“tradeunionismo”

            Con este neologismo, tomado del inglés trade unionism, se suele designar la versión anglosajona y escandinava del <sindicalismo, cuyos principales teóricos fueron Selig Perlman y los esposos Webb. Este tipo de sindicalismo se afincó en Inglaterra y Estados Unidos principalmente. Su acción está circunscrita al ámbito laboral y obrero. Nunca fue un sindicalismo revolucionario  —con la huelga general como instrumento de lucha—  como el que postuló Georges Sorel (1847-1922) para acometer contra el Estado y sus instituciones, en nombre de una clase obrera en trance de imponer su hegemonía sobre la sociedad. El sindicalismo anglosajón, de tendencias moderada y reformista, no tuvo ni tiene un proyecto de transformación revolucionaria de la sociedad capitalista. Sus teóricos se dedicaron a definir objetivos menos ambiciosos.

            Los sindicatos ingleses, estadounidenses y escandinavos  —los trade unions—  tienen como funciones específicas defender los derechos de los obreros frente a los empresarios y reclamar al Estado la aplicación de políticas laborales, salariales y de empleo compatibles con el interés de los trabajadores. Dejan a los <partidos políticos, que por su propia naturaleza están llamados a tener una visión global de los problemas del Estado, la lucha por los cambios sociales y ellos se limitan casi por completo al campo de las relaciones de trabajo.

            Este tipo de sindicalismo, íntimamente ligado a los partidos socialdemócratas y laboristas, prevalece en Alemania, Austria, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Inglaterra, Suecia, Noruega y Finlandia. Es un sindicalismo que juega el papel de instrumento de la contratación colectiva y que busca obtener el mayor cúmulo de ventajas posibles para los trabajadores. No tiene intervención política directa. En cambio, en los países latinos de Europa  —Italia, Francia, España, Portugal—  y más acusadamente en los países latinoamericanos, las organizaciones obreras van más allá: pugnan por participar en las decisiones políticas y económicas del gobierno, o al menos condicionarlas, con el respaldo de las movilizaciones obreras.

            En Estados Unidos las trade unions se han convertido en parte del sistema económico.

 
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