unión aduanera

            Es el resultado de la agregación de un arancel externo común a la >zona de libre comercio, dentro del proceso de integración económica entre los países, para convertir a sus territorios en un espacio aduanero único. Representa la segunda etapa del proceso integrador y la base fundamental del ulterior mercado común, que es la tercera y culminante etapa de la integración económica.

            El  mercado común  surge  cuando  a  la  zona  de  libre  comercio  y  a  la  unión aduanera  se  les  añaden  la  armonización de las legislaciones nacionales  —en el campo fiscal, monetario, cambiario, tributario y social—  y la articulación de políticas macroeconómicas  —comercio exterior, agricultura, industria, transportes, comunicaciones, migración y otras—  entre los países integrados.

            A diferencia de la zona de libre comercio, la unión aduanera no se limita a la libre circulación de mercancías de origen interno entre los países miembros de ella sino que supone además la adopción de un arancel aduanero único para gravar los productos de origen externo, es decir, los que provienen de “terceros países”.

            La unión aduanera, por consiguiente, representa una etapa más avanzada que la zona de librecambio en el proceso de <integración económica.

            En el ámbito de la Unión Europea (UE), a pesar de las protestas que se han formulado por el “proteccionismo” que ella entraña para los productos de países de fuera de la región, la unión aduanera funciona desde hace varios años. En el proceso de integración andina, después de haber aceptado el arancel externo común (AEC), los países miembros  —con la exclusión de Perú y Bolivia— iniciaron su unión aduanera el 1 de febrero de 1995. El arancel único tiene tres niveles: 5% de gravamen para materias primas, entre el 10% y el 15% para productos semielaborados y el 20% para productos terminados. Sin embargo, el AEC adoptado por Venezuela, Colombia y Ecuador comprende solamente el 90% del universo arancelario. El 10% restante, contenido en el anexo de excepciones, se incorporará paulatinamente.

            En cumplimiento del tratado de Asunción el 26 de marzo de 1991 y de los acuerdos celebrados el 17 de diciembre en Ouro Preto, Brasil, el 1 de enero de 1995 empezó a operar la zona de libre comercio y, parcialmente, la unión aduanera entre los cuatro países suscriptores del MERCOSUR (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, al que se adhirió Venezuela el 31 de julio del 2012), bajo la vigencia de un arancel externo común que contempla gravámenes que van del 0 al 20% para 9.000 productos. 

            Después de la caída de la Unión Soviética y de los espectaculares cambios que ocurrieron en el orden político y económico internacional, con la “globalización” de la economía mundial se desencadenó un impetuoso proceso de formación de zonas de libre comercio y uniones aduaneras entre los Estados, a fin de fomentar su crecimiento económico y el crecimiento del comercio mundial.

            Fueron celebrados varios convenios de integración económica.

            Entre ellos, el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos, Canadá y México, al que se incorporó Chile en diciembre de 1994.

            En la reunión celebrada en Yakarta, capital de Indonesia, el 14 y 15 de noviembre de ese mismo año, se formó la mayor zona de libre comercio del mundo, integrada por Estados Unidos, Canadá, México, Chile, Perú, Japón, Corea del Sur, China, Taiwán, Tailandia, Malasia, Filipinas, Brunéi, Indonesia, Papúa-Nueva Guinea, Australia, Nueva Zelandia, China-Hong Kong, Vietnam, Rusia y Singapur. Fue la integración de los países de la cuenca del Pacífico en la región de intercambio libre más grande del planeta, que representó más de la mitad del comercio mundial, con enormes potencialidades de desarrollo: el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (Asia Pacific Economic Cooperation, APEC), al que concurrió la mayoría de los países del área, representados por sus gobernantes. Allí se estableció el plazo de 25 años para alcanzar este objetivo. Plazo que tenía dos tramos: uno para la apertura de los mercados en los países industrializados en el año 2010 y otro para los demás, fijado en el 2020.

            Se pretendió también constituir el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que debió empezar a funcionar a partir del año 2005 para impulsar el intercambio entre los países de la región pero que no funcionó, entre otras razones, porque buscaba agrupar a países de una enorme disparidad en cuanto al tamaño de sus economías y a su grado de desarrollo. Y allí radicaba su debilidad. Se incumplieron los plazos y las previsiones. Los partidos de izquierda y los movimientos sociales latinoamericanos —e, incluso, algunos sectores empresariales privados—  opusieron tenaz resistencia al establecimiento de la zona de libre comercio con Estados Unidos, por lo cual el gobierno norteamericano optó por suscribir tratados bilaterales de apertura comercial con varios de los países de la región.

            Esos procesos, como es lógico, están impulsados por los países grandes que anhelan abrirse campo en los mercados del mundo. Dado su poder económico, bajo el lema de la “libertad de comercio” ellos están en situación de privilegio para promover sus intereses geopolíticos y geoeconómicos e impulsar y diversificar sus exportaciones.

            El 6 de junio del 2012 surgió un nuevo mecanismo de integración económica y unión aduanera subregional: la Alianza del Pacífico, compuesta por México, Colombia, Perú y Chile, a la que se incorporó después Costa Rica. La nueva entidad integracionista representaba en ese momento una población de 215 millones de habitantes, más de un tercio del producto interno bruto de América Latina y más de la mitad de su volumen comercial. Sus fundadores subrayaron que el objetivo era la libre circulación de bienes, servicios, capitales, tecnologías y energía, la construcción de obras de infraestructura común en los países aliados y el libre tránsito de personas entre ellos. Pusieron énfasis en que la nueva entidad integracionista latinoamericana, a diferencia de las otras, no impulsaba ni defendía mecanismos proteccionistas y estaba abierta al amplio comercio internacional con arreglo a las conveniencias de sus países miembros.

 
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