir bien.

            Por lo general, han recibido una buena preparación universitaria en materias tales como economía, bussines administration, ingeniería de sistemas y otras especialmente importantes en la moderna sociedad del conocimiento. Trabajan preferentemente en los sectores bancario, financiero, bursátil y de servicios. Gozan de altos ingresos, frecuentan clubes exclusivos de “ejecutivos”, se movilizan en lujosos automóviles deportivos, no abandonan la primera clase en los aviones, son inseparables de su teléfono celular y hacen ostentación de sus altos niveles de vida. Muy frecuentemente incurren en el <esnobismo.

            Los yuppies son generalmente jóvenes convencionales, de mentalidad conservadora, conformes con el establishment, que no sólo conviven con las diferencias sociales sino que las estimulan y sacan provecho de ellas.

            Aparecieron como reacción a los beats, los beatniks, los hippies, los punks y todos esos grupos de aberrantes comportamientos que se dieron en los pasados años como expresiones de evasión o de protesta de los jóvenes contra la <sociedad de consumo, el adocenamiento de los seres humanos y los atosigantes convencionalismos sociales. De ahí vino ese loco anhelo de libertad que tomó forma en sus extravagancias, costumbres, modos de vestir, música, diversiones y maneras de vivir. Esos grupos, todos ellos contestatarios, manifestaron su inconformidad con los valores de la sociedad burguesa, con el amor al dinero, la obsesión por acumular riqueza, la molicie, la dilapidación, en una palabra: con el egoísmo económico propio de la llamada “american way of life” imperante en las sociedades industrializadas de nuestro tiempo.

            Como respuesta a esas usanzas, que eran miradas como holgazanería y vicio por los hombres de empresa, se formaron los yuppies, que son la contrapartida de aquellos grupos. Acartonados, impecablemente vestidos, bien preparados, de finas maneras y exageradamente convencionales, ellos se adaptan maravillosamente a la moderna <sociedad de consumo. Encuentran fácilmente su lugar en ella. Adulan a los jefes, compiten por los ascensos. Y tratan de obtener el mayor beneficio posible del <establishment.

            Estos grupos sociales de jóvenes ejecutivos y profesionales, con tendencia a escalar posiciones, surgieron en los años 80 del siglo pasado. Formaron en Estados Unidos y en los países capitalistas la audiencia electoral ideal para políticas encaminadas a reducir los impuestos y los gastos de carácter social  —como las que instrumentaron Margaret Thatcher y Ronald Reagan—  puesto que estos grupos juveniles privilegiados, por su holgada situación económica, no necesitan la educación pública, ni los servicios estatales de salud, ni la transportación municipal. Se pronuncian muy duramente contra el welfarism. Son partidarios, por tanto, de políticas ultraconservadoras, de la eliminación de los programas de asistencia social, de la disminución de impuestos, de la economía de mercado, de la <privatización total de los medios de producción, de la “desregulación” y de la libre empresa.

            La arrogancia y autosuficiencia de los yuppies llegaron a molestar a sus sociedades. Su insensibilidad social causó reacciones contrarias en los medios políticos y sociales progresistas. Y la palabra yuppie adquirió progresivamente una connotación peyorativa.

            Por cierto, el fenómeno yuppie no es exclusivamente norteamericano e inglés. Varias otras sociedades occidentales han visto nacer grupos similares, aunque ninguno de ellos recibió la respetabilidad que, si bien por un corto tiempo, tuvieron en esos países por parte de la <reaganomics y del <thatcherismo.

            A comienzos de este siglo apareció en el seno de la clase dominante norteamericana una nueva especie rara de hombres jóvenes: no eran los hippies, ni los yuppies ni los yetties: eran los <bourgeois bohemians.

           Estados Unidos experimentaban un gran auge económico y prosperidad social. El presidente Bill Clinton, meses antes de entregar el poder, había anunciado un crecimiento de la economía superior al 5%. La <globalización había incrementado su poder planetario. En este contexto aparecieron unos jóvenes que trabajaban en bancos y grandes corporaciones pero querían lucir como los intelectuales de la orilla izquierda del Sena. Concurrían a bares atiborrados de libros. Desdeñaban el lenguaje culto y hablaban como adolescentes para “estar en onda”. Tenían buenos ingresos pero se avergonzaban de ellos y gastaban fortunas para pretender demostrar lo poco que les importaban los bienes materiales. Se vestían en forma extravagante: pantalones pinzados, túnicas de Donna Karan y sandalias de cuero muy finas. Un escritor norteamericano  —David Brooks, exeditor del "The Wall Street Journal"—  afirmó con mucho ingenio que los bourgeois bohemians, mitad artistas, mitad mercaderes, son una mezcla de los hippies de los años 60 con las ganancias de los yuppies de los 80 y con el estilo tecnológico de los yetties de los 90.

 
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