oposición

            Denomínase así, en la vida política, a la acción y efecto de oponerse a un gobierno, es decir, de impugnar su conducta por razones de conveniencia, oportunidad, honestidad o juridicidad. Y llámanse fuerzas de oposición, o simplemente “la oposición”, a las que asumen esta actitud.

            La función opositora, que es una verdadera función en el Estado democrático, está principal pero no únicamente confiada a los partidos políticos, que son por antonomasia los instrumentos de participación popular en los quehaceres de la vida estatal.

            Cuando están fuera del poder, a los partidos les está confiada una de las más importantes funciones que existen en el Estado moderno: la de ejercer la oposición.

            La vieja dinámica gobernantes-gobernados generó desde tiempos inmemoriales la contraposición de ideas e intereses entre quienes detentaban el poder y quienes estaban sometidos a su obediencia. Este fue el germen de la oposición. Si bien durante un largo período en la antigua Atenas el derecho a discrepar de las verdades oficiales estuvo reconocido y tolerado, fue en Inglaterra donde la oposición asumió su significado y contenido modernos en el siglo XVIII por la contraposición entre los whigs y los tories (sustituidos más tarde por los conservadores y los liberales).

            El parlamento inglés fue el escenario de los debates entre el gobierno y la oposición. El abogado, escritor y novelista escocés Henry MacKenzie (1745-1831), en su "History of the Proceedings of the Parliament of 1784", escribió que “la oposición en Gran Bretaña es una especie de corporación pública (public body) que está plenamente admitida y establecida en la práctica de nuestro gobierno”. En los tiempos del político y escritor británico Benjamín Disraeli (1804-18881) y del primer ministro inglés William E. Gladstone (1809-1898) se puso en acción el principio del party government, en virtud del cual los dos partidos alternaban en el poder y en la oposición parlamentaria.

            El que estaba en la oposición formaba un gabinete en la sombra para vigilar la conducta del gabinete en ejercicio.

            De Inglaterra se extendió la usanza democrática de la oposición a los demás países. En los Estados Unidos de América la aplicación práctica de la teoría de la <división de poderes consagrada en la Constitución de 1787, al fragmentar la autoridad pública en tres partes  —poder legislativo, poder ejecutivo y poder judicial—,  creó la posibilidad de que el Congreso Federal operara como un factor de control y fiscalización del presidente y estableció el sistema que los constitucionalistas norteamericanos llamaron de cheks and balances, que dio a los oponentes políticos un espacio muy importante.

            En el sistema bipartidista  —two parties system, que llaman los ingleses—  esta función reviste gran importancia por la alternación de los grupos políticos en el ejercicio del poder. En los Estados Unidos de América, por ejemplo, en donde ha funcionado un sistema bipartidista bastante bien definido, la oposición tiende a convertirse en una verdadera institución política a la que se le reconocen tareas de importancia. Al partido que ejerce el poder le corresponde poner en práctica su >plan de gobierno puesto que cuenta con los medios para hacerlo, mientras que al que está fuera de él le compete desempeñar las funciones de control sobre el poder y ofrecer al electorado un programa sustitutivo del que actualmente ejecuta el partido gubernamental.

            En esas circunstancias el cuerpo electoral puede con sus votos, en las próximas elecciones, confirmar al que está en el poder o reemplazarlo por el que está en la oposición.

            También en Inglaterra, donde han disputado la mayoría parlamentaria el Partido Laborista y el Conservador, la oposición es una muy importante institución política que funciona de manera permanente y centralizada. Frente al “gobierno de Su Majestad” está la “oposición de Su Majestad”, cuyo leader goza de rango y consideraciones oficiales, a más de un sueldo pagado por el Estado, en virtud de la Ministers of the Crown Act de 1937.

            El jefe de la oposición en la Cámara de los Comunes recibe un tratamiento especial: es consultado por el Primer Ministro en casos difíciles y se pide su anuencia en los que es deseable el consenso.

            De este modo, si bien la actividad opositora no ha sido creada por la ley, ha recibido de ella su reconocimiento y el trato como una verdadera función constitucional. El propósito del partido de oposición no es, por cierto, derribar al que está en el poder ni suplantarlo al margen de la ley sino criticar la ineficacia, el abuso o la deshonestidad de sus acciones con miras a lograr las rectificaciones convenientes o necesarias. Las tesis sostenidas por la oposición son calificadas por el electorado británico, que en las próximas elecciones podrá negar sus votos al gobierno y concedérselos a la oposición y al programa gubernativo que ella ofrece. Si eso ocurre, el partido opositor pasará a desempeñar las funciones de mando en el próximo período. De aquí que se ha considerado que en Inglaterra la oposición es el “gobierno alternativo de S. M.”, es decir, la fuerza política lista a convertirse en poder.

            En los sistemas multipartidistas no se produce esta polaridad simétrica. Hay una amplia gama de partidos y de posibilidades. La función de los partidos opositores no aparece tan netamente definida como en el sistema bipartidista ya que los límites mismos entre el gobierno y la oposición pierden claridad por la movilidad que alcanzan los partidos que operan fuera del poder. Estos pueden ocupar una serie de posiciones que van desde la frontal oposición al gobierno hasta la mera independencia de él. No se suscita, en consecuencia, el enfrentamiento total de dos grandes soluciones entre las que puede optar la opinión pública y el electorado sino una yuxtaposición de varias soluciones proyectadas desde diferentes ángulos, cada una de las cuales puede representar una oposición parcial al gobierno.

            La oposición tolerada es una de las características básicas del régimen democrático, que es una forma de organización política esencialmente pluralista y poliárquica. Dentro de ella el ejercicio de la oposición es un derecho político de las minorías que están al margen del gobierno, a las que se ofrece la posibilidad de desplegar todas sus acciones dentro y fuera del parlamento. El politólogo francés André Mathiot (1909-1991), en su estudio sobre el régimen político británico, afirma que “si fuese necesario escoger un criterio único de la democracia liberal, optaríamos por el del puesto que se concede a la oposición”. En los regímenes autocráticos no se tolera la acción opositora, que está incriminada dentro de los delitos contra el Estado. Los fascistas y los comunistas, con sus sistemas de partido único, castigaron con dureza no solamente a sus oponentes políticos sino también a miembros de su partido bajo la acusación de “desviacionistas”, “revisionistas” o simplemente “enemigos del pueblo”. En la Unión Soviética, según datos de la policía secreta N.K.V.D. revelados por Khruschev en 1956, de 139 miembros del Comité Central del Partido Comunista soviético, 98 fueron arrestados y fusilados bajo la acusación de ser “enemigos del pueblo” entre 1937 y 1939, durante la era estalinista. 1.108 de 1.966 delegados al XVII Congreso del PCUS  —activos y honestos comunistas en las horas duras de la revolución—  fueron apresados bajo la inculpación de “contrarrevolucionarios” y en su mayoría eliminados. Las >purgas son arbitrios comunes a todos los partidos autocráticos, independientemente de su signo doctrinal. En el <nazismo se dieron muchas y muy crueles. Hitler, a comienzos de los años 30, bajo la acusación de <complot contra el nazismo, reprimió a sangre y fuego una discrepancia interna de su partido y fusiló a 77 dirigentes, incluidos Ernst Röhm que era su ministro y amigo, el excanciller Kurt von Schleicher y su esposa y otros dirigentes nazis de importancia.

            La oposición respetada es, pues, un elemento de los regímenes democráticos, en los que se considera que la discrepancia es un factor de acierto y fecundación de las tareas gubernativas. Pero el ejercicio de la oposición implica acuerdo, aunque sólo sea táctico, con el sistema dentro del cual opera. Quiero decir con esto que los grupos antisistema no tienen cabida dentro de la oposición democrática. Oposición no es subversión ni resistencia armada: es debate de ideas y conquista de la opinión popular. Los partidos opositores pueden rechazar el modelo de sociedad existente y propugnar una ordenación política y económica diferente. Unos buscan avanzar hacia formas más equitativas de organización social, otros quieren restaurar regímenes políticos y sociales ya superados  —son las oposiciones de izquierda y derecha—  pero para alcanzar sus objetivos de cambio no deben apartarse de las previsiones legales. Por eso la oposición debe acudir a la persuasión de la gente y buscar el respaldo necesario para conquistar el poder, como medio de poner en práctica sus propuestas. De esto se desprende que la acción revolucionaria por cualquiera de sus vías  —foquismo guerrillero u otras formas de lucha armada—,  respetable en determinadas circunstancias, no forma parte de la oposición prevista y reglada por la normativa jurídica del Estado.

            En las monocracias marxistas  —y en otros regímenes sometidos a la prótesis del partido único—  es conceptualmente impensable la oposición. Cualquier tenue discrepancia con la línea ideológica o política oficial es considerada como <desviacionismo o como >revisionismo y consecuentemente reprimida. Sólo las ideas y los grupos que coinciden con los del gobierno tienen derecho a existir políticamente.

            Tanto en los regímenes presidenciales, en que el presidente es el jefe de Estado y de gobierno, como en los regímenes parlamentarios, en los cuales el líder de la mayoría es al mismo tiempo el jefe del gobierno, el parlamento es el escenario principal aunque no único de las acciones opositoras, cuyos protagonistas son los partidos políticos. Allí se libran las principales batallas entre el gobierno y la oposición. El juicio político  —impeachment—,  la interpelación, las comisiones investigadoras, las mociones de censura, las peticiones de información, la obstrucción parlamentaria son métodos al servicio de la oposición parlamentaria para hacer eficaz la rendición de cuentas —accountability—  de los gobernantes. Por supuesto que la acción extraparlamentaria es también muy importante y se realiza a través de los medios de comunicación y de las movilizaciones de masas, con los cuales la oposición trata de alcanzar sus objetivos tácticos y estratégicos.

            Para garantizar el ejercicio de los derechos políticos de la oposición y, al mismo tiempo, precautelar la paz y mantener un conveniente nivel de <cohesión social en medio de la dinámica de los partidos, se han promulgado en algunos lugares los estatutos de la oposición que contemplan los derechos y deberes de los opositores y las reglas a las que debe someterse su acción.

 
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