megafusiones

            Una de las características fundamentales del proceso de <globalización de la economía mundial son las megafusiones de las grandes empresas transnacionales para afrontar las nuevas y ampliadas dimensiones del comercio internacional. Las operaciones de fusión y de absorción de estas empresas en el mundo desarrollado, obligadas a pensar en términos de escala planetaria, son uno de los signos relevantes de este proceso. Las escalas nacionales han sido superadas. El planeta se ha vuelto un solo y gran mercado abastecido por empresas cada vez más grandes, cuyas cifras de ventas anuales sobrepasan las del producto interno bruto de muchos países. En el ámbito petrolero, por ejemplo, la compañía Exxon, que compró la Mobil, mueve cada año recursos que superan el producto interno de toda África y que se acercan al de la India, y en el área de las telecomunicaciones el volumen de transacciones anuales de la Deutsche Telecom rebasa al producto interno de Hungría, Marruecos o Nigeria. Las asignaciones para las tareas de investigación científica de estas compañías en las diversas líneas de la producción exceden los presupuestos nacionales de muchos países.

            La era de las megafusiones involucra naturalmente a los medios de comunicación, que tienden a concentrarse en pocas pero gigantescas empresas que ejercen la función  —y el poder—  de informar y de comunicar. 1998 fue un año emblemático de compras y absorciones de empresas de comunicación en el mundo desarrollado. La SBC Communications Inc. se fundió con la Ameritech Corp, la AT&T con la Teleport, la AT&T con la Tele-Communication Inc., la SBC con The Pacific Telesis Group, la WorldCom adquirió la MCI y se unió con la Compu Serve y después absorbió a la Sprint Corporation (aunque quebró en el 2002, después de haber revelado que había inflado sus ganancias por cerca de 4 mil millones de dólares mediante prácticas contables engañosas), la Bell Atlantic succionó a la AirTouch Communications Inc. Antes la Time Warner había asumido el control de Turner Broadcasting System Inc., con lo cual engendró el grupo de medios de comunicación más grande del mundo. La World Association of Newspapers (WAN), corporación internacional constituida bajo las leyes francesas, y la alemana INCA-FIEJ Research Association (IFRA) anunciaron el 25 de julio del 2009 su fusión, para dar origen a la World Association of Newspapers and News Publishers (WAN-IFRA)  —con sus sedes centrales en París y en Darmstadt—,  que representó a más de 18 mil publicaciones, 15 mil sitios de internet y 3.000 empresas periodísticas y noticieras en más de 120 países. En el ámbito latinoamericano la AT&T, fusionando las operaciones de la empresa brasileña Netstream con las del grupo FirstCom Corp. de Coral Gables, ha creado una red de empresas telefónicas denominada AT&T Latin America y ha incursionado en el mercado de la región, en competencia con la Telefónica de España S.A. que tiene enormes inversiones en él.

            Sin embargo, con ocasión del intento de compra de la empresa Sprint Corp. por parte de la WorldCom Inc. a comienzos del 2000  —que significaba la unión de dos de las tres empresas norteamericanas más grandes en el campo de la telefonía—  surgió en el Departamento de Justicia de los Estados Unidos la preocupación de que las megafusiones pudieran atentar contra la ley antimonopolios y de que era necesario regular y vigilar el proceso de concentración empresarial.

            Howard H. Frederick, un estudioso de la Universidad de California en Berkeley, citado por Gonzalo Ortiz en su libro “En el Alba del Milenio. Globalización y Medios de Comunicación en América Latina” (1999), prevé que unas pocas corporaciones transnacionales  —no más de cinco a diez—  dominarán en el siglo XXI la mayor parte de las principales estaciones de radio y televisión, los más influyentes periódicos y revistas, la edición masiva de libros, la difusión de películas y el manejo de las redes de datos.

            De modo que ellas estarán en posibilidad de condicionar los pensamientos, sentimientos, imaginación, sueños, gustos, decisiones y conductas de la población mundial.

            En septiembre del 2001 se produjo la fusión entre dos gigantes de la informática: la Hewlett-Packard adquirió la empresa fabricante de computadoras Compaq por la suma de 25.000 millones de dólares. Estas corporaciones operan en más de 160 países.

            En el campo de internet las fusiones de America Online Inc. con Netscape Communications Corp., o la de At Home Corp., que presta el servicio de acceso rápido a la red, con Excite Inc., que ofrece un sistema de búsqueda, o la fusión de Yahoo con GeoCities Inc., o la unión de America Online con Time Warner “para crear la primera empresa de prensa y de comunicación en el mundo para el siglo del internet” demuestran que también en este campo de la información planetaria las cosas van hacia la concentración.            

            Y esta red mundial de la información, que se amplía en sus servicios cada vez más, tiende a producir hechos informativos de escala global, tal como ocurrió en 1991 con la guerra del golfo Pérsico; o en 1997 con el acto funeral de la princesa Diana de Gales; o con los amoríos del presidente norteamericano Bill Clinton con la empleada de la Casa Blanca; o con los bombardeos a Belgrado por las fuerzas de la OTAN en el segundo trimestre de 1999; o con la ejecución del joven Timothy McVeigh  —autor de la demolición de un edificio en Oklahoma que causó 169 muertos y 674 heridos en abril de 1995—  mediante una inyección letal en la cárcel federal de Terre Haute en Indiana el 11 de junio del 2001; o con el sangriento atentado terrorista de los fundamentalistas islámicos contra las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York el 11 de septiembre del 2001; o con la guerra anglo-norteamericana contra Saddam Hussein en Irak iniciada en marzo del 2003; o con los actos funerales del papa Juan Pablo II en Roma el 8 de abril del 2005; o con el Campeonato Mundial de Fútbol en Alemania el 2006; o con la liberación de Ingrid Betancourt y 14 secuestrados por las FARC de Colombia el 2 de julio del 2008; o con los Juegos Olímpicos mundiales de Pekín en agosto del 2008; o con el sepelio de Michael Jackson   —apodado el "rey del pop"—,  cuyos actos funerales en el Staples Center de Los Ángeles el 7 de julio del 2009 fueron seguidos por 2.500 millones de telespectadores; o con el Campeonato Mundial de Fútbol en Sudáfrica, cuyo encuentro final entre España y Holanda el 11 de julio del 2010 fue visto por 909,6 millones de televidentes; o con la deslumbrante ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos mundiales de Pekín en agosto del 2008 vista por 4.000 millones de televidentes en el mundo; o con el sepelio del bailarín norteamericano Michael Jackson en el Staples Center de Los Ángeles el 7 de julio del 2009 seguido por 2.500 millones de telespectadores; o con las escenas del campeonato mundial de fútbol en Sudáfrica que viajaron por el planeta en las ondas de la televisión satelital; o con el rescate el 14 de ocubre del 2010 de los 33 mineros chilenos atrapados durante sesenta y nueve días a 700 metros de profundidad en la mina de Copiapó, al norte de Chile, que cautivó la atención mundial y fue presenciado por más de mil millones de televidentes; o con la conmoción de la opinión pública del mundo causada por la "bomba cibernética" que estalló el 28 de noviembre del 2010 cuando los hackers de WikiLeaks interceptaron, descodificaron, copiaron y robaron de internet 251.287 documentos oficiales secretos pertenecientes al Departamento de Estado de los Estados Unidos y filtraron algunos de sus textos a los periódicos "The New York Times" de los Estados Unidos, "Der Spiegel" de Alemania, "Le Monde" de Francia, "The Guardian" de Inglaterra y "El País" de España; o con las desgarradoras escenas del terremoto más violento de su historia sufrido por el Japón el 11 de marzo del 2011  —la peor tragedia desde los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki—,  seguido de un terrible tsunami que arrasó todo lo que encontró a su paso, que fueron vistas por 3.500 millones de telespectadores en el mundo; o con el espectáculo mediático del matrimonio celebrado en la Abadía de Westminster el 29 de abril del 2011 entre el príncipe Guillermo de Inglaterra y Catherine Middleton, que atrajo la atención televisual de 2.200 millones de personas; o con la ceremonia de beatificación del papa Juan Pablo II el 1 mayo 2011 en la Basílica de San Pedro en Roma, presidida por Benedicto XVI, que fue vista por 1.181 millones de televidentes; o con el anuncio de la muerte de Ossama Bin Laden, líder de la banda terrorista internacional al Qaeda, el 3 de mayo del 2011, transmitido al mundo por miles de estaciones televisivas.

            La impresión de libros lleva la misma dirección. En el primer semestre de 1998 el gigantesco conglomerado de comunicaciones Bertelsmann AG de Alemania, dueño del grupo editorial Bantam Doubleday Dell, compró la empresa editorial Random House, que ejercía un casi monopolio en el mercado de libros norteamericano, de modo que estos dos colosos de la industria editorial pasaron a formar una sola empresa. Lo cual, junto al hecho de que la mayoría de los libros se publica en inglés o se traduce al inglés, ha dado lugar a los “best sellers globales”, como los de John Grisham, Michael Crichton, Danielle Steel, Mary Higgins Clark, Tom Clancy o Paulo Coelho, cuyas obras se publican en decenas de millones de ejemplares y se venden en el mercado globalizado de la cultura y la información.

            Y catorce años después  —el 29 de octubre del 2012—,  en respuesta al auge de los libros digitales, se produjo la fusión de las empresas editoriales Bertelsmann AG de Alemania y Penguin Group de Inglaterra  —que formaban parte de las seis mayores editoriales en idioma inglés, junto con Hachette, HarperCollins, Macmillan y Simon&Schuster—  para constituir la gigantesca Penguin Random House en el mundo de las publicaciones tradicionales y digitales.

            En el 2006 el enorme grupo francés Lagardère compró la empresa editorial estadounidense Time Warner Books por el precio de 537,5 millones de dólares para crear la editorial Hachette Livre, que se convirtió en la tercera mayor casa editora del mundo.

            En el área farmacéutica se ha dado también la misma tendencia hacia la concentración empresarial. Las dos mayores compañías fabricantes de medicamentos del mundo: Warner-Lambert y American Home Products Co. (AHP), decidieron fusionarse a fines de 1999, en una operación valorada en 65.000 millones de dólares. A comienzos del 2000 se fusionaron la Glaxo Wellcome y la SmithKline Beechman para convertirse en la compañía farmacéutica más grande del planeta. En julio del 2002 Pfizer, la gigantesca empresa farmacéutica, anunció la compra de Pharmacia, una competidora, en un acuerdo accionario valuado en 60.000 millones de dólares. Las empresas dijeron que la nueva firma tendrían ingresos anuales combinados de 48.000 millones de dólares, incluidos 39.000 millones de dólares en ventas por receta, y 12 productos con ventas por 1.000 millones de dólares al año cada uno. Es probable que hacia el futuro, a través de una serie de megafusiones entre las compañías farmacéuticas norteamericanas, inglesas, suizas y alemanas  —Bayer AG, Merck & Co., Bristol-Myers Squibb Co., Pfizer Inc., Novartis AG—,  quede apenas una media docena de corporaciones gigantes en el sector farmacéutico.

            A principios del 2000 se fusionaron en Alemania las gigantescas empresas eléctricas Veba AG y Viag AG, que formaron el tercer grupo industrial más grande de ese país, a fin de reducir costes en la generación y distribución de electricidad y asumir una mayor capacidad de competencia internacional. En el mismo año, en el campo bancario se fundieron el Deutsche Bank y su rival, el Dresdner Bank, para formar la mayor institución financiera internacional con activos superiores a 1,2 billones de dólares.

            El Mitsubishi Tokyo Financial Group del Japón logró en agosto del 2004 concluir un acuerdo para adquirir el banco UFJ Holdings Inc. y formar la compañía holding Mitsubishi UFJ Holdings Inc.

            En septiembre del 2003 se anunció la fusión de las compañías de aviación Air France y KLM para formar la tercera mayor corporación mundial en cielos cubiertos y en número de pasajeros, después de las norteamericanas American Airlines y United Airlines. En ese momento las dos aerolíneas europeas dominaban dos de los más transitados aeropuertos de Europa: el Charles de Gaulle de París y el Schipol de Amsterdam. Con las fusiones de Delta Air Lines Inc. y Northwest Airlines Corporation en el 2009 y, en el 2010, de United Airlines y Continental Airlines, emergieron dos nuevos gigantes mundiales en el campo de la aviación comercial.

            El 29 de noviembre del 2010 se fusionaron la British Airways e Iberia para crear la segunda mayor empresa de aviación comercial de Europa en ese momento y la tercera del mundo  —la International Airlines Group (IAG)—, con una flota de 408 aviones, que transportaban anualmente 58 millones de pasajeros a 200 destinos.

            El  9  de  diciembre  del  2013  terminó  el  proceso  de  fusión  legal  de  las  empresas  estadounidenses  American Airlines  y  US Airways para formar la más poderosa de las corporaciones de aviación comercial  —American Airlines Group—,  con 1.530 naves aéreas y 6.700 vuelos diarios a 330 destinos en 54 países al momento de la fusión.

            En otro campo, la enorme empresa norteamericana de alimentos Kraft Foods Inc. compró en enero del 2010 la Cadbury PLC inglesa, que era la más antigua fabricante de chocolate del Reino Unido, por 19.400 millones de dólares.

            En el área latinoamericana a comienzos del 2000 se produjo la fusión de las dos empresas productoras de bebidas más grandes de Brasil: Brahma y Antarctica, para crear el tercer fabricante mayor de cervezas del mundo denominado Ambev.

            La empresa textil estadounidense Phillips-Van Heusen  —propietaria de las licencias de importantes firmas de la moda, como Calvin Klein, IZOD, Michael Kors, BCBG Maz Azria, BCBG Attitude, Sean John, Donald H. Trump Signature y Timberland—  adquirió en marzo del 2010, por más de 3.000 millones de dólares, la empresa indumentaria Tommy Hilfiger, con lo cual creó uno de los más grandes grupos industriales de ropa del mundo y expandió el ámbito de su operación internacional.

            En el 2012 se fusionaron dos gigantes de la industria automovilística: Volkswagen y Porsche.

            Todo lo cual demuestra que adelanta un proceso de concentración empresarial de escala planetaria que terminará por someter a los Estados. No tengo dudas de que en el futuro cercano la soberanía y la potestad política ya no serán atributos estatales únicamente sino también de las <corporaciones transnacionales que cubrirán el planeta con su poder. Los imperios del futuro no serán sólo los grandes Estados sino también los gigantescos conglomerados empresariales y, por consiguiente, los imperialismos venideros no tendrán al Estado como su único protagonista.

            Y es que el poder de las grandes corporaciones crece indeteniblemente año por año, con una impresionante acumulación de recursos humanos, financieros y tecnológicos. El Instituto de Estudios Políticos de los Estados Unidos, en un informe publicado a fines del año 2000, señaló que, de las cien entidades económicamente más poderosas del planeta, cincuenta y una son corporaciones industriales o comerciales privadas y cuarenta y nueve son Estados. El punto de referencia para la clasificación fue, en el caso de las empresas, el monto de sus ventas anuales y, en el de los Estados, su producto interno bruto (PIB). Según el volumen de sus ventas en el 2005, las seis mayores compañías del mundo fueron las norteamericanas Exxon Mobil, Wal-Mart, General Motors, Chevron, Ford Motor y Conoco-Phillips. En el escalafón ellas estuvieron detrás de los veinte países occidentales más prósperos del planeta y de China, Corea del Sur y Rusia, pero delante de todos los demás países. Por ese tiempo la revista norteamericana Business Week, especializada en asuntos económicos, expresó que la enorme influencia política alcanzada por tales corporaciones socava las bases de la democracia. Y, en efecto, así es, puesto que ellas condicionan en su beneficio las decisiones del poder político, evaden o eluden el pago completo de sus impuestos y ocultan muchas de sus operaciones, especialmente las que se realizan en el exterior. La revista Fortune de abril del 2005 publicó la lista de las 500 empresas norteamericanas más grandes, que encabezaba la Exxon Mobil con ventas (revenues) en ese año por 339.938 millones de dólares, Wal-Mart Stores con 315.654 millones, General Motors con 192.604 millones, Chevron 189.481 millones, Ford Motor 177.210 millones, ConocoPhillips 166.683 millones y así por este orden. Lo cual significaba que en ese año los ingresos de la Exxon Mobil eran equivalentes a la suma de las exportaciones anuales de México, Brasil y Argentina.

            Las megafusiones son, en realidad, procesos de integración de las empresas privadas para alcanzar mayor fuerza en el mundo implacablemente competitivo de la postguerra fría. Resulta penoso reconocer que ellas han sido mucho más visionarias que muchos Estados del tercer mundo en el uso de la integración como instrumento de crecimiento y dominio. Por la vía de la fusión de capitales y complementación de tecnologías las grandes empresas han alcanzado ese objetivo. Las megafusiones son en lo privado lo que la integración económica es en lo público: un mecanismo de fortalecimiento de las entidades integradas.

 

 
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