titoísmo

            Se llama así al conjunto de ideas y realizaciones de Josip Broz (mejor conocido como Tito), que gobernó la República Federal Socialista de Yugoeslavia desde 1945 hasta 1980.

            Tito fue originario de Kumrovec, Croacia, que entonces formaba parte del imperio de Austria-Hungría. Nació el 7 de mayo de 1872. Durante la Primera Guerra Mundial, como teniente del ejército austro-húngaro, cayó prisionero en Rusia, donde conoció el <leninismo y se volvió partidario de los <bolcheviques. De regreso a Croacia en 1920, que para entonces se había convertido en parte de Yugoeslavia, ingresó al Partido Comunista yugoeslavo. Fue detenido en 1928 y condenado a cinco años de cárcel bajo la acusación de actividades políticas clandestinas. Después de su liberación fue nombrado miembro del comité central y poco tiempo después secretario general del Partido Comunista yugoeslavo. Participó en la Internacional Comunista  el Komintern—  y más tarde en la oficina de información de los partidos comunistas  —el Kominform—  que se creó por su propia iniciativa. Desde París trabajó en la organización de las brigadas internacionales de combatientes voluntarios que participaron en la Guerra Civil Española junto a las fuerzas republicanas (1936-1939).

            En abril de 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis invadieron Yugoeslavia. Los partidarios del rey Pedro II Karagjorgjevic  —quien escapó con su familia a Londres para formar allí un gobierno en el exilio—,  liderados por Draja Mihajlovic, se internaron en las montañas para resistir la invasión mientras que grupos guerrilleros comunistas, conducidos por Josip Broz, pasada la incertidumbre que les había causado la vigencia del pacto Molotov-Ribbentrop celebrado el 23 de agosto de 1939, hicieron frente al ejército alemán y a sus aliados internos en nombre de la unidad paneslávica. Los partisanos de Tito controlaron una parte de Bosnia e instauraron un gobierno provisional. En ese mismo año Tito formó el Consejo de Liberación Nacional con un ejército de más de cien mil hombres, armado por las potencias aliadas según la decisión tomada por Roosevelt, Stalin y Churchill en las conferencias de El Cairo y de Teherán, en noviembre de 1943. A fines de 1944, cuando la conflagración mundial se aproximaba a su fin, las tropas de Tito juntamente con el ejército rojo soviético y con los aliados occidentales expulsaron de Yugoeslavia a las fuerzas nazis, en medio de sangrientas batallas que dejaron centenares de miles de muertos.

            La guerra convirtió al mariscal Tito en el héroe nacional de la resistencia antifascista y en el líder indiscutido de su país; y al Partido Comunista, en una gran organización de masas. En marzo de 1945 se constituyó sobre las ruinas de Yugoeslavia un nuevo gobierno, de tipo federal, encabezado por Tito, que el 31 de enero de 1946 suprimió formalmente la monarquía y proclamó la república.

            Bajo su gobierno se integraron seis grupos nacionales: Croacia, Eslovenia, Bosnia, Montenegro, Macedonia y Serbia (dividida en dos regiones autónomas: Vojvodina y Kosovo). Tito impuso un régimen fuerte, de partido único, que sofocó los nacionalismos y las diferencias regionales.

            Desde el comienzo de su gestión mantuvo una cierta independencia de Moscú. A diferencia de los otros líderes comunistas de Europa oriental, Tito debía el poder a su propia lucha, a su heroísmo y no a la protección soviética. El gobernante yugoeslavo no era un títere de Moscú, como los otros. En esas condiciones, el conflicto con Stalin no tardó en presentarse a pesar de ciertas concesiones hechas por el <Kremlin para evitar el rompimiento, como la de entregar a Belgrado en 1947 la sede del recientemente fundado <Kominform, o sea la oficina internacional de información de los partidos comunistas, fundada precisamente por iniciativa de Tito. El prestigio y el poder omnímodo que ostentaba el gobernante yugoeslavo preocupó desde el primer momento a Stalin, tan egoísta y celoso con los prestigios ajenos. Sus intentos de regimentar al Partido Comunista yugoeslavo fueron rechazados con fuerza. El conflicto hizo crisis a comienzos de 1948. El gobierno soviético impugnó los planes federativos de Yugoeslavia. Se sintió molesto, además, por la destitución de Andrija Hebrang como jefe de la planificación económica, dado que éste era el único de los miembros de la jerarquía con capacidad de contrarrestar, de alguna manera, el liderazgo de Tito. Por su lado, el comité central del Partido Comunista yugoeslavo asumió el problema y decidió resistir las presiones soviéticas. El Kominform lo expulsó de su seno y dio a conocer al mundo, en un comunicado de junio de 1948, el rompimiento yugoeslavo-soviético. Moscú tachó a los dirigentes yugoeslavos de “agentes del imperialismo”, “fascistas”, “traidores”, “revisionistas” y “trotskistas”. La respuesta de los injuriados fue la purga de los comunistas yugoeslavos de tendencias estalinistas, la expulsión de los técnicos soviéticos y la censura abierta a las posiciones de Moscú. Milovan Djilas, otrora uno de los comunistas yugoeslavos más fieles al Kremlin, lanzó críticas demoledoras contra el sistema soviético, formuló su célebre tesis de la <nueva clase dominante surgida en la URSS bajo el alero estalinista y, junto con Edvard Kardelj, trató de resucitar el humanismo marxista.

            Tito respaldó la política moscovita de distensión con Occidente pero rechazó las invasiones de las tropas soviéticas a Hungría (1956), Checoslovaquia (1968) y Afganistán (1979). Su postura de independencia y su resistencia ante las pretensiones hegemónicas de Moscú sobre el mundo comunista fueron anteriores a las de China, Albania y el <eurocomunismo.

            Tito fue un gobernante temperamentalmente independiente y políticamente no alineado, esto es, alejado de las dos superpotencias. Mantuvo relaciones más o menos cordiales con Occidente, dado que el suyo era un socialismo que, paradógicamente, necesitaba buenas vinculaciones con el bloque capitalista para mantener su independencia. Estuvo al margen de las dos alianzas militares: la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), constituida en abril de 1949 por las potencias de Occidente para prevenir un ataque soviético a cualquiera de ellas; y el Pacto de Varsovia concluido en mayo de 1955, que agrupó a Estados marxistas con fines de defensa común y de unificación de sus mandos militares.

            El líder yugoeslavo fue uno de los inspiradores del Movimiento de los Países no Alineados  —juntamente con Gamal Abdel Nasser de Egipto, Pandit Jawaharlal Nehru de la India, Ahmed Sukarno de Indonesia y Kwame Nkrumah de Ghana—  fundado en Belgrado en 1961. Su política internacional fue tan independiente que, a pesar de que apoyaba la política de <détente respecto de Occidente, en 1950 votó en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a favor de la guerra contra Corea del Norte y en 1954 concluyó un acuerdo con Grecia y Turquía.

            El titoísmo despertó simpatías entre los socialistas europeos y asiáticos, molestos con los abusos hegemonistas del <estalinismo. Muerto Stalin en 1953, se produjo una reaproximación de Yugoeslavia y la URSS en el marco de la nueva forma de relaciones dentro del campo socialista. Nikita Kruschov y N. A. Bulganin visitaron Belgrado en 1955 y Tito correspondió la visita en 1956. Pero volvieron a dañarse las relaciones por las invasiones militares soviéticas a Hungría en 1956, a Checoeslovaquia en 1968 y a Afganistán en 1979, al amparo de la llamada <soberanía limitada.

            En 1952 el Partido Comunista cambió su nombre por el de Liga de los Comunistas de Yugoeslavia. En su afán de crear una sociedad comunista diferente, el titoísmo instrumentó una organización económica y una reforma administrativa apartadas del modelo soviético. Desechó el centralismo burocrático. Instauró un grado de descentralización administrativa que no fuera incompatible con el centralismo auitoritario de su líder. Implantó la autogestión laboral en las fábricas. Disolvió las cooperativas agrícolas de los campesinos colectivizados. Distendió el control de precios y liberalizó un tanto el comercio exterior y el movimiento de divisas. Pero no fue más allá porque las rebeliones populares de Polonia y Hungría contra el régimen comunista pusieron en guardia a Tito para no dar paso a una excesiva liberalización de su sistema unipartidista. Djilas fracasó en sus intentos de inspirar una verdadera democracia socialista en su país, fue procesado y se vio obligado a abandonar el partido. No obstante lo cual el programa aprobado por el VII Congreso de los comunistas yugoeslavos en 1958 fue condenado como “revisionista” por el gobierno de Moscú.

            La autogestión empresarial implantada por Tito como parte de la denominada “vía yugoeslava al socialismo” se realizó a través de sucesivas reformas institucionales orientadas hacia la autonomía de las empresas de producción, liberándolas de la planificación económica central propia de los regímenes marxistas. En las unidades productivas se separó la gestión, confiada a órganos colegiados de decisión, de la dirección técnica y administrativa, entregada al director de la empresa y a sus cuadros directivos. Las relaciones entre el director y los órganos colectivos de gestión fueron regimentadas por la normativa jurídica del Estado y experimentaron modificaciones a lo largo del tiempo para corregir sus eventuales disfunciones. Una ley expedida en 1976 atribuyó a las organizaciones de base del trabajo asociado (OOUR)  —que eran grupos organizados de trabajadores de cada empresa—  la toma de algunas de las decisiones relativas a la conducción de ella mientras que entregó al consejo de empresa la facultad de definir las políticas generales, nombrar y destituir al director y decidir la política de remuneraciones.

            Todo lo cual, obviamente, no menoscababa el poder que de hecho tenía el partido para diseñar las líneas maestras de la política económica del Estado.

            La autogestión yugoeslava, como medio de delegar hacia la base laboral y otros niveles ciertas decisiones en la marcha de las empresas productivas y como forma de dar una solución práctica al problema de la democracia en un régimen socialista, tuvo sin duda sus antecedentes en los planteamientos de la democracia industrial del filósofo político y revolucionario francés Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865), en la idea del autogobierno industrial propuesta por el sindicalismo revolucionario europeo y norteamericano, en la formación de los consejos obreros de la primera posguerra en algunos países europeos y en la práctica de los kibbutzim implantada en Israel desde 1909 para la producción agropecuaria.

 
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