nueva economía

            Esta expresión es la traducción de la locución inglesa new economy, que fue acuñada por los periodistas norteamericanos de la revista “Business Week” en un artículo titulado “El triunfo de la nueva economía”, publicado en diciembre de 1996. A partir de ese momento la expresión hizo fortuna en el seno de una sociedad educada por los medios de comunicación en la cultura de la búsqueda permanente del something new.

            A pesar de que se la repite con gran frecuencia, es difícil precisar en qué consiste la nueva economía, salvo el hecho de su vinculación con internet en los países desarrollados. Pero muchos se preguntan si existe realmente una “nueva economía” o si se trata sólo de nuevas tecnologías al servicio de la “vieja economía”. Porque las fuerzas del mercado no han desaparecido sino que se han modernizado y siguen vigentes el egoísmo individual, el afán de lucro como motivación última de los agentes económicos privados, la encarnizada competencia comercial, la >ley de la oferta y la demanda, la iniciativa privada, la libertad de emprender, la <acumulación del capital, sólo que estos factores utilizan hoy nuevos procedimientos y técnicas, mucho más eficaces, para alcanzar sus designios.

            Por eso es tan difícil definir la nueva economía. El Conseil d’Analyse Économique (CAE) francés, creado por el primer ministro Lionel Jospin el 22 de julio de 1997, la define como “un sector en plena efervescencia, el de las industrias de la información y de las telecomunicaciones, y una nueva manera de entender la economía en su conjunto”. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) la entiende como una fuerte tendencia del crecimiento económico que resulta de modos de gestión empresarial más eficaces, facilitados por las modernas tecnologías de la información y de la comunicación. Para el sociólogo y economista español Manuel Castells  —en una conferencia pronunciada en el Salón de Ciento del Ayuntamiento de Barcelona el 21 de febrero de 2000—  es “una economía que está centrada en el conocimiento y en la información como bases de la producción, como bases de la productividad y bases de la competitividad, tanto para empresas como para regiones, ciudades y países”.

            De cualquier manera, es evidente que esta nueva economía tiene una dimensión global, es decir, opera como una unidad en tiempo real y a escala planetaria. En ella el capital se moviliza las veinticuatro horas del día por los mercados financieros globalmente integrados. Los flujos financieros internacionales son descomunales. Miles de millones de dólares se negocian en pocos segundos a través de los circuitos electrónicos que abarcan el planeta.

            La noción de nueva economía  —la economía digital—  surge de la conjunción de los modernos software de la informática con el avance tecnológico de las telecomunicaciones y la aplicación de la robótica a la producción industrial. En ella la información se presenta en forma digital  —mediante bits—  y no analógica. La fibra óptica  —que es un finísimo cable de cristal de cuarzo de alta pureza, diseñado para transmitir la luz a extraordinarias velocidades y con capacidad para transportar información 64.722 veces más rápido que el teléfono convencional—  reemplaza al cable de cobre tradicional y tiene importantísimas repercusiones en el campo de la información. La llamada fotónica, que es la transmisión de datos a alta velocidad por medio de impulsos de rayos láser a través de cables de fibra óptica, será la tecnología del futuro en el campo de las comunicaciones. El comercio y los servicios financieros han sufrido una revolución, que ha modificado los hábitos y las conductas de los agentes económicos. El e-commerce  —referido a mercaderías, materias primas, productos agrícolas, artesanías, dinero, títulos, commodities, información electrónica y otros bienes— se realiza por medio de internet, donde se acuerdan las compras electrónicas y se realizan los pagos. Los nuevos medios de pago de forma digital transferibles a través de redes electrónicas —<dinero electrónico—  son otra de las características de la nueva economía, juntamente con la desintermediación de los bancos y de otras instituciones financieras que las nuevas formas de pago traen consigo al eliminar la interposición financiera entre las partes.

            En todo caso, no hay duda de que la noción de nueva economía está impregnada de sustancia ideológica. Quienes hablan de ella y se adhieren a sus postulados son principalmente los cultores del <neoliberalismo y propulsores de la <globalización.

            Lo que generalmente se entiende como nueva economía es el resultado del vertiginoso proceso de transformación científica y tecnológica centrado en las metrópolis de los países desarrollados, que registran altísimos índices de crecimiento de la productividad. Su base operativa está constituida por <internet y por los modernos software, que no solamente son una red de intercomunicación electrónica sino también una forma de organización del comercio en la era del conocimiento.

            Por tanto, lo que se ha dado en llamar nueva economía no es más que el conjunto de los modernos instrumentos electrónicos que utiliza la economía capitalista clásica. En este sentido, la nueva economía tiene que ver más con las tecnologías que con los principios y dogmas tradicionales del sistema económico capitalista. Entraña una cuestión instrumental antes que sustancial. Por supuesto que las nuevas tecnologías han aumentado la productividad y, por ende, las ganancias de los empresarios en un sistema en que el conocimiento es el insumo más importante de la producción y cuya industria  —la industria del conocimiento—  aporta un altísimo porcentaje del >producto interno bruto en los países desarrollados.

            Todo en el proceso de producción e intercambio económicos  —incluyendo, por supuesto, la >publicidad y el <marketing—  tiene naturaleza digital y apunta a generar mayor producción, >productividad y <competitividad en las actividades económicas. La publicidad digital y el llamado e-marketing han abierto nuevos horizontes al comercio de bienes y servicios y han comunicado un extraordinario dinamismo a la economía.

            En consecuencia, la nueva economía es un sistema económico operativo basado en la información y el conocimiento como instrumentos de la producción, de la productividad y de la competitividad, de dimensiones no sólo internacionalizadas sino globalizadas, que funciona sincrónicamente y en tiempo real a escala planetaria mediante empresas que operan en red.

            La nueva economía, por tanto, está íntimamente vinculada a la educación, a la información y a la economía del conocimiento. En esta economía  —la economía digital—  el conocimiento es un insumo cuyo valor representa un altísimo componente del producto interno bruto.

            Ella permite el intercambio no solamente de bienes materiales sino también de bienes inmateriales  —como los software que se transportan directamente de computador a computador, más allá de la limitación del espacio—  en escalas de demanda y de producción gigantescas constituidas por los centenares de millones de usuarios de internet.

            Dicen Alvin y Heidi Toffler en su libro “La revolución de la riqueza” (2006) que ”la producción de arte y entretenimiento forma parte de la economía del conocimiento, y Estados Unidos es el mayor exportador mundial de cultura de masas, que incluye moda, música, series de televisión, libros, películas y juegos de ordenador”. Eso les permite ejercer una gran influencia sobre la población mundial con sus valores y desvalores. “La influencia de esa basura es tan poderosa  —comentan los esposos Toffler—  que en otras sociedades se teme por la supervivencia de las raíces autóctonas”.

            Es tan amplia y determinante esa influencia, que en un lugar tan lejano como Tombuctú en África occidental  —según relatan los Toffler—,  mientras que los habitantes nómadas conducen sus recuas de asnos al mercado, vestidos con sus turbantes, túnicas y velos “que esconden todo menos los ojos”, los adolescentes negros, blancos y morenos visten a la usanza occidental: con “pantalones de chándal oscuros, zapatillas deportivas de alta tecnología y anchas camisetas de baloncesto sueltas, con los nombres de equipos como los Lakers”, en tanto que “las chicas llevan tejanos ceñidos, deportivas y sudaderas”. Y añaden que, gracias a la televisión por cable que esparce por el mundo las usanzas y estilos de vida estadounidenses, “los jóvenes de Tombuctú descubrieron el rap hace un par de años, pero ahora es su música favorita”.

            En la nueva economía existen modalidades nuevas de trabajo, como el >tele-trabajo, o trabajo desde el hogar, la tele-banca, la tele-educación o educación en línea, la tele-medicina, el comercio electrónico. En Estados Unidos y en Europa se realizan de este modo ciertos oficios económicos que forman parte de la “economía de redes”, en la cual se rompen las dimensiones de las escalas tradicionales.

            El e-commerce  —o sea las transacciones a través de internet—,  que se inserta en la nueva economía, ha crecido año por año. Cada vez las compras on-line aumentan en el mundo e involucran a todos los elementos de la operación comercial: información, publicidad, mercadeo, pedidos, suministros, pagos, “centros comerciales” virtuales  —electronic malls—,  servicio de atención al cliente, e-procurement, prestaciones de posventa, etc., etc.

            En la economía del conocimiento los sectores más dinámicos son las finanzas, la informática  —hardware y software—,  las telecomunicaciones y la biotecnología. Ellos han cambiado los términos de la competencia. Antes los grandes se imponían a los chicos, hoy los rápidos se imponen a los lentos y los livianos vencen a los pesados. En la economía del conocimiento es la educación, más que antes, la fuerza motriz del desarrollo; y las que hacia ella se dirigen son las inversiones más rentables en términos de eficiencia económica.

            En la economía digital se han puesto en práctica dos modalidades de trabajo empresarial para multiplicar la productividad: el outsourcing y el offshoring. La primera consiste en la subcontratación de cualquier servicio susceptible de digitalizarse para que personal especializado de China, India, Malasia, Vietnam, Singapur u otros países orientales, que son suministradores más baratos, rápidos y eficientes, asuma la tarea de prestarlo. Y la segunda, en el traslado de las instalaciones de la empresa de un país desarrollado hacia otro lugar, donde los costes de producción son más baratos  —menores salarios, impuestos más bajos, inferiores aportes al seguro social, energía subvencionada, etc.—,  para fabricar allí sus productos en términos más competitivos. Las videoconferencias permiten reunir en forma virtual a los ejecutivos, venciendo las dificultades de la distancia, para tomar decisiones y ejercer la administración transnacional de las empresas.

            El outsourcing permite que una empresa trabaje sin interrupción las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, todas las semanas del mes y todos los meses del año. Este es uno de los secretos de su productividad. ¿Cómo funciona? Los profesionales contables, los programadores informáticos y, en general, los expertos en cualquier otra área del conocimiento situados en China o en la India o en algún otro país del hemisferio oriental asumen algunas de las funciones de la empresa: la investigación en ciertas áreas, la contabilidad, el cobro de facturas, la atención telefónica o la gestión de determinados servicios de empresas de Occidente. Hacen el trabajo en el curso del día, que en los países occidentales es la noche. Y los resultados, enviados en formato digital por vía electrónica, son recibidos instantáneamente por las compañías matrices que los subcontrataron. Lo cual les permite producir las veinticuatro horas del día y a costes de producción notablemente menores que en Occidente.

            El outsourcing contradice las enseñanzas de los manuales tradicionales de economía, que afirmaban que los bienes pueden fabricarse en un lugar y venderse en otro pero que, en cambio, los servicios siempre se producen y se consumen en el mismo lugar. El outsourcing permite diseñar y gestionar servicios en un país para prestarlos o venderlos en otros.

            Buena parte de las declaraciones del impuesto a la renta de Estados Unidos siguen este sistema. Se formulan especialmente en la India, donde existen amplios y bien formados equipos de expertos fiscales y contadores formados en los institutos indios de tecnología (IIT), que empezaron a funcionar a partir de la sabia decisión de su primer ministro Jawaharlal Nehru en 1951. Se estima que en el año 2005 se formularon alrededor de 400 mil declaraciones en ese país.

            Ciertos hospitales norteamericanos han adoptado el mismo sistema para la lectura de los escáner radiográficos y de las resonancias magnéticas: los envían por internet a la India para su análisis. Los resultados los reciben por la misma vía. Así duplican el tiempo útil y trabajan en sus diagnósticos las veinticuatro horas del día.

            En la nueva economía el sindicalismo se ve confrontado a condiciones laborales nuevas derivadas de los avances científicos y tecnológicos de la informática. El trabajo a distancia  —el teletrabajo—,  que hace del hogar la oficina virtual del trabajador, donde este sólo necesita una línea telefónica y un computador personal para cumplir sus tareas laborales, ha modificado no sólo el modo de producción sino además los tradicionales conceptos de la prestación de los servicios personales. La informática hace posible que el trabajador labore en su propia casa y que se vincule a los demás trabajadores y a su empresa por medio de la red de ordenadores. Las video-conferencias reemplazan a las reuniones mañaneras de los jefes con sus empleados. El teletrabajador tiene mayor autonomía en sus tareas y administra individualmente su tiempo útil. Los horarios son mucho más flexibles. Lo cual, a su vez, demanda un mayor sentido de autodisciplina en el trabajador.

            Las implicaciones sindicales de estos fenómenos son muy importantes. El trabajo a distancia fragmenta y descentraliza la masa laboral. Ya no hay la presencia física y masiva de los trabajadores en los centros de trabajo, pero se intensifican las relaciones individuales de los trabajadores con su empresa. Muchos de los lugares tradicionales de trabajo tienden a desaparecer con el nuevo sistema y las empresas obtienen importantes ahorros en el rubro de compra o arrendamiento de inmuebles. También hacen notables economías en transporte y en tiempo de movilización. Cada uno de los trabajadores está separado de los demás por grandes distancias. Ya no hay un centro de trabajo único. Con la disgregación de los trabajadores y la falta de “contagio” frente a los conflictos laborales, las asociaciones de trabajadores pierden mucho de su organización y la articulación de las reivindicaciones es más difícil para los líderes sindicales. Mover a una huelga en el ciberespacio ciertamente que les es más complicado que organizar una huelga tradicional.

            Este proceso se acentuará en los futuros años en los países desarrollados y será seguido por los demás. Los analistas prevén, por ejemplo, que en Estados Unidos durante las primeras décadas del siglo XXI el 80% de la fuerza laboral trabajará fuera de los tradicionales centros de trabajo. Lo cual significará un cambio fundamental en los modos de producción y en las relaciones laborales.

            Sin embargo, dentro de esta terrible dinámica hay una tendencia hacia la concentración del conocimiento en pocas mentes  —similar a la concentración del ingreso en pocas manos—  que agudizará cada vez más la mala distribución de la renta y de la riqueza. El monopolio del conocimiento en pequeños grupos está llamado a producir una injusta distribución del ingreso como antes lo hizo la concentración de la riqueza. Porque en la economía del conocimiento el acceso a las nuevas tecnologías no podrá ser privilegio de muchos. Pensemos en que actualmente para comprar un computador personal un habitante pobre de Bangladesh necesitaría invertir los ingresos de varios años de trabajo. Y en cuanto a los países, dado que éstos marchan a velocidades cada vez más distantes, se agudizará el proceso de acumulación del atraso en el tercer mundo.

            Sin duda que la sociedad del conocimiento lleva en sus entrañas una tendencia hacia la concentración del saber  —particularmente del saber científico y tecnológico—  en pocas mentes, que agudizará la segmentación de la sociedad. El monopolio del conocimiento en pequeños grupos y la formación por la vía electrónica de una poderosa comunidad empresarial por encima de las fronteras estatales van a afectar la distribución del ingreso y van a poner en riesgo los derechos humanos básicos. En la economía del conocimiento  —que es una economía digital fundada en bites almacenados en la memoria de los ordenadores y con capacidad para movilizarse por la red a la velocidad de la luz—  el acceso a las nuevas tecnologías, por la propia naturaleza de éstas, no podrá ser privilegio de muchos. El efecto de polarización se producirá al interior de los países y entre ellos. El planeta marchará a dos velocidades cada vez más distantes  —la de los países industriales y la de los países rezagados—,  lo cual profundizará la denominada “brecha digital” y agudizará el proceso de acumulación del atraso en el tercer mundo.

 
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