verdes

            En política se denomina así  —con este adjetivo sustantivado—  a los partidos ecologistas y a sus militantes en razón de que sus enseñas, banderas y emblemas usualmente llevan el color verde, como símbolo de su vocación de defensa de la naturaleza.

            Desde que se levantaron las primeras voces de alarma de científicos e investigadores ambientalistas acerca de la necesidad de tomar medidas para impedir el proceso devastador, se inició en las sociedades contemporáneas el desarrollo de una conciencia ecológica cada vez más fuerte e informada. Lo que al comienzo fue un atributo exclusivo de pequeños círculos científicos, en orden a defender los ecosistemas e impedir que la agresión de las fuerzas productivas rompiera los equilibrios de la naturaleza, hoy se ha convertido en una preocupación generalizada.

            La expresión política de la preocupación ecológica se ha dado en la creación de ministerios del ambiente en algunos países, en la formación de los llamados partidos verdes cuyos programas de acción están basados en cuestiones ecológicas, en la incorporación de proyectos ambientales a los programas de los partidos tradicionales y en la integración de organizaciones ecologistas no gubernamentales.

            Al principio los “verdes” formaron las alas radicales de los partidos socialistas y socialdemócratas europeos. Después constituyeron partidos nuevos cuyo foco ideológico fue la preocupación por el medio ambiente. Su programa político se basa generalmente en tres principios fundamentales: democracia profunda, no violencia y desarrollo en armonía con la naturaleza.

            El tema de la <ecología, sin duda, se ha politizado y ha dado lugar a una “ideología ambientalista” que se ha extendido por encima de las fronteras nacionales y que, aprovechando el hecho de que los problemas ambientales son globales y de que ningún país puede “aislarse” de ellos, propugna acciones coordinadas a escala internacional para combatir la depredación de la naturaleza y los factores que contra ella atentan, que son la defectuosa organización social, la injusta distribución del ingreso, la pobreza, la deficiente planificación urbana, el egoísmo económico, el industrialismo desaforado, la irracional explotación de los recursos naturales, las pruebas nucleares y otros factores de agresión contra la naturaleza. Para ello promueven la formación de grupos organizados en todos los países a fin de canalizar estas ideas y transformarlas en estímulos de movilización política. Bajo su invocación se ha formado en muchos lugares del mundo una izquierda ambientalista, muy activa y motivada, que opera a través de organismos privados o de partidos políticos y que postula la lucha contra la desigualdad y la pobreza como condición para el <desarrollo sustentable, esto es, el desarrollo que guarda armonía con la naturaleza y que precautela los derechos de las futuras generaciones.

            Si bien los partidos verdes no han tomado el poder en lugar alguno, han contribuido a generar una “conciencia ecológica” en la población y a dejar en claro que los problemas ambientales no admiten soluciones de libre mercado, que la mano invisible no se preocupa de estas cosas, que las fuerzas utilitarias están más interesadas en cuestiones de dividendos antes que en asuntos ecológicos. Por tanto, se necesita la intervención consciente y deliberada de la autoridad política, en un esfuerzo de coordinación internacional, para dar soluciones válidas al problema de la depredación de la naturaleza.

            Un elemental sentido de solidaridad para con quienes vendrán después en la apasionante aventura de la vida nos obliga moralmente a dejarles un suelo limpio, aire puro, agua cristalina y forestas verdes.

            En los años 70 del siglo XX aparecieron los primeros partidos verdes, cuyas principales banderas de lucha fueron la cuestión ecológica, el pacifismo y el anticonsumismo. El primero de ellos fue el United Tasmania Group, fundado en Australia en abril de 1972, seguido del Mouvement Populaire pour l’Environnement en el canton suizo de Vaud, en diciembre del mismo año, que surgió al calor de la lucha contra el proyecto de construir una autopista al borde del lago Neuchâtel. En enero del año siguiente apareció en Inglaterra otro partido verde: el People’s Party, que más tarde cambió su nombre por el de Ecology Party y luego Green Party.

            Estos partidos inspiraron la formación de muchas organizaciones políticas de este tipo en Europa y otros continentes. En las elecciones presidenciales de Francia en 1974 se presentó por primera vez una candidatura ecologista: la de René Dumont, que obtuvo varios centenares de miles de votos, y cinco años después el Grüne Partei Zurich alcanzó un diputado nacional y varios diputados al parlamento regional de Bremen, en Alemania. Cosa parecida ocurrió en Bélgica, Holanda, Austria, Italia y otros Estados europeos, donde los verdes alcanzaron votaciones de entre el 2,5% y el 16%. Los partidos ecologistas obtuvieron en 1989 veintiocho escaños en el Parlamento Europeo. Ese año en Inglaterra el Green Party reunió el 15% de los votos. Así se consolidaron los grupos ecologistas europeos para defender los nuevos valores vinculados con la protección del medio ambiente.

            En la lucha ecologista fue emblemática la formación del Die Grünen alemán, fundado el 13 de enero de 1980 en Karlsruhe, que sintetizó la ideología verde y creó un modelo organizativo de este tipo de partidos. En sus filas se agruparon ecólogos, activistas del pacifismo y del feminismo, socialdemócratas desencantados, hombres y mujeres de la nueva izquierda, cristianos progresistas de diferentes iglesias. Su acreditación electoral de diputados al Bundestag en marzo de 1983 marcó una línea política a seguir por los verdes europeos. La ideología del Die Grünen se fue formando trabajosamente a golpes de yunque entre los radicales y los moderados. La pugna no demoró en estallar. Se formaron dos bandos en lucha: los realos, que eran los moderados, y los fundis, que eran los radicales. Esta clase de divisiones en el seno de los movimientos revolucionarios ha sido, por desgracia, una constante histórica. Pronto la dinamia política llevó a los militantes del Die Grünen a asumir responsabilidades parlamentarias y legislativas vinculadas con las funciones de gobierno, que avivaron la controversia ideológica interna. Hubo momentos en que sus bancadas de diputados, así en el parlamento federal como en los parlamentos regionales, se constituyeron en el fiel de la balanza y en elementos claves de la gobernabilidad. No pudieron eludir la responsabilidad de dar sus votos para la aprobación de los presupuestos formulados por el gobierno socialdemócrata. Por aquello de que es más fácil estar de acuerdo contra algo que a favor de algo, los verdes alemanes se vieron envueltos en muy duras controversias internas al momento de tomar sus decisiones parlamentarias. Los radicales no dejaron de reprochar a los moderados la contradicción entre los principios reivindicativos de su ideología y la formulación de sus polítcas parlamentarias, que con frecuencia significaron, como era lógico, compromisos con el gobierno socialdemócrata. Como se impuso la línea política de los moderados, algunos de los más radicales dirigentes fundi abandonaron las filas de la organización: Rudolf Bahro, Rainer Trampert, Thomas Ebermann, Regina Michalik, Jutta Ditfurth y otros.

            A partir de 1985 se planteó la necesidad o la conveniencia de formar coaliciones políticas con los socialdemócratas ortodoxos y, entonces, empezaron a compartir responsabilidades gubernativas. En algunos gobiernos locales colaboraron los verdes. Incluso hubo ministros de esta filiación política.

            Dos hechos importantes de la reciente historia alemana disminuyeron la fuerza electoral del Die Grünen: la caída del <muro de Berlín y la reunificación de Alemania; aunque después recuperó el terreno perdido en el sistema de partidos alemán.

            En 1993 se fusionaron, en un solo partido: Die Grünen y Bündnis 90, y superaron las divisiones internas. Sus postulaciones ideológicas fueron el ambientalismo, el pacifismo, el antimilitarismo, el repudio a las armas nucleares, la oposición a las estrategias militares de la OTAN, la defensa de los derechos humanos, la condena de las restricciones migratorias, la defensa del aborto, la protección de los derechos de los gays y lesbianas y la crítica a ciertos elementos de la sociedad industrial. En las elecciones de 1998 el Die Grünen alcanzó el 6,7% de la votación y entró a formar parte de la coalición gubernamental con el Partido Socialdemócrata (SPD) hasta octubre del 2005, en que se produjo la asunción del gobierno por la demócrata-cristiana Angela Merkel. Die Grünen gestionó tres de los ministerios en el gobierno de la alianza con los socialdemócratas. Pero sufrió una nueva crisis de unidad a raíz de la intervención de las tropas alemanas en el conflicto de Kosovo. Muchos militantes contrarios a la guerra se separaron de sus filas. Lo mismo ocurrió en el 2001, cuando el gobierno alemán, bajo las órdenes del canciller socialdemócrata Gerhard Schröder, decidió enviar soldados hacia Afganistán para apoyar a las fuerzas militares norteamericanas.

            En las elecciones del 2002 incrementaron su votación al 8,6% pero en las del 2005 bajaron al 8,1%.

            Los verdes, en los países social, industrial y económicamente más adelantados de Europa  —Alemania, Bélgica, Dinamarca, Holanda, Irlanda, Noruega, Suecia, Finlandia—,  que es donde ellos se han establecido con mayores anclajes, juegan el papel cuestionador y crítico que otrora jugaron los partidos comunistas y los propios partidos socialdemócratas. Son la nueva izquierda europea, que ejerce una oposición ilustrada, progresista y moderna al <establishment, defiende el medio ambiente, promueve la paz, el desarme, los derechos de las minorías y combate el autoritarismo, la desigualdad social, la pobreza, el armamentismo y la sociedad de consumo.

 
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