“¡no pasarán!”

            Fue la famosa proclama lanzada al aire el 19 de julio de 1936, al día siguiente del alzamiento franquista en España, por la diputada Dolores Ibárruri, mejor conocida como “la pasionaria”  —militante comunista y combatiente en las filas republicanas—,  a través de las ondas de radio del Ministerio de Gobernación de Madrid, en su llamamiento para que el pueblo español detuviera el avance de los fascistas sublevados.

            Desde ese momento el “¡no pasarán!” se convirtió no sólo en una consigna de lucha para los combatientes republicanos en el curso de la guerra civil española sino en un símbolo de la resistencia contra el fascismo.

            Esta proclama se repitió incesantemente en los diferentes frentes de lucha durante la <guerra civil. Al comienzo de ella, el 28 de octubre de 1936, el general Francisco Franco, jefe de las tropas alzadas en armas contra la república española, dio la orden de que se tomara Madrid, donde estaba la sede del gobierno. Los junkers empezaron sus raids de bombardeo sobre la ciudad al tiempo que los aviones italianos dejaban caer hojas volantes en las que pedían a los ciudadanos colaborar con los sublevados pues de lo contrario la aviación nacional “borrará del mapa” Madrid. El primer ministro Largo Caballero encomendó la defensa de la ciudad al general José Miaja, de probada lealtad republicana. Las tropas franquistas comandadas por el general Varela intentaron entrar a Madrid por la ciudad universitaria pero fueron rechazadas desde las barricadas y desde las aulas por los milicianos. En esos días llegaron tres mil combatientes de las brigadas internacionales, que se sumaron a la defensa de la ciudad. Se combatió encarnizadamente durante diez días. Tres mil anarquistas, al mando de Buenaventura Durruti, se incorporaron a la lucha. Fue allí cuando se volvieron a escuchar las encendidas arengas de Dolores Ibárruri, “la pasionaria”, que se esparcían por las ondas de la radio e infundían valor a los combatientes republicanos para que detuvieran al fascismo. El célebre grito de “¡no pasarán!” resonó en toda la geografía española. En el frente de Madrid los fascistas fueron detenidos a sangre y fuego y no pudieron conquistar la ciudad. Las fuerzas republicanas y las rebeldes quedaron estabilizadas en sus posiciones, frente a frente, resguardadas por fortificadas redes de barricadas, trincheras y alambradas. Así se mantuvieron hasta el fin de la guerra. Fueron 840 días de implacable asedio, en que los combatientes republicanos cumplieron con firmeza la consigna de “la pasionaria”. Sólo el 28 de marzo de 1939 las tropas franquistas pudieron tomar Madrid, que fue el último bastión de la resistencia republicana. Se impuso finalmente la superioridad numérica y logística de las fuerzas fascistas, apertrechadas por alemanes, italianos y portugueses. La dolorosa contienda había terminado.

            Pero quedó la frase, que se convirtió más tarde y por mucho tiempo en una consigna mundial de los partidos y grupos de izquierda contra el avance del <fascismo.

            En realidad, el grito de ¡ils ne passeront pas!  —”¡no pasarán!”—  se escuchó por primera vez en la batalla de Verdún durante la >primera guerra mundial. Lo exclamó en el combate el comandante de las fuerzas francesas Robert Nivelle e inmediatamente se convirtió en una ardiente consigna antifascista. Esa batalla fue la más larga de la guerra y la segunda más sangrienta, después de la de Somme. En ella se enfrentaron con ferocidad los ejércitos de Francia y Alemania desde el 21 de febrero hasta el 19 de diciembre de 1916. Concluyó con la victoria de las tropas francesas comandadas primero por el general Henri Philippe Pétain y, después, por el general Robert Nivelle. Más de trescientos mil cadáveres quedaron en los campos de combate.

 
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