policía

            Las matrices etimológicas de esta palabra se encuentran en el griego politeia, que en el pensamiento clásico se refería al ordenamiento global de la polis; y en el latino medieval tardío politia, que entonces designaba el buen orden en la vida de la ciudad. Posteriormente, en el pensamiento escolástico de santo Tomás la politia ordinata era el ordenamiento de la vida terrenal en el contexto del dualismo del mundo cristiano entre la esfera religiosa y la mundana. Fue en las sociedades políticas renacentistas de Italia y Francia  —en el Ducado de Borgoña, especialmente—  que el término cobró la significación disciplinal, pero al servicio del príncipe. En el siglo XVII la palabra police consolidó en Francia su significación de instrumento de fuerza destinado a imponer la soberanía del monarca, garantizar el orden público y asegurar la tranquilidad de los súbditos. En los territorios alemanes de aquel tiempo la polizey fue el medio de que se sirvió el gobernante para imponer su autoridad y defender la autonomía de su circunscripción territorial frente a las amenazas exteriores. Con la revolución francesa la policía fundada en la pura arbitrariedad de los gobernantes fue sometida a regulaciones jurídicas.

            El poder político, o sea el poder del Estado, es el único que tiene el ejercicio de la coacción física legítima para hacerse obedecer. Lo cual significa que solamente él está en aptitud de acudir a la amenaza o al uso de la fuerza a fin de dar eficacia a sus disposiciones. Esta es una de las diferencias básicas entre el poder del Estado, como sociedad total, y el poder de las sociedades menores insertas en su territorio al amparo de sus leyes. Uno de los instrumentos más importantes para lograr este objetivo es la policía, integrada por el cuerpo de hombres armados por la sociedad, bajo una férrea disciplina y adiestramiento, cuya misión es respaldar con el uso de la fuerza los mandatos de la ley y las órdenes de la autoridad y salvaguardar con ello el orden público.

            Se designa con la expresión orden público a la organización que las normas jurídicas y las autoridades políticas imponen a una sociedad políticamente organizada. El orden público es la disposición de las cosas en función de las jerarquías establecidas de modo peculiar por cada sistema social. Es la colocación jerárquica de las distintas partes de la sociedad con miras a alcanzar la vida y operación del todo. Comprende grados, niveles y planos en la organización y ejercicio de la autoridad, la estructuración de su poder, el escalonamiento de sus órganos de mando, la regulación de los derechos y deberes de las personas, la disciplina social, la disposición funcional de todos los elementos estatales. En una palabra: la organización jurídica, política y administrativa del Estado.

            El reconocimiento y garantía de los derechos de las personas, así como su seguridad, son parte del orden público tutelado por las leyes, garantizado por el gobierno y respaldado por la policía.

            Como hemos visto, el sentido de la palabra policía ha variado a lo largo del tiempo. En la Antigüedad fue el conjunto de las instituciones necesarias para el funcionamiento de la polis. Durante la Edad Media significó el buen orden de la sociedad civil en contraposición al buen orden moral que competía a la autoridad religiosa. En la Edad Moderna, al nacer el Estado, su sentido fue muy amplio y comprendió toda la actividad de la administración pública. En el siglo XIX, restringiéndose la comprensión del concepto, significó más precisamente la actividad encaminada a defender a la comunidad ante los peligros internos. El concepto de policía se asoció entonces al de seguridad pública. Este concepto ha persistido hasta nuestros días pero con grandes variaciones en concordancia con los regímenes políticos que lo han manejado, puesto que los totalitarismos acentuaron hasta extremos condenables la función represiva de la policía mientras que los regímenes democráticos le han entregado un papel tutelar de los derechos de las personas.

            En efecto, la misión policial es bien diferente en un Estado de Derecho que en un Estado autocrático. En éste la policía es primordialmente un cuerpo secreto, todopoderoso y ubicuo  —como la GESTAPO de los nazis, la KGB o la NKVD de los soviéticos, la AVO de los estalinistas húngaros o la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) del dictador Augusto Pinochet en Chile—  que en su afán de defender los intereses de los gobernantes atropella los derechos personales y se constituye en la mayor amenaza contra la seguridad de los ciudadanos. En un Estado policial nadie puede estar tranquilo. Todo individuo está vigilado permanentemente en su casa y en su lugar de trabajo; sus comunicaciones telefónicas están interferidas, lo mismo que su correspondencia. Cada palabra, cada gesto, cada movimiento son minuciosamente registrados por la policía secreta del gobierno.

            De cualquier manera, la institución policial, organizada en forma piramidal, regida por jerarquías y mandos muy estrictos, con vinculaciones verticales entre ellos, tiene diversas especializaciones operativas y se descompone en diferentes cuerpos  —policía civil, policía judicial, policía secreta, policía de seguridad, policía de tránsito, policía migratoria, policía ferroviaria, policía municipal, policía militar, policía de aduanas, policía de bosques, policía de caminos o de cualquier otra área de la vida pública sometida a control—  todos los cuales coadyuvan al propósito de implantar condiciones mínimas de disciplina social y de dar seguridad a la comunidad y a sus miembros, dado que la seguridad es una condición para alcanzar la paz pública y para que los seres humanos puedan cumplir, con base en libres decisiones, sus objetivos vitales.

            Una de las más antiguas ramas de la organización policial es la policía secreta, encargada de obtener y evaluar información confidencial referente a los recursos bélicos, económicos, energéticos y de otra clase con que cuentan los entes políticos vecinos, a fin de prevenir una agresión militar externa, preparar una agresión propia o vigilar el desarrollo económico y social de ellos. En las antiguas sociedades griega y romana, en los califatos musulmanes y en las viejas monarquías se conocía ya esta especialización policial. En Francia, Joseph Fouché estableció, al servicio de Napoleón, un sistema de <espionaje sobre los Estados europeos; y el canciller Clément de Metternich hizo lo mismo en beneficio de los intereses geopolíticos de Austria en 1819. El fascismo italiano estableció la OVRA y el nazismo alemán la Geheime Staatspolizei (GESTAPO). En la Rusia de los zares se creó la Ojranka con finalidades de espionaje interno y externo y después de la Revolución de Octubre se implantaron primero la Cheka en 1917 y luego el Komitet Gosudarstvennoj Bezopasnosti (KGB) en 1954. En los años posteriores se fundaron la Staatssicherheit (STASI) de la República Democrática Alemana, la SAVAK de Irán en los tiempos del sha Muhammad Reza Pahlavi, los MI-5 y MI-6 británicos, la Direction Générale de la Securité Extérieure (DGSE) en Francia, el Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) español, el Mossad israelí, la Central Intelligence Agency (CIA) y el Federal Bureau of Investigation (FBI) en los Estados Unidos, el Departamento de Asuntos Sociales en China, la DINA en la dictadura chilena de Pinochet y muchísimos otros organismos de espionaje, contraespionaje, inteligencia, contrainteligencia, vigilancia y operaciones encubiertas de los Estados, algunos de los cuales se convirtieron en instrumentos de >terrorismo de Estado, tortura y muerte para los ciudadanos en las diversas épocas.

 
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