plan de gobierno

            Es un instrumento de acción política, económica y social materializado en un documento, que establece el conjunto de objetivos a alcanzarse por el gobierno en un determinado plazo y los medios que le servirán para ello. Contiene, por tanto, una serie de previsiones y metas para cuya realización se prevén los métodos y los instrumentos adecuados.

            El plan de gobierno es un concepto macroeconómico que sirve de guía y referencia para la acción gubernativa.

            Todas las actividades del hombre y con mucho mayor razón el ejercicio del poder deben someterse a una planificación. El plan contiene las previsiones y objetivos para cuya consecución se prevén los medios más eficientes. En este sentido, es una guía y referencia indispensables para la acción gubernativa. Cuando se habla de plan económico se refiere al conjunto de programas a aplicarse en el campo de la macroeconomía, que son una prolongación particularizada de los postulados de la ideología política.

            La <ideología es el conjunto de principios filosófico-políticos que presiden y guían la acción de gobierno. La ideología señala las orientaciones y las metas públicas globales y el plan los métodos para alcanzarlas. Ella dice lo que hay que hacer y para quién desde el poder mientras que el plan determina el cómo y el cuanto de aquellas acciones.

            El plan comprende los vastos agregados sociales y económicos. Se enmarca dentro de las políticas del gobierno, esto es, de las grandes orientaciones señaladas por su ideología para los diversos campos de acción. El plan se descompone en programas, los programas en proyectos y los proyectos en medidas. Ellos van de lo general a lo particular. Las políticas señalan las líneas maestras de acción, los planes enfocan los grandes agregados macroeconómicos y sociales. Los programas los desagregan y entregan sus diferentes partes a los proyectos. Y finalmente las medidas se encargan de los diferentes elementos particularizados para la ejecución de los programas.

            Los planes pueden ser imperativos o indicativos, según el carácter de su ejecución; de corto o largo plazo, según su aplicación en el tiempo; y nacionales o regionales según su escala territorial.

            En las economías de mercado y en los sistemas económicos mixtos, aunque con diferencias de grado, los planes tienen carácter indicativo para el sector privado y obligatorio para el público. Esto significa que con respecto al primer sector ellos constituyen simplemente “recomendaciones” de lo que debe hacer mientras que para el segundo son una referencia necesaria. La <economía de mercado deja una amplia autonomía a la empresa privada para desarrollar sus actividades. No la somete a los parámetros de la planificación estatal. Son exclusivamente las llamadas leyes del mercado las que rigen su actividad. Estas leyes remplazan a la planificación. Los planes estatales se limitan a señalar unas previsiones sobre el crecimiento de la economía, sobre el consumo y la inversión y sobre otros indicadores macroeconómicos pero sin que alguna de tales indicaciones resulte imperativa para el sector privado.

            La planificación, en esas circunstancias, define lo “deseable” pero no “lo obligatorio” y para encauzar a los agentes económicos privados por la línea querida el gobierno utiliza, con mayor o menor intensidad, estímulos de orden tributario, monetario, cambiario y crediticio, en la medida en que ellos estén bajo su dominio. Por supuesto que en los regímenes de corte neoliberal el margen de maniobra del gobierno se reduce enormemente puesto que esos instrumentos de política económica no están bajo el control del Estado sino de las fuerzas del mercado.

            En los sistemas de <economía mixta propios de los socialismos democráticos  —que concilian el Estado con el mercado—  el sector público y las empresas privadas interactúan y trabajan conjuntamente en el desarrollo de un país, bajo la vigilancia estatal. En estos sistemas los medios de producción, según del tipo de actividad de que se trate, son de propiedad privada, de propiedad estatal o de propiedad mixta. Pero todos ellos responden a la orientación general que les da la autoridad pública a través de la >planificación. Estos sistemas superan las imperfecciones del <laissez faire tanto como las del <estatismo y combinan las virtudes del mercado con las de la regulación y planificación estatales. Y aunque la planificación sólo es compulsiva para el sector público e indicativa para el privado, sus señalamientos ejercen mucha influencia en la economía particular, ya como elementos de referencia para su propia planificación, ya como inductores de la inversión en determinados campos cuyo desarrollo tiene carácter prioritario para el gobierno. Este sistema se puso en práctica en varios países a partir de la década de los 30 para superar la crisis recesiva mundial de aquellos años. Su gran mentalizador fue el economista inglés John Maynard Keynes (1883-1946), creador de la escuela económica denominada <keynesianismo.

            El sistema de economía mixta, compatible con la democracia política, convierte al Estado en el representante de los intereses mayoritarios de la población y le encarga, como funciones primordiales en el ámbito de la economía política, las de planificar, gestionar algunas áreas de la economía a través de sus propias empresas (cuando la seguridad del Estado, la defensa de la economía popular o la limitación del poder económico de las personas particulares lo requiera), hacer inversión pública en los sectores claves de la economía, regular el proceso económico general, promover el desarrollo, dirigir la política monetaria y beneficiar a los sectores más pobres por medio de la distribución del ingreso, la seguridad social, la educación y los servicios públicos.

            Los planes económicos en las versiones marxistas del socialismo tienen características distintas. En primer lugar, ellos son documentos más detallados en los que se fijan los objetivos de la producción  —tanto de los bienes de capital como de consumo—  y los medios concretos y tecnologías que se deben aplicar en los distintos procesos productivos. En ellos se precisan las necesidades financieras de las empresas, las formas y cuantías de la utilización de la mano de obra, el uso de bienes de capital y los cronogramas de trabajo. Todos estos objetivos y metodologías son imperativos para los agentes económicos estatales, que son los únicos actores de sus economías.

            En los regímenes marxistas, en que todos los instrumentos de producción estuvieron en manos del Estado, los planes económicos fueron muy rigurosos e inflexibles. En ellos la autoridad pública señaló, con la fuerza determinante de su poder, las proporciones del ingreso nacional dedicadas a la inversión y al consumo, la asignación de recursos a las unidades productivas, las cantidades que cada empresa debía producir, los medios y tecnologías utilizables, los precios de los factores y de los productos, las prioridades de la producción, las formas de distribución, la estructura del consumo y, en general, hasta en sus más mínimos detalles, todos los parámetros del proceso de la producción bajo un control central muy riguroso.

 
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