resistencia

            Es, en política, el movimiento de oposición militante contra un régimen autoritario que vulnera los derechos humanos, contra un régimen colonial o contra la presencia de fuerzas de ocupación extranjeras. Oposición que se expresa de varias maneras y que por lo general toma la forma de lucha clandestina. Sea activa o pasiva, la resistencia es una respuesta a una acción. Por tanto, más que una agresión es una defensa que se manifiesta por medio de movilización de masas, sabotajes, huelgas, desobediencia civil, boicot. Cuando se expresa en forma de <desobediencia civil, huelga de brazos caídos, no participación en actividades públicas y otros medios de protesta desprovistos de violencia, es una inacción. Es la >resistencia pasiva, que fue puesta en práctica exitosamente por Mahatma Gandhi contra las fuerzas colonialistas inglesas en la India en 1913. En esto se diferencia la resistencia de la <rebelión o de la >revolución.

            El concepto de resistencia es diferente del de oposición. La <oposición es una operación que se mueve dentro de la ley y en el marco de las prerrogativas democráticas que las normas jurídicas confieren a los ciudadanos. Implica una discrepancia de opinión política respecto de la que sustentan el gobierno, los partidos y otros actores de la vida pública. No busca derrocar al régimen ni aniquilar al adversario sino criticar sus errores y presentar propuestas alternativas constitucionalmente válidas. En cambio, la resistencia es la negativa de un pueblo a soportar los desmanes de un gobierno arbitrario, admitir la ocupación extranjera o tolerar el colonialismo. Es la lucha activa o pasiva para la liberación de un pueblo. No tiene contemplaciones constitucionales ni legales: acude a todos los medios fácticos eficientes para dar término a la situación política imperante. La oposición es un arbitrio jurídicamente reglado mientras que la resistencia es una medida desesperada, al margen de la ley, para derribar un orden político ilegítimo.

            La historia está plagada de movimientos de esta clase. La resistencia por antonomasia fue la de los hombres libres de Francia a las tropas alemanas que la ocuparon, ultrajaron y expoliaron durante la >Segunda Guerra Mundial, desde el ominoso día 14 de junio de 1940 en que los soldados nazis desfilaron a paso de ganso por la avenida de los Campos Elíseos de París, hasta el verano de 1944 en que las fuerzas aliadas liberaron a Francia de la dominación alemana, poco tiempo después del desembarco de Normandía. Fueron cuatro años de ocupación, durante los cuales los grupos de la résistance francesa, organizados y abastecidos clandestinamente desde Londres, donde el general Charles De Gaulle (1890-1970) había establecido una especie de gobierno francés en el exilio, golpearon mediante acciones clandestinas a las fuerzas de ocupación alemanas con toda clase de atentados y >sabotajes.

            Desde allí fue que el líder francés convocó a sus conciudadanos al sacrificio y a la esperanza el 18 de junio de 1940 y pronunció la célebre frase de que “Francia ha perdido una batalla pero no la guerra”.

            Los grupos de resistencia franceses se formaron espontáneamente a partir de la rendición de Francia en 1940. El general De Gaulle estableció en Londres el Consejo Nacional de la Resistencia, bajo la presidencia de Jean Moulin, para amalgamar a todos los grupos dispersos, organizarlos regionalmente y conducirlos en la lucha clandestina. El Consejo se reunió secretamente por primera vez en París el 27 de mayo de 1943 y reconoció al general De Gaulle como el representante de Francia. Pero la GESTAPO, que era la policía secreta del régimen nazi, hizo arrestos masivos y desarticuló las fuerzas de la resistencia. Moulin murió en la cámara de torturas y la dirigencia fue diezmada. Lo cual obligó a los resistentes a concentrar su lucha en sabotajes y acciones paramilitares. El gobierno inglés formó en Londres el Special Operations Executive (SOE) con la misión de entregar apoyo logístico a los combatientes franceses y les proveyó de armas cortas, explosivos, equipos de comunicación y otros implementos de lucha clandestina.

            En 1943, cuando los alemanes pretendieron aplicar en Francia un plan de trabajos forzados a fin de trasladar obreros galos a las fábricas alemanas, miles de jóvenes franceses, apertrechados por el SOE inglés y por The American Office of Strategic Services (OSS) de Estados Unidos, se lanzaron a la lucha guerrillera contra las fuerzas de ocupación y contra las del gobierno colaboracionista del mariscal Henri Philippe Pétain.

           La heroica resistencia francesa, formada principalmente por los maquisards, o sea por los combatientes de las organizaciones armadas en la <clandestinidad, al debilitar y distraer internamente a las tropas de ocupación, jugó un papel muy importante en la derrota final de los alemanes y en la liberación de Francia.

            Lo cito como un ejemplo ilustrativo de lo que son y de cómo funcionan las fuerzas de resistencia.

            El jurista y diplomático holandés Hugo Grocio (1583-1645) habló del jus resistentiae et exauctorationis contra el monarca o el magistrado republicano que hubiere faltado al pacto social.

            Este derecho a la deposición del gobierno que abuse del poder, es decir, el derecho de resistencia a la opresión fue consagrado, como una de las prerrogativas humanas inalienables, en la Declaración de Independencia de Estados Unidos de 4 de julio de 1776, en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano aprobada por la Asamblea Constituyente de la Francia revolucionaria el 26 de agosto de 1789 y finalmente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948.

            El derecho de resistencia contra gobiernos ilegítimos estuvo en la mente de todos los precursores de la Revolución Francesa. Ellos sostuvieron que la facultad de mandar de los gobernantes está condicionada a que respeten los derechos humanos y se mantengan dentro del marco de las leyes. Tan pronto como un gobernante se coloca fuera de la norma jurídica rompe el pacto social y, en ese caso, desaparece para los gobernados su deber de obediencia.

            Esta es la doctrina que está detrás del derecho de resistencia.

            Las clásicas tablas de derechos se inspiraron en el pensamiento de los grandes precursores de los movimientos revolucionarios del siglo XVIII  —John Locke, Montesquieu, Juan Jacobo Rousseau, el abate Sieyès—  quienes sostuvieron que el deber de obediencia de los ciudadanos está supeditado a que los gobernantes ejerzan su facultad de mando dentro de la ley y de la legitimidad. Con la implacable lógica, tan característica del racionalismo francés de su tiempo, Juan Jacobo Rousseau (1712-1778) expresó que “mientras que un pueblo se ve forzado a obedecer, hace bien si obedece; tan pronto como puede sacudir el yugo, si lo sacude, obra mucho mejor; pues recobrando su libertad por el mismo derecho con que se la han quitado, o tiene motivos para recuperarla, o no tenían ninguno para privarle de ella los que tal hicieron”.

            Esta es la esencia del derecho de resistencia a la opresión, que forma parte de los presupuestos de la organización política contemporánea y del conjunto de los <derechos humanos.

            La expresión fue acuñada en la declaración francesa de 1789, que señaló como “derechos naturales e imprescriptibles del hombre” los de la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión (Art. 2).

            Aunque no se lo dice expresamente, está bien claro que los pueblos tienen, en última instancia, el derecho de acudir a la violencia para recuperar su libertad. Esta es la diferencia entre la resistencia a la opresión y el <gandhismo, que propugna la resistencia pasiva y la no violencia  —”la no violencia del fuerte, la no violencia del débil y la no violencia del cobarde”—  para enfrentar al despotismo.

 
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