población económicamente activa (PEA)

            Es el conjunto de personas que, en una sociedad determinada, ejercen habitualmente una actividad económica o están en aptitud de trabajar aunque se encuentren momentáneamente sin ocupación por causas ajenas a su voluntad. La PEA está constituida por los productores, es decir, por quienes desempeñan alguna función en la actividad productiva de la sociedad o están en posibilidad de hacerlo por sus condiciones de edad y aptitud, aunque transitoriamente carezcan de empleo.

            El concepto de “persona económicamente activa” debe ser considerado en relación con la organizacion del trabajo en cada sociedad. Es, por tanto, un concepto relativo que siempre está referido a las características culturales de cada lugar. En las sociedades primitivas, de economía de subsistencia  —economías recolectoras, pastoriles y agrícolas—  la población económicamente activa no se diferencia mayormente de la población en general puesto que su bajísimo nivel tecnológico vuelve indispensable la participación de virtualmente todo el grupo social, mayor de una edad mínima, en las tareas comunes de producir los bienes de subsistencia.

            Con el paso del tiempo los procesos productivos de las sociedades se transformaron gradualmente en economías de mercado y, al acusarse la división social del trabajo, quedaron al margen las personas económicamente inactivas: menores de edad, estudiantes, amas de casa, jubilados, incapacitados, enfermos, presidiarios. Este proceso se acentuó en las sociedades industriales, cuyas normas laborales fueron muy precisas. Allí surgió el concepto de PEA. El trabajo de los niños quedó prohibido. La actividad productiva de las mujeres se sometió a regulaciones especiales. Los enfermos, ancianos e impedidos fueron sometidos a la protección del Estado.

            Por lo general, se considera como miembros de la población económicamente activa a las personas de entre 15 y 65 años de edad. Sin embargo, no están incluidas las amas de casa que no perciben remuneración, ni los estudiantes por sus actividades, ni el trabajo forzado que hacen los presidiarios, ni las faenas de solidaridad social que cumple el “voluntariado”, ni el trabajo de los sacerdotes en sus conventos e iglesias. La percepción de una remuneración es un elemento muy importante aunque no esencial para hacer de un trabajador un factor activo de la producción, puesto que excepcionalmente puede haber trabajadores sin estipendio. En cambio, forman parte de la población económicamente activa (PEA) los desocupados, esto es, quienes siendo hábiles para trabajar no tienen empleo. Ellos están disponibles para asumir una función productiva y, por tanto, se consideran elementos activos.

            La PEA se mide por medio de los <censos generales de población. Los pliegos de indagación contienen preguntas para establecer el número de personas económicamente activas  —por edad, sexo, grado de instrucción, nacionalidad, estado civil y otros datos—  y el tipo de faenas a las que se dedican. A través de ellos puede establecerse el porcentaje de la población activa con relación a la población total de un país.

            En la consideración global, la población económicamente activa es uno de los factores de la producción juntamente con el <capital y la >tecnología. Estos tres elementos deben conjugarse para que sea posible la operación productiva.

 
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