no alineación

            Fue la posición y la conducta independientes que asumió un grupo de países del tercer mundo, muchos de ellos recién salidos de su régimen colonial, frente a las dos grandes potencias en conflicto durante el proceso de la <guerra fría: Estados Unidos y Unión Soviética. Esos países decidieron no formar filas en los frentes de las dos grandes potencias y mantenerse al margen de la beligerancia. La no alineación se entendió, desde entonces, como el activo rechazo a enrolarse en los frentes de la disputa entre las superpotencias.

            Aunque las primeras conversaciones entre el primer ministro de la India Pandit Jawaharlal Nehru (1889-1964), el gobernante de Yugoeslavia Josip Brozovitch (1892-1980) y el presidente Gamal Abdel Nasser (1918-1970) de Egipto se realizaron en 1956 en una de las islas del archipiélago de Brioni en el Mar Adriático, donde se trazaron las primeras líneas del proyecto, el movimiento no alineado nació en septiembre de 1961 en Belgrado por iniciativa de veinticinco Estados  —antiguas colonias, la mayoría de ellos—  para luchar por la paz y contra las tensiones Este-Oeste que podrían conducir al holocausto nuclear. A estos objetivos iniciales se unieron otros y otros  —la descolonización de los territorios sometidos, la creación de un nuevo orden internacional, la supresión de las carreras armamentistas, el desarme, la lucha contra el <apartheid, la erradicación de la pobreza, la protección del medio ambiente—  que conformaron un conjunto bastante coherente de metas de los países pobres de África, Asia y América Latina.

            Hacia 1995 el movimiento había crecido enormemente y reunía 113 Estados, que representaban más de la mitad de la población mundial.

            Aunque la no alineación comprende un espectro muy amplio de posiciones ideológicas y políticas, en el cual se insertaron países no alineados “propiamente dichos” y países no alineados “por así decirlo”, lo cual fue motivo de permanentes fricciones internas en el grupo, se pueden precisar, como características fundamentales de esta “tercera posición”: el rechazo a la idea de la inevitabilidad de la guerra (incluida la “guerra fría”), la afirmación del principio de la coexistencia pacífica entre sistemas políticos diferentes, la defensa del derecho de <autodeterminación de los pueblos, la abolición de todas las formas de <colonialismo y <neocolonialismo, la instrumentación de una política no comprometida con la polarización de los bloques e independiente de ellos, la no adhesión a las alianzas militares multilaterales (la OTAN y el Pacto de Varsovia) y a tratados que constituyan expresiones del antagonismo Este-Oeste y la negativa a entregar bases territoriales a potencia extranjera.

            El estadista hindú Pandit Jawaharlal Nehru, en un discurso pronunciado ante el Partido del Congreso en 1946, definió la posición de no alineación en los siguientes términos: “nosotros proponemos mantenernos tan lejos como sea posible de las potencias bloquistas o de los grupos alineados unos contra otros, que en el pasado condujeron a las grandes guerras mundiales y que podrían desembocar otra vez en el desastre”.

            Se llamaron países no alineados los que, durante el proceso de la guerra fría, mantuvieron una posición de independencia respecto de Estados Unidos y Unión Soviética, en su dilatado conflicto por la hegemonía mundial. A partir de 1961 esos países se organizaron con el fin de formar una “tercera fuerza” que pudiera interponerse para evitar el choque entre las dos potencias. Nació así el Movimiento de los Países No Alineados, fundado en Belgrado en 1961, que tuvo una importante influencia en la política mundial durante las décadas de los años 60 y 70. A la conferencia de Belgrado asistieron representantes de 35 Estados pero el movimiento después aglutinó a 114.

            Desde la primera década del siglo XXI forman parte de la Organización los siguientes países: Afganistán, Angola, Arabia Saudita, Argelia, Bahamas, Bahréin, Bangladesh, Barbados, Belice, Benin, Bhután, Bolivia, Btsawana, Brunéi, Burkina Faso, Burundi, Camboya, Camerún, Cabo Verde, Chad, Chile, Chipre, Colombia, Comoros, Congo, Costa de Marfil, República Popular Democrática de Corea, Cuba, Ecuador, Egipto, Emiratos Árabes, Etiopía, Eritrea, Filipinas, Gabón, Gambia, Ghana, Grenada, Guatemala, Guinea, Guinea Bissau, Guinea Ecuatorial, Guyana, Honduras, India, Indonesia, Irán, Irak, Jamaica, Jordania, Kenia, Kuwait, Líbano, Liberia, Laos, Lesotho, Madagascar, Malasia, Malawi, Maldivas, Malí, Malta, Marruecos, Mauricios, Mauritania, Mongolia, Mozambique, Myanmar, Namibia, Nepal, Nicaragua, Níger, Nigeria, Omán, Pakistán, Palestina, Panamá, Papua-Nueva Guinea, Perú, Catar, República Centroafricana, Ruanda, Santa Lucía, Senegal, Seychelles, Sierra Leona, Singapur, Siria, Somalia, Sudáfrica, Sri Lanka, Santo Tomé y Príncipe, Sudán, Surinam, Swazilandia, Túnez, Tailandia, Tanzania, Togo, Trinidad y Tobago, Turkmenistán, Uganda, Uzbekistán, Vanuatu, Venezuela, Vietnam, Yemen, Yibuti, Yugoeslavia, Zaire, Zambia y Zimbabue.

            Los grandes inspiradores del Movimiento fueron el primer ministro de la India Pandit Jawaharlal Nehru, el gobernante de Yugoeslavia Josip Brozovitch, mejor conocido como Tito, el presidente Gamal Abdel Nasser de Egipto, el presidente Ahmed Sukarno (1901-1970) de Indonesia y el presidente Kwame Nkrumah (1909-1972) de Ghana.

            Se realizaron sucesivas conferencias de los países no alineados. Las principales fueron las de Belgrado en 1969, Lusaka 1970, Argel 1974, Colombo 1976, La Habana 1979 y Belgrado 1989.

            A  esta  última  conferencia cumbre  celebrada en septiembre de 1989  —que fue la novena—  asistí como Presidente de Ecuador. En la sesión inaugural África estuvo representada por el gobernante egipcio Hosni Mubarak, el primer ministro hindú Rajiv Gandhi habló en nombre de Asia y los gobernantes latinoamericanos me encomendaron la representación de América Latina y el Caribe.

            En mi discurso expresé que los jefes de Estado y de gobierno congregados en la reunión representaban más del cincuenta por ciento de la población mundial que, en el marco de la teoría y práctica de la no alineación, quería vivir en paz, conducirse fraternalmente, alejarse de la estructura bipolar del poder internacional y hacer de la Tierra un lugar amable para vivir. La guerra fría dividió al planeta en dos bloques de países irreconciliables bajo el liderazgo de las potencias hegemónicas que se disputaban el dominio global. El mundo quedó sometido al equilibrio del terror. Los países pobres fueron avasallados y convertidos en fichas del ajedrez geopolítico y geoeconómico que ellas adelantaban.

            Contra este orden de cosas insurgió el movimiento de los no alineados.

            Cité las palabras de Nehru: “Nosotros proponemos mantenernos tan lejos como sea posible de las potencias bloquistas o de los grupos alineados unos contra otros, que en el pasado condujeron a las grandes guerras mundiales y que podrían desembocar otra vez en el desastre”.

            Insistí en que nuestros países debían mantenerse no alineados y no alienados en la confrontación entre las dos potencias hegemónicas. Pero expresé que veía acercarse el colapso de la Unión Soviética y reseñé las razones de orden económico, político, geoeconómico y geopolítico que sustentaban mi opinión. Veía síntomas del inminente hundimiento de la superpotencia. Y planteé entonces que, en consonancia con las nuevas circunstancias que advendrán en la vida internacional, los países no alineados debían repensar las estrategias y los objetivos para cumplir su papel en la consecución de la paz y la distensión en el mundo unipolar que se venía. La posición internacional de estos países fue originalmente de no alineación con Estados Unidos y con la Unión Soviética, pero la desaparición de una de las potencias modificaba por su base el orden internacional y forzaba a revisar la posición de los no alineados.

            Mis palabras disgustaron al gobernante de Libia, Muammar Gadafi, quien respondió en encendidos términos. Gadafi no podía o no quería ver el nuevo rumbo que habría de tomar el mundo y cuyas primeras señales empezaban a ser visibles para los observadores alertas.

            Dos meses después  —el 9 de noviembre de 1989—  se desplomó el Muro de Berlín. Y, en el plazo absurdamente corto de cinco meses, se vino al suelo el imperio comunista. Terminó la <guerra fría. Concluyó la confrontación bilateral de las grandes potencias, respecto de las cuales se produjo la no alineación de nuestros países y la adopción de una “tercera posición”.

            Cuando aquella beligerancia desapareció se puso en evidencia, con todo su dramatismo, la contradicción >norte-sur, frente a la cual los países no alineados estrecharon filas en las fuerzas del >tercer mundo que luchan por la supresión de la <dependencia externa, el derecho a la <libre determinación de los pueblos, el establecimiento de la justicia social internacional y la creación de un >nuevo orden económico en el mundo.

 
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