wall street

           Se denomina así una pequeña y estrecha calle de la isla de Manhattan en Nueva York, de menos de un tercio de milla de longitud, que corre desde la calle Broadway hasta Roosevelt Drive, cerca del East River. Está situada en el sur de la ciudad  —en el llamado lower Manhattan—,  donde se encuentran emplazados los grandes bancos, algunas megacompañías transnacionales y la Bolsa de Valores de Nueva York. Allí está afincado el primero y el más importante centro financiero del mundo. Lo cual ha hecho que el nombre de esta calle se convierta en el símbolo universal del capitalismo. O sea el símbolo del poder y del dinero y también el símbolo del poder del dinero. Cuando se habla de “Wall Street” se habla del centro focal del capitalismo mundial, por encima de Londres, Hong Kong y Tokio.

           La calle está escoltada por viejos e imponentes edificios, algunos de ellos de arquitectura neoclásica, que albergan a las más importantes empresas bancarias, de seguros y financieras del mundo. Allí están el Bank of Tokyo, la Irving Trust Company, el Morgan Guaranty Trust Company, el New York Stock Exchange   —fundado en 1792—,  el Seamen’s Bank for Savings, el Manufacturers Hanover Trust, el Bank of New York, el Citibank  —que anteriormente se llamaba First National City Bank (1842)—,  el Deutsche Bank, el Commerce Bank y otras instituciones financieras de ámbito mundial.

            La calle nace, en su extremo occidental, en la intersección con Broadway, donde está situada la pequeña iglesia gótica de La Trinidad, levantada originalmente en 1697 y reconstruida en 1790 después de haber sido destruida por el fuego durante la ocupación inglesa en 1776. En medio de estos señoriales edificios se levanta, con su fina arquitectura de estilo griego clásico, el Federal Hall National Memory, construido en 1842, en donde se han efectuado históricas ceremonias de la vida política norteamericana, tales como las reuniones del Congreso de Estados Unidos inmediatamente después de la revolución de la independencia y la ceremonia de asunción del poder de George Washington, el primer Presidente norteamericano, en 1789.

            En sus tempranos tiempos, Wall Street fue una calle construida a lo largo de una pared levantada en 1653 para proteger el bajo Manhattan  —que era la parte holandesa de la ciudad—  de las incursiones de sus vecinos, los colonos británicos del norte, que terminaron por echarla al suelo 46 años después. Este es el origen de su nombre: la calle de la pared, o sea Wall Street. Lugar que a fines del siglo XVIII se convirtió en un mercado abierto para el intercambio de productos agropecuarios, mercancías y valores, cuyas transacciones se hacían en la calle.

            Por esos años los comerciantes ofrecían para su venta pequeñas cantidades de papeles que los exhibían sobre un mostrador en la vía pública. De allí viene la expresión que se utiliza para denominar al mercado fuera de bolsa: “Over-the-Counter”. Poco tiempo después ellos empezaron a realizar subastas de acciones y bonos. La primera orden de negocios fue la de 80 millones de dólares en bonos emitidos por el gobierno para financiar el costo de la guerra de la independencia. Cuando el negocio de papeles se amplió, los comerciantes montaron la Oficina de Intercambio de Accciones en el número 22 de Wall Street, donde se centralizaron las subastas. Los papeles se compraban y vendían diariamente al mediodía. El 17 de mayo de 1792 los líderes de Wall Street crearon un mercado de valores mejor organizado y acordaron negociar papeles sólo entre ellos para estabilizar las tarifas de comisiones. Este fue el precedente de la Bolsa de Valores de Nueva York  —New York Stock Exchange (NYSE)—  que se fundó en ese año y que en 1903 se trasladó a su propio edificio, que es el mismo que hoy ocupa.

            Sin embargo, por algún tiempo los corredores de bolsa siguieron reuniéndose debajo de un viejo árbol, frente al número 68 de la calle, hasta que se mudaron al interior de un edificio. Recién el 8 de marzo de 1817 ellos se organizaron formalmente y crearon el New York Stock and Exchange Board.

            Hacia el año 1850, con el descubrimiento del oro en California y la fiebre de los ferrocarriles, Wall Street vibraba de actividad. Las acciones de las empresas mineras y las participaciones en los ferrocarriles tenían un gran movimiento.

            En sus trescientos años de historia Wall Street estuvo inseparablemente ligada a los nombres de los grandes capitanes de la banca, las finanzas, los seguros y la industria estadounidenses, tales como Andrew Carnegie (1835-1919), John D. Rockefeller (1839-1937), J. P. Morgan (1837-1913), los barones del caucho, los magnates del acero y los promotores de los ferrocarriles. La historia de Wall Street está envuelta en la leyenda de las grandes fortunas que allí se levantaron o se perdieron en los juegos bursátiles, en la implacable competencia que entre sí desataron los magnates de la banca y del comercio y en los actos de colusión de los grandes inversionistas para hundir a los pequeños.

            El académico norteamericano Charles R. Geisst, en su libro “Wall Street: a history” (1997), señala que la crónica de esta pequeña calle de la ciudad de Nueva York puede dividirse en cuatro períodos: el que va desde 1790 hasta la guerra civil norteamericana de 1861, en el cual se desarrollaron las técnicas de comercio y se constituyeron las primeras grandes fortunas que forjaron la leyenda y la tradición de Wall Street; el segundo desde la guerra civil hasta la crisis financiera de 1929, durante el cual se formaron los primeros <trusts, los fondos de inversión, la primera generación de los barones del caucho  —como Jay Gould y Jim Fisk—  y se impulsó financieramente la construcción de ferrocarriles dentro y fuera de Estados Unidos; el tercero a partir de la gran depresión del año 29 en que los mercados financieros y bursátiles cayeron dramáticamente, lo cual obligó al presidente Franklin D. Roosevelt a adoptar en 1934 el <new deal que reguló severamente las prácticas financieras y comerciales. Con estas medidas, como suelen decir los norteamericanos  —big fish would no longer be able to gobble up small ones—,  se trató de impedir que los peces chicos fueran engullidos por los grandes, como ocurría en el libertinaje económico establecido anteriormente al amparo de las leyes del mercado. Estas medidas contribuyeron a modernizar la contabilidad pública y pusieron a la banca en el siglo XX. Con el nuevo orden los empresarios privados adoptaron hábitos austeros y atenuaron los excesos de antes. Y Wall Street entró a la modernidad. Los grandes industriales y banqueros  —Morgan, Lazard y Belmont—  ocuparon un lugar central en la vida económica de Estados Unidos.

            Fue al final de esta etapa que empezó a convalecer la economía norteamericana y mundial.

            Y el cuarto período se inició en los tiempos del gobierno de Dwight D. Eisenhower  —entre el 20 de enero de 1953 y el 20 de enero de 1961—,  durante el cual, superada ya la crisis gracias a las medidas keynesianas del new deal y repuesta la economía norteamericana, se expandieron las transacciones de bonos y acciones, los pequeños inversionistas tuvieron acceso al mercado y nuevas firmas  —las llamadas white-shoe partnership firms—  entraron a funcionar junto con las tradicionales. Las relaciones entre la banca y el mercado de valores, que fueron rotas en el período de la depresión para evitar que la catástrofe bursátil afectara al sistema bancario, se restablecieron y se flexibilizaron las protecciones y regulaciones económicas anteriores. Y fue cuando las instituciones de Wall Street financiaron la sociedad industrial norteamericana y la de los otros países desarrollados.

 
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