transfugio

            Esta palabra, curiosamente, no consta en el diccionario castellano aunque sí hay tránsfuga, que es en la vida política la persona que se desplaza de un partido a otro, y transfuguismo, que es “la actitud y comportamiento de quien se convierte en tránsfuga”.

            El transfugio es el abandono que un afiliado hace de su partido político y el ingreso a otro, o la abjuración de una creencia política y la adopción de otra.

            El transfugio forma parte del descenso de los niveles éticos y estéticos en la política. Cambiarse de partido es un acto cada vez más usual. Se lo hace sin aflicción, sin remordimiento, sin reproches de conciencia. Es parte del oportunismo que campea con desfachatez en la vida pública. Ciertos individuos suponen que el partido es una suerte de casa de cita en donde se puede acostarse una noche y salir al día siguiente.

            Se suele llamar tránsfuga también al diputado o representante elegido por un partido a una asamblea legislativa o municipal que vota por el partido contrario.

            Pero el transfugio suele producirse no solamente por la falta de firme convicción ideológica de las personas sino también por la endeble institucionalidad de los partidos políticos, su carencia de democracia interna, su indisciplina, su excesiva descentralización o sus deficiencias metodológicas al momento de escoger los candidatos para las elecciones.

            Por lo general, los partidos no tienen requisitos formales muy exigentes para calificar a los aspirantes a una candidatura. Con frecuencia esos requisitos se limitan a la afiliación al partido, cierta antigüedad en sus filas y cumplimiento de aportaciones económicas para la tesorería partidista.

            Con base en estudios estadísticos de las elecciones presidenciales desde 1970 hasta 1993, el profesor Scott Mainwaring de la Universidad de Notre Dame en Estados Unidos ha desarrollado la tesis de la electoral volatility de los partidos políticos latinoamericanos, que demuestra las acusadas fluctuaciones que ellos registran en el respaldo popular. Su poder se volatiliza con extremada facilidad de una elección a otra. Lo cual demuestra su poca consistencia, su inestabilidad y el alto índice de deserción de sus miembros. En el argot político de Ecuador incluso se ha acuñado la expresión “cambio de camiseta” para señalar el transfugio político, por analogía con lo que sucede en el fútbol profesional cuando el jugador de un equipo se pasa al elenco contrario para la nueva temporada.

            El profesor Mainwaring ha elaborado un cuadro indicador de la volatilidad electoral de los partidos latinoamericanos en los procesos eleccionarios. Los más estables son los de Uruguay y Colombia y los menos estables los de Brasil y Perú, pero en general hay un alto índice de inconsistencia en la fuerza electoral de los partidos políticos de América Latina.

            El poder de ellos depende demasiado del prestigio de sus líderes y candidatos. Su institucionalización es incipiente. Todo lo cual es parte del síndrome del subdesarrollo político en que ellos se debaten.

            En general, el travestismo político y las deserciones partidistas son unos de los tantos síntomas de la crisis que, en diversa medida, ha envuelto a los partidos políticos en muchos lugares por causa de la <corrupción de algunos de sus dirigentes y del <caudillismo, <personalismo y <clientelismo de su acción.

 
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