“tela de Penélope”

            En la mitología griega, Penélope fue hija de Icaro y Peribea, madre de Telémaco y esposa de Ulises. Durante la larga ausencia de su marido, que se prolongó por veinte años, Penélope fue muy acosada por sus muchos pretendientes que anhelaban casarse con ella. Pero ella, que no se convencía de que Ulises hubiese muerto y para no faltar a la fidelidad conyugal, acudió a la estratagema de decir que no volvería a casarse hasta no haber terminado una tela que estaba tejiendo para servir de sudario a su suegro Laertes.

            A fin de alargar indefinidamente el plazo fijado, Penélope destejía durante la noche lo que había tejido en el día, en espera de que regresase su marido. Finalmente, cuando todos sus recursos se hubieron agotado, Penélope dijo que se casaría con aquel de los pretendientes que tirase con el arco de Ulises e hiciese pasar la flecha por una serie de anillos. Y Ulises llegó en el preciso momento en que la prueba iba a cumplirse. Nadie le reconoció porque, aparte de que traía su rostro demacrado por veinte años de penalidades y privaciones, vino vestido de mendigo. Así participó en la prueba. Y la ganó puesto que era un gran tirador de arco. Penélope se convenció entonces de que aquel era su esposo.

           La fábula de Penélope ha inspirado varias obras literarias desde la “Odisea” de Homero hasta el teatro español moderno. Algunos dramaturgos de la literatura neoclásica francesa de los siglos XVI y XVII adoptaron también el tema.

            En la vida política se suele utilizar la expresión “tela de Penélope”, tomada del título de una obra del teatro español, para referirse con ironía a plazos excesivamente dilatados o significar que algo está detenido o paralizado por largo tiempo. Que una cosa no marcha. De las promesas políticas que no se cumplen o de las obras públicas que no avanzan se suele decir que son como la “tela de Penélope”.

 
Correo
Nombre
Comentario