materia prima

            Es el bien o la sustancia básica que la industria transforma en su proceso productivo. La materia prima puede provenir de la agricultura, la explotación forestal, la ganadería, la minería o de la propia industria en un grado inferior de elaboración. En estricto sentido la materia prima es la que surge de las actividades económicas primarias  —son los productos brutos de las actividades extractivas—,  pero por extensión el concepto se ha ampliado a los bienes semielaborados o intermedios, que tienen, por eso, la doble calidad de productos industriales y materias primas. Son productos industriales con respecto a la industria de la que salieron y materia prima para la industria a la que están destinados. Las planchas de metal, por ejemplo, son el producto final de la planta metalúrgica y la primera materia de la metalmecánica. La industria química pesada produce materias primas para una serie de industrias modernas. Con el reciente desarrollo del reciclaje industrial ha surgido un nuevo género de materias primas, compuesto por los desechos minerales de los productos de la industria.

            Algunos tratadistas suelen hacer la distinción entre las materias primas “brutas”, que son las que surgen de las actividades económicas primarias, y las que resultan de un procesamiento industrial básico o del reciclaje de los desechos industriales.

            En todo caso, las materias primas son la sustancia del trabajo industrial. Eso explica la avidez de los países desarrollados por asegurarse fuentes de abastecimiento de ellas, hasta el extremo de que promovieron guerras coloniales con este propósito. La <división internacional del trabajo se ha hecho a imagen y semejanza de las conveniencias de los países industriales, que compran materias primas en el mundo periférico  —fibras duras, caucho, maderas tropicales, algodón, tabaco, fosfatos, petróleo crudo, oleaginosas y miles de otros bienes primarios—  y le venden a cambio los productos finales de su industria. La detección de recursos naturales en cualquier parte del planeta por medio de los >satélites geoestacionarios tiene también la oculta intención de identificar desde el espacio los más importantes yacimientos de ellos, para su control ulterior.

            Es preciso diferenciar los concepto de materia prima y de <insumo. La materia prima se transforma mientras que el insumo se consume en el curso del proceso industrial. Por ejemplo, materia prima es la lana que se convierte en tela e insumos son los combustibles con que funciona la maquinaria textil y el aceite o la grasa con que se lubrica.

            Los economistas norteamericanos, sin embargo, no hacen estas distinciones. Engloban dentro de la palabra “input” todos los elementos tangibles e intangibles que se emplean para producir un bien o un servicio. Allí se incluyen los materiales, los insumos, el desgaste de las máquinas, la tecnología, el factor trabajo, los intereses del capital, los arrendamientos y todos los demás elementos que se precisan para producir algo. Por consiguiente, todo lo que ingresa en un proceso productivo determinado es el “input” y todo lo que egresa de él  —o sea los productos o los servicios—  es el “output”. Los economistas norteamericanos han simplificado hasta el extremo esta cuestión conceptual.

            La clásica división internacional del trabajo asignó a los países periféricos la misión de producir materias primas agrícolas, mineras y forestales para alimentar las usinas de los países industrializados. Esta fue la primera etapa de la lucha por la provisión de materias primas. A partir de ella el control de las fuentes de materias primas se convirtió en un objetivo estratégico de los grandes países, que utilizaron toda clase de arbitrios, desde las guerras colonialistas para apropiarse de los yacimientos hasta los modernos y sofisticados satélites geoestacionarios que detectan desde el espacio las fuentes de materias primas u obtienen información sobre el desarrollo de los cultivos en todo el planeta a fin de establecer el volumen previsible de las cosechas.

            Con el desarrollo de la nanociencia y de la >nanotecnología, que constituyen una nueva rama cientifico-tecnológica, se abrirá la posibilidad de producir nuevos y mejorados insumos y materias primas para abastecer las necesidades de la industria.

            Las investigaciones nanocientíficas y nanotecnológicas han descubierto que las materias experimentan cambios fundamentales en sus características, propiedades y comportamientos según la escala. Su resistencia, durabilidad, consistencia, conductividad eléctrica, reactividad, elasticidad, entre otras propiedades, cambian en función de su escala. Un mismo elemento tiene cualidades y disposiciones completamente diferentes a escala tradicional que a nanoescala, es decir, a escala millones de veces menor a un milímetro. Llámase “efecto cuántico” a la modificación de las propiedades físicas y químicas de la materia en función de su escala nanométrica.

            La nanotecnología, por tanto, estará en posibilidad de crear, a través de la producción molecular, nuevas y mejores materias primas, con características hasta hoy desconocidas en los materiales tradicionales.

            El objeto de estudio y de trabajo de la nanotecnología es la dimensión nanométrica de las cosas. Se sumerge en las escalas ínfimas de ellas, donde se originan los cambios fundamentales en las propiedades, características y comportamientos de la materia y, en la medida en que actúa sobre las estructuras moleculares y los átomos, descubre y aprovecha las cualidades totalmente nuevas de ellos. Utiliza como medida de longitud el nanómetro, que equivale a la millonésima parte de un milímetro.

            Estamos bajo los dinteles de una nueva revolución industrial: la revolución nanotecnológica, basada en el manejo y manipulación de partículas de escala ínfima, que se propone crear nuevos materiales, más eficientes, resistentes, versátiles y durables que los tradicionales. La nueva revolución industrial tendrá repercusiones en todos los ámbitos productivos, desde la química hasta la física cuántica, desde la medicina a la industria, desde la biología a la informática, desde la agricultura a los transportes, desde las comunicaciones a la robótica.

            Algunas de las materias primas tradicionales se verán amenazadas por la creación de los nuevos materiales fruto de la reorganización nanotecnológica de sus átomos. Tal es el caso, por ejemplo, del cobre. Los denominados nanotubos, que son moléculas largas y delgadas de carbono cristalino puro de uno a tres nanómetros de diámetro  —es decir, de una a tres milmillonésimas partes de un metro—  por varios milímetros de longitud, de forma tubular, reemplazarán a los cables de cobre puesto que ofrecen una conductividad eléctrica superior, sin pérdidas de energía. Cada nanotubo puede conducir hasta veinte microamperios de electricidad, de modo que un cable de media pulgada de grosor integrado por un haz de nanotubos tendría la capacidad de conducir más de cien millones de amperios de corriente eléctrica, o sea un volumen muy superior al del cobre y de la plata.

            Pero los nanotubos, además, son capaces de transmitir señales electrónicas a mucho mayor rapidez que los cables tradicionales de cobre o de aluminio. El profesor Peter Burke de la Universidad de California explicó en el 2005 que, según sus investigaciones, los nanotubos pueden transmitir señales electrónicas de un transistor a otro mucho más rápidamente que los materiales tradicionales, por lo que se abren grandes perspectivas de aplicación de las moléculas cilíndricas de carbono puro a la electrónica. Y es presumible, por tanto, que pronto el carbono reemplazará al cobre en el cableado de interconexión electrónica de los transistores.

 
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