“know how”

            Es la expresión inglesa que se usa para señalar el “cómo” de un proceso científico. Comprende los procedimientos tecnológicos y administrativos, en cualquier área de la ciencia, que son imprescindibles para la producción de un bien o servicio en términos de eficiencia técnica y de costes. No hay una palabra castellana que traduzca fielmente esta locución inglesa. La más aproximada es >tecnología, entendida como la aplicación del conocimiento científico a tareas prácticas.

            El know how  —o sea el “saber cómo”—  es en sentido amplio el conjunto ordenado de conocimientos empleados en las faenas del diseño, producción, distribucion y utilización de bienes y servicios económicos. Por consiguiente, no sólo abarca el saber científico y sus aplicaciones tecnológicas, producidos por la investigación y el desarrollo, sino también las destrezas y técnicas que en cada comunidad surgen de las actividades empíricas tradicionales por la vía de la invención, la imitación, la adaptación y el perfeccionamiento.

            Pero el know how no es un factor neutro en la economía puesto que es portador de valores. Los proveedores de él asumen un cierto poder y su transferencia es, en alguna medida, un proceso político porque condiciona la dirección, el ritmo y las posibilidades del desarrollo. Cuando se importa know how no vienen sólo los conocimientos sino también las relaciones de producción que les dieron origen y hasta ciertas características socioculturales del país exportador. De modo que la comercialización de este tipo de conocimientos rebasa lo puramente económico y puede llegar a significar un costo de soberanía.

            En los ámbitos empresariales hay un intenso espionaje para desentrañar los secretos del know how. Las empresas suelen infiltrar agentes con el propósito de robar las claves tecnológicas de sus competidoras o utilizar a los crackers — expertos informáticos que actúan por paga—  para robar información valiosa guardada en los sistemas de computación, dado que alrededor del 80% de la propiedad intelectual de las corporaciones en el mundo está almacenado en forma digital. A veces acuden a los empleados resentidos con sus empleadores  —los llamados insiders—  para que solos o en connivencia con gente de afuera  —los outsiders—  obtengan de los sistemas informáticos de las empresas en las que trabajan esa información confidencial.

 
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