"tirar la toalla"

            Esta es una locución boxística. El árbitro de una pelea de box está obligado a detenerla si los asistentes de uno de los boxeadores  —los seconds—  lanzan al ring una toalla en signo de rendición. Lo cual ocurre cuando el boxeador recibe demasiado castigo y da muestras de indefensión frente al adversario. El lanzamiento de la toalla es la señal de rendición de uno de los peleadores. Hay cinco formas de terminar una pelea: el knock-out, o sea el golpe que lanza al boxeador a la lona y lo pone fuera de combate o el knock-down del que no se levanta el boxeador dentro de la cuenta de 10 segundos; el knock-out técnico, que es la decisión arbitral de dar por terminada una pelea cuando un boxeador no acude a la llamada de la campana para el siguiente asalto; la declaración por el árbitro de terminado el combate si un boxeador cae tres veces a la lona en un asalto o cuatro en la contienda; la decisión de uno o más de los tres médicos oficiales encargados de supervisar el estado de salud de los boxeadores; y la tirada de la toalla, es decir el reconocimiento por su manager de que el boxeador está en imposibilidad de proseguir el combate y ha sido vencido.

            El boxeo es uno de los deportes más antiguos. Se lo practicó en las viejas Grecia y Roma y formó parte de los juegos deportivos de Olimpia en la era antigua desde el año 688 antes de Cristo. En sus inicios griegos el boxeo estaba sometido a muy pocas reglas, los combates no tenían limitaciones de tiempo, no había división en categorías en función del peso de los boxeadores, se peleaba con los puños desnudos y estaba permitido golpear al adversario en el suelo hasta dejarlo fuera de combate o hasta que reconociera que ha sido vencido. En la antigua Roma los boxeadores solían llevar en sus puños el cestus, que era un aparato tachonado de clavos con el que mutilaban e incluso mataban a sus rivales, generalmente como parte del espectáculo de los gladiadores. Con la caída del Imperio Romano de Occidente este deporte se eclipsó.

            El primer registro de un combate de boxeo en los tiempos modernos apareció en Inglaterra en 1681, cuando el duque de Albermarle organizó un combate entre su mayordomo y su carnicero.

            El boxeo resurgió en Londres en el siglo XVIII, en que los contendientes luchaban todavía sin guantes. El primer boxeador reconocido como campeón de los pesos pesados fue el inglés James Figg en 1719. En 1743 John Broughton, campeón de su tiempo, formuló un conjunto de reglas para atenuar la dureza del boxeo, entre ellas la que prohibió golpear al oponente caído. Las reglas de Broughton estuvieron en vigor hasta 1838, en que empezaron a regir las del London Prize Ring. Con algunas modificaciones introducidas en 1853, estas reglas rigieron hasta que comenzaron a aplicarse las formuladas en 1865 por el marqués de Queensberry, que contribuyeron a racionalizar el boxeo y a suplantar la habilidad sobre la fuerza. Ellas limitaron el tiempo de la pelea y proscribieron el combate con los puños desnudos, la lucha libre y la agresión al rival en el suelo. El contendiente que permaneciera tumbado o sostenido sobre una rodilla durante 10 segundos perdía la pelea. Los combates se dividieron en asaltos de tres minutos cada uno, con uno de descanso entre ellos, y se desarrollaron en un cuadrilátero rodeado de cuerdas de 7,2 metros por lado, llamado ring. Los boxeadores fueron clasificados en diferentes categorías en función de su peso. En el siglo XX, con la profesionalización del boxeo, se lo sometió a reglas más precisas y a control por organismos nacionales e internacionales. Cambiaron las dimensiones del ring (6,10 por lado), se estableció el uso de guantes acolchados de 224 gramos para la categoría de peso ligero y de 280 gramos para la de peso pesado, se limitó el número de asaltos, se erigió un árbitro y un jurado compuesto por cinco jueces, se definieron las faltas, las penalizaciones y los sistemas de puntuación para decidir el vencedor de las peleas que no acabaran por knock-out y se establecieron los motivos por los que el árbitro debe detener una pelea para evitar lesiones graves a un boxeador que esté en imposibilidad de defenderse.

            En la fraseología política se ha acogido la expresión boxística tirar la toalla para denotar rendición o capitulación. Cuando un político abdica de sus posiciones, renuncia a luchar por ellas, se rinde ante sus adversarios, abandona una proyecto por agotamiento o cobardía o se da por vencido se dice que ha “tirado la toalla”.

 
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