sociología

            Es la ciencia que estudia los fenómenos específicos de la sociedad humana. Su fundador fue el filósofo francés Augusto Comte (1798-1857), quien la denominó primeramente física social. Después, en 1838, cambió su nombre por el de sociología. El objeto de esta ciencia es la sociedad humana, entendida como un ente distinto de los individuos que la componen, que está regida por sus propias leyes y que tiene una serie de sinergias de las que carecen los individuos.

            La Sociología representa un esfuerzo por aplicar los métodos científicos al estudio de la sociedad. Por eso Comte la llamó ciencia positiva.

            Reivindica la especificidad de “lo social” y defiende su autonomía respecto de otras modalidades de la actividad del hombre. Con el auxilio de la historia, la arqueología, la geografía, la antropología y otras ciencias, ella analiza históricamente la sociedad humana, como fenómeno sustantivo, en toda su complejidad étnica, cultural, económica, política y religiosa, para entenderla e interpretarla. Como toda ciencia, indaga las causas de los fenómenos, esto es, quiere descubrir las relaciones causales entre ellos. Para eso penetra en el pasado remoto, en búsqueda de las evidencias que le permitan llegar a interpretaciones certeras desde el punto de vista científico. Busca allí las raíces de lo actual. Trata de explicar las formas estructurales de las comunidades humanas a lo largo del tiempo. Elabora una tipología de ellas según sus rasgos dominantes. Profundiza en sus relaciones de poder y de autoridad, en las formas de su conducción política, en su regimentación jurídica. Así pasa revista a todas las modalidades de organización social que se han dado en el tiempo y en el espacio, desde las sociedades rudimentarias de los albores de la vida humana hasta la <sociedad de masas contemporánea. E infiere de su estudio las leyes del comportamiento social.

            La Sociología es la ciencia de la “acción social” dice el economista y sociólogo alemán Max Weber (1864-1943), en una definición a la que él le atribuye una gran amplitud cuando explica que por “acción social” ha de entenderse “una conducta humana, bien consista en un hacer externo o interno, ya en un omitir o permitir, siempre que el sujeto o los sujetos de la acción enlacen a ella un sentido subjetivo”.

            La sociedad es, para Comte, un hecho positivo y su estudio requiere igualmente un método positivo. No olvidemos que Comte fue el creador del <positivismo, como escuela filosófica. Él introdujo la ley de los tres estadios al desarrollo del pensamiento científico de la humanidad: el teológico, el metafísico y el positivo.

            La edad teológica corresponde a la “infancia” de la humanidad. Se divide, a su vez, en tres fases distintas: fetichismo, politeísmo y monoteísmo. En la primera fase el hombre, envuelto por completo en la bruma de su ignorancia y superstición, buscó una explicación fetichista a todo lo circundante. Vivió un mundo totalmente irracional. Atribuyó efectos mágicos a las cosas. Inventó dioses rudimentarios y primitivos para que le ayudaran a explicar lo inexplicable. De allí pasó a la fase politeísta. Se sometió entonces a la voluntad de numerosos dioses, cada uno de los cuales tuvo su ámbito de poder irresistible. Más tarde, con el afinamiento de sus costumbres y el desarrollo de su inteligencia, ingresó a la fase monoteísta y reunió a todos los dioses anteriores en uno solo, abstracto aunque susceptible de tener representación iconográfica, al que atribuyó condiciones de ubicuidad y omnisapiencia.

            La edad metafísica  —etapa de transición—  fue descrita por Comte como “una especie de crisis de pubertad en el espíritu humano, antes de llegar a la edad viril”. En ella el hombre buscó la interpretación de las cosas y de sus causas, no con invocaciones sobrenaturales sino a través de representaciones abstractas  —la ontología—  que le llevaron a la creencia en el gran Dios de la naturaleza, como explicación última y satisfactoria de todo lo existente y también del “más allá”.

            En la evolución de su pensamiento, arribó el hombre a la era positiva, que es la definitiva, según Comte. En ella la imaginación y la fantasía, propias de las pretéritas etapas, fueron reemplazadas por la observación. Y la mente humana dio importancia únicamente a las cosas y a los hechos científicamente probados. Comte afirmó que lo incognoscible no es, que no hay lugar para las verdades supuestamente absolutas ni para los conceptos a priori y que el espíritu positivo se atiene exclusivamente a lo que le es dado por la experiencia. Comte fue, en este y en muchos temas, un heredero del pensamiento de la Ilustración y del <enciclopedismo francés.

            Naturalmente que, desde los tiempos de Comte hasta nuestros días, dentro de la Sociología han surgido ramas especializadas  —la sociología política, la sociología de la cultura, la sociología de las religiones, etc.—  y además diversas tendencias ideológicas que privilegian unos factores de lo social sobre otros.

            A lo largo de su primer siglo de existencia  —la segunda mitad del siglo XIX y la primera del siglo XX—  la Sociología tendió a abarar una extensa zona de investigación, porque se ocupó de la totalidad de la vida social del hombre y, muy imbuida por el evolucionismo, rastreó también su trayectoria histórica para penetrar en los diferentes estadios de la evolución social. Era una Sociología general. Su campo de acción fue tan vasto que generó reacciones contrarias. Se le imputó un excesivo “enciclopedismo”. Especialmente en Alemania se criticó mucho su carácter enciclopédico. A partir de los años 50 del siglo XX se hicieron esfuerzos por seleccionar campos de estudio más concretos y restringidos. Se marcó una tendencia hacia la investigación de temas específicos situados dentro de la amplia esfera de lo social. Entre las áreas concretas que se abrieron a la preocupación de los sociólogos contemporáneos están los problemas de la sociedad de masas, los conflictos del urbanismo moderno, el trabajo y el ocio en las relaciones industriales, la propia estructura de la sociedad industrializada, las <clases sociales, las <comunidades, los efectos de los cambios tecnológicos sobre la vida social, el <desarrollo y el >subdesarrollo económicos en relación con las formas de comportamiento humano, la <marginación social, la <economía informal, la <sociedad del conocimiento, en suma, una serie de temas específicos de la “acción social”.

            El tema religioso está entre ellos y es afrontado por la sociología de la religión, que se encarga de estudiar las causas sociales determinantes de la conducta religiosa y los factores religiosos determinantes de las formas de comportamiento social.

            Puede considerarse al filósofo y poeta romano Lucrecio Caro (99 a.C. - 55 a.C.) como el precursor de la sociología de la religión, pues explicó medio siglo antes de nuestra era que el miedo a los fenómenos de la naturaleza fue el creador de los dioses. Sin embargo, las verdaderas fuentes de esta rama de la sociología están en el movimiento de la Ilustración de Francia que, con el espíritu crítico de los enciclopedistas, puso en duda la validez de los dogmas religiosos, admitidos hasta ese momento sin un análisis, y los sometió al juicio crítico de la razón. Llegó a cuestionar la existencia misma de dios y la necesidad de las <religiones, aunque en aquel tiempo se conocía poco acerca de los cultos primitivos pues la investigación de éstos recién comenzó un siglo más tarde.

            Fue con Emile Durkheim (1858-1917), con Max Weber (1864-1920) y con Ernst Troeltsch (1865-1923) que comenzó realmente la sociología de la religión para desentrañar los orígenes y efectos sociales del fenómeno religioso. En sus investigaciones Durkheim se empeñó en establecer las funciones de la religión en el curso de la historia humana y Weber descubrió relaciones originales entre las ideas y la actitud de la Reforma Protestante y la formación del empresariado capitalista en Europa. El teólogo e historiador Troeltsch, con una orientación diferente, expuso las enseñanzas de las comunidades cristianas acerca de la conducta del ser humano en la vida social y trató de establecer las consecuencias sociales de los principios teológicos. Es muy interesante la distinción conceptual que hizo entre iglesias y <sectas. Después vinieron otros científicos sociales  —J. MacLennan (1827-1871), John Lubbock (1834-1913), James George Frazer (1854-1941), R. R. Marett (1866-1943)—  que, sobre la base de las investigaciones de Durkheim especialmente, profundizaron el conocimiento de las religiones como parte del mundo ideológico de los individuos.

            En el pensamiento racionalista las religiones existirán mientras la ciencia no explique en profundidad el conjunto de los fenómenos naturales y humanos. La religión es el recurso de los hombres que no resisten convivir con los misterios de la vida. Imaginar un dios, hacedor de todas las cosas y gobernador del universo, les tranquiliza y les da seguridad. Pone fin a su búsqueda. La respuesta última es dios y las cosas ocurren por su ineluctable voluntad. Esto explica que los hombres, a lo largo del tiempo, hayan creado deidades y hayan elaborado religiones como parte de su cultura. Al comienzo las representaciones de sus dioses fueron tan rudimentarias como todas las creaciones de sus manos. Eran dioses rústicos y elementales. Después, pari passu, con el desarrollo de la inteligencia humana y el refinamiento de las costumbres, los dioses se tornaron más sofisticados. Fueron dioses antropomorfos que hablaron a los hombres y les dieron seguridad y consuelo. Y con los grupos sedentarios advino el monoteísmo. La creación de la divinidad fue uno de los primeros inventos de la corteza cerebral hipertrofiada del ser humano. Con el afinamiento de su cultura llegó incluso a concebir dioses inmateriales, etéreos, que no pueden se captados por los sentidos, a los que atribuyó el principio y el fin de todas las cosas.

            En cambio, los sociólogos deístas de la religión llegan a la conclusión de que la creencia en una divinidad omnisapiente y misericordiosa es un elemento inseparable de la naturaleza humana, que ha estado presente a lo largo de la historia, aunque en forma siempre renovada.

            Para la sociología marxista la religión, como parte de la superestructura social, no es más que el reflejo de las relaciones de producción en la conciencia del hombre, en cada una de las etapas históricas. A un modo de producción de las cosas que el hombre necesita para vivir  —alimentos, vestido, herramientas, vivienda, etc.—  corresponde una forma específica de organización social y, dentro de ella, determinadas convicciones religiosas, morales, jurídicas y políticas. No obstante lo cual los marxistas aceptan que, dentro de ciertas limitaciones, la religión actúa a su vez sobre la sociedad. De modo que hay una interacción entre religión y sociedad. Concluyen, por tanto, que cuando la humanidad haya evolucionado hacia el comunismo la religión desaparecerá puesto que ella es el resultado de las anteriores relaciones de producción.

            El <leninismo señaló la incompatibilidad ideológica entre marxismo y religión, sin embargo de lo cual sostuvo que los simpatizantes del comunismo no debían ser excluidos porque fueran religiosos. Después las cosas se radicalizaron. En la era de Stalin el dogma y el culto fueron considerados como problemas de seguridad del Estado y fueron perseguidos policialmente. En esta etapa las investigaciones de la sociología de la religión fueron extremadamente pobres.

            En la era digital ha surgido en las universidades norteamericanas una nueva rama de la sociología: la sociología de la informática, que investiga de manera interdisciplinaria los efectos de las modernas tecnologías sobre la organización y desenvolvimiento de la sociedad. La revolución electrónica ha traído nuevos fenómenos  —la telecracia, el teletrabajo, la teleeducación o educación en línea, el e-comercio, la telemedicina, los nuevos sistemas de comunicación interpersonal, la fotónica, internet, la realidad virtual y otros surgidos por la acción de la informática—  que han modelado un nuevo tipo de sociedad y han creado relaciones nuevas de producción y de trabajo. Se han formado, por encima de las fronteras nacionales, comunidades políticas, culturales y económicas enlazadas por los modernos sistemas de comunicación y de transporte. El ciberespacio ha reemplazado al territorio tradicional como escenario de muchas de las actividades de las sociedades contemporáneas. Los espacios urbanos se han reordenado. Todo lo cual ha modificado sustancialmente la estructura social. Y la sociología de la informática  —que es la sociología de la sociedad del conocimiento, con sus propias y específicas características—  ha asumido la responsabilidad de estudiar e interpretar los nuevos fenómenos sociales.

            Las sociedades contemporáneas están dominadas por los medios de comunicación: son sociedades en las cuales el infotainment determina el proceso político. Los medios, a través de sus grandes y llamativos titulares y con sus noticias de cinco líneas en las que no cabe una realidad compleja, forjan y condicionan la opinión pública.

 
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