ostracismo

            Se llama así al destierro de una persona por razones políticas. La palabra viene, por la vía del latín ostracismus, de la voz griega ostrakismós, y ésta de óstrakon, que significa concha. La historia es que los antiguos atenienses, en el momento de votar en la condenación de alguien al destierro, solían escribir el nombre del condenado en un tejuelo de forma de concha. El destierro, o sea la emigración forzada de una persona a causa de problemas políticos, fue entre ellos una institución creada por Clístenes para defender la Constitución democrática que había formulado Solón, el gran legislador de Atenas.

            El ostracismo sirvió entonces para echar del Ática a los perturbadores de la paz pública. La sanción duraba diez años y era decretada por el voto de los ciudadanos. Fue un remedio que se utilizaba en los momentos de emergencia para afianzar la democracia.

            La institución del ostracismo se estableció en el año 510 antes de nuestra era, pero la primera constancia de su aplicación data del año 487, cuando se desterró a Hiparco, hijo de Charmos  —de la familia de los pisistrátidas—,  y la última, del año 417, en que se expulsó al demagógico político ateniense Hipérbolo.

            El ostracismo fue una institución punitiva del sistema político de Atenas que se aplicó a los ciudadanos peligrosos para la democracia ateniense.

            El origen de la institución se encuentra en las reformas que Clístenes (566-493 a.C.) introdujo en el sistema político ateniense tras la caída de los pisistrátidas.

            Para aplicar esta pena la asamblea ateniense  —a la que solían acudir entre dos mil y tres mil ciudadanos de los treinta mil que la integraban—  votaba dos veces: la primera a mano alzada y la segunda dos meses más tarde, en la que cada uno de sus miembros escribía secretamente en el óstrakon el nombre de la persona a quien quería desterrar. Si el nombre alcanzaba determinado número de votantes, ella tenía que marcharse de Atenas antes del décimo día y permanecer en el destierro durante diez años.

            Como remembranza de aquellos tiempos ha llegado hasta los nuestros la palabra ostracismo para designar el destierro o el extrañamiento de una persona por razones políticas, si bien ella no se refiere ciertamente a una medida prevista en las Constituciones modernas sino a un arbitrio de gobiernos dictatoriales.

 
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