subinformar

            Es ocultar información pública a quienes tienen derecho a conocerla o dar informaciones cercenadas o incompletas sobre algo a fin de conducir a engaño a la opinión pública.

            No es lo mismo desinformar que subinformar.

            Desinformar es dar deliberada e intencionalmente información falsa o incorrecta, a través de la prensa, con el fin de confundir, desorientar o llevar a engaño a la opinión pública. Subinformar es, en cambio, eliminar o apocar unas noticias y magnificar otras. Es amputarlas en su contenido o disminuir deliberadamente la importancia que ellas tienen.

            Ambas son formas públicas de mentir.

            En la sociedad contemporánea, que es la sociedad de la informática, los hombres actúan de acuerdo con las informaciones que reciben de los medios de comunicación. La televisión tiene especial importancia por la fuerza “vivencial” de sus testimonios. Sus mensajes informativos, de opinión y comerciales dejan una profunda huella en la sociedad. Sin embargo, por la vía de las técnicas del manejo de la imagen en la pantalla  —selección de imágenes, perspectiva, tiempo de exposición, iluminación—  puede manipularse la información pública, ya como desinformación, ya como subinformación.

            La comunicación, como quiera que sea, es uno de los elementos esenciales de la organización social contemporánea, hasta el punto que algunos autores  —el sociólogo alemán Niklas Luhmann (1927-1998), por ejemplo—  consideran que <sociedad y <comunicación son la misma cosa: que la sociedad, en último término, no es más que un sistema de comunicaciones.

            Eso explica por qué la subinformación es un fenómeno tan frecuente en la vida política. Dado que la información es uno de los elementos más importantes de la sociedad moderna, mover la voluntad de la gente o convocarla a la acción por medio de datos erróneos o incompletos acerca de una determinada realidad, es sin duda una táctica tan eficaz como condenable que suelen utilizar los gobiernos, las fuerzas políticas y los propios medios de comunicación social.

            El código de honor de la democracia debería proscribir estos procedimientos.

 
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