"pez grande se come al chico"

            Es un antiguo proverbio flamenco del siglo XVI que, como todos los de su tipo, porta una enseñanza moral, en este caso, poner de manifiesto la opresión y el abuso de los poderosos sobre los débiles, que ha sido una constante histórica en la vida social.

            El pintor flamenco Pieter Brueghel pintó en el año 1559 un óleo sobre madera de roble, de 117 centímetros de alto por 163 centímetros de largo, que es una composición gráfica de cerca de cien proverbios flamencos de su época, en el que aparece un pez muy grande que tiene en su boca uno pequeño. El cuadro se exhibe en el Staatliche Museen zu Berlin-Gemäldegalerie de Berlín. Algunos de los proverbios representados en el cuadro del pintor de Flandes han desaparecido pero otros se han proyectado en el tiempo, traducidos a varios idiomas, como “nadar contra corriente”, “armado hasta los dientes”, “echar rosas a los cerdos” o “el pez grande se come al chico”.

            Este proverbio, sin duda, se inspiró en la sangrienta e implacable ley que rige la cadena de la subsistencia de las especies animales desde que éstas existen sobre la faz de la Tierra. Para poder subsistir unos miembros de la escala zoológica devoran a otros mientras que son devorados por los más fuertes. O sea que la vida de unas especies se alimenta de la muerte violenta y dolorosa de otras. Esa es la ley que ha regido la trama alimentaria de los seres vivos en nuestro planeta a lo largo de millones de años. Desde que apareció sobre la faz de la Tierra, el hombre  —feroz animal depredador—  se alimentó diariamente del dolor y muerte de muchas otras especies y de la destrucción de la naturaleza. Las cosas siempre estuvieron dadas así. El orden natural determina la eliminación de los más débiles en un proceso que Charles Darwin (1809-1882) habría de calificar más tarde como “selección natural” de las especies.

            Y en el mundo social las cosas no son diferentes. Los seres poderosos oprimen política y económicamente a los débiles dentro de los países y los Estados grandes se engullen a los pequños en la vida internacional.

            A eso se refiere el refrán, aunque hoy la revolución digital ha trastocado su contenido: en la economía del conocimiento de nuestros días los rápidos se imponen a los lentos y los livianos vencen a los pesados. Se han cambiado los términos de la competencia. Los sectores más dinámicos en el campo de la informática, las telecomunicaciones, las finanzas, el comercio, que cabalgan sobre los avances tecnológicos modernos, no son los más grandes sino los más ágiles.

 
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