kibbutz

                  La palabra viene del hebreo kibbus, que significa reunión, junta, colectividad o comuna. Se denominan así las granjas de Israel para la producción agropecuaria, trabajadas en forma colectiva y comunal por sus miembros. En ellas está prohibida la propiedad privada y la apropiación particular de los beneficios del trabajo común. Las cosas se producen y se consumen comunitariamente. La tierra pertenece al Estado, que la entrega en arriendo a la comunidad por períodos renovables de 49 años. Los usuarios pagan al Estado una renta anual por la ocupación de ella. En los kibbutzim no circula dinero. Los ingresos, que provienen del esfuerzo compartido, van a un fondo común. Los trabajadores reciben en bienes y servicios todo lo que necesitan para su vida y la de su familia. Cada uno labora según su capacidad y recibe en función de sus necesidades. Los niños son educados colectivamente por la comunidad.

                 El sistema del kibbutz fue implantado en Israel en 1909. Surgió del >sionismo socialista, mentalizado por el judío alemán Moses Hess (1812-1875), el judío ucraniano Dov Ber Borojov (1881-1917) y varios otros sionistas de izquierda de aquella época  —Nahum Sirkin, David Aron Godon, Berl Katzenelson—,  quienes sostenían el retorno al campo, el cultivo comunitario de la tierra y la organización de la clase trabajadora judía dentro y fuera de las ciudades.

                 Con la formación del Estado de Israel en 1948, los kibbutzim se extendieron enormemente en el territorio israelí: más del 45% de la tierra agrícola se cultivaba con este sistema y, a pesar de que apenas el 2,9% de la población económicamente activa trabajaba en los kibbutzim, éstos tenían una producción agropecuaria desproporcionadamente alta y desempeñaban un rol vital en la economía de Israel.

                 Los kibbutzim, además, desempeñaron un papel importantísimo en la consolidación y progreso del Estado israelí y en la defensa de sus fronteras.

                 Esta es una organización del trabajo sui generis. Tiene un carácter fuertemente comunitario. Sus actividades estuvieron fuera de la economía de mercado. Fue, sin duda, uno de los sistemas mejor logrados de colectivismo en la producción y distribución de bienes. Allí se hizo realidad el viejo e incumplido postulado de a cada uno según sus necesidades y de cada uno según sus capacidades, que se ha considerado como la fórmula óptima, desde el punto de vista de la justicia social, para la distribución del ingreso.

                 En 1972 el filósofo, escritor, dramaturgo, crítico literario y ectivista político francés Jean-Paul Sartre dijo del kibbutz que era una "atalaya del socialismo" en el seno de los regímenes feudales del Oriente Medio.

                 El kibbutz es una organización voluntaria, a la que se puede entrar y salir libremente. La persona que ingresa no debe pagar una cuota de admisión ni tiene que hacer inversión alguna: basta con su compromiso de vivir y trabajar de acuerdo con las normas comunitarias. Y, si decide abandonarlo, sólo puede llevar consigo sus pertenencias personales y una suma de dinero que, en función de sus necesidades, se ha ganado con su trabajo.

                 Uno de los principios fundamentales de esta forma de trabajo es que no hay jerarquización en las tareas desempeñadas: todas tienen la misma importancia y la remuneración depende de las necesidades del trabajador. Da igual que se cumplan funciones de planificación o dirección, o que se conduzca un tractor, o que se atienda la cocina de la organización, o que se impartan enseñanzas en la escuela del kibbutz. Todas las funciones representan el mismo valor.

               En estas granjas colectivas se desarrolla la filosofía del kibbutz de orientación socialista, que inculca un espíritu solidario, laborioso y austero a todos sus miembros. Su sistema educativo se rige por estos principios. El propósito es formar seres humanos diferentes, que puedan vivir satisfechos en un sistema de producción socialista en el que se ha suprimido el dinero, eliminado la retribución individual por el trabajo, establecido un sistema colectivo de consumo e implantado un régimen de distribución de beneficios en virtud del cual cada quien entrega toda su capacidad de trabajo a la comunidad y recibe de ella lo necesario para satisfacer sus necesidades. Como escribió el empresario industrial norteamericano Murray Weingarten en su obra "Life in a kibbutz" (1956), “la finalidad de los kibbutzim (...) no sólo era formar unas nuevas estructuras socioeconómicas, sino producir un nuevo hombre, cuyas características diferirían totalmente de las de sus antepasados. Este nuevo hombre ha de ser producido de tal modo que  —desde su primera infancia—  incorpore a su personalidad el socialismo cooperativo y democrático”.

                 Sin embargo, a lo largo del tiempo la organización de los kibbutzim ha hecho algunas concesiones a las ideas y principios del capitalismo y ha perdido buena parte de su socialismo original. Aunque sigue siendo una comuna colectiva principalmente agrícola, la propiedad comunitaria de los bienes y de sus utilidades, que era uno de sus principios básicos, ha perdido fuerza bajo el peso del mundo globalizado de este siglo. Esto se ha debido, en mucho, a la presencia de judíos de origen ruso que vivieron las experiencias de la Unión Soviética y que no quieren saber nada de colectivismo. Las actividades del kibbutz, sin abandonar la agricultura, se han ampliado hacia la industria, la metalurgia, el comercio, la electrónica y la investigación tecnológica bajo la influencia de los parámetros del capitalismo occidental.

                 Muchas de estas granjas colectivas están articuladas a sus propias industrias y agroindustrias que tienen un altísimo rendimiento y que representan una parte muy importante del producto interno bruto de Israel. Estos complejos industriales y agroindustriales integrados abren posibilidades en el campo de la ingenieria industrial a jóvenes que se inclinan por este trabajo antes que por la agricultura. Operan en la metalurgia, metalmecánica, plásticos, productos eléctricos y electrónicos, madera y muebles, empaque de aves, desmontaje de algodón o alimentos preparados. Han incorporado la más moderna tecnología electrónica a sus operaciones y han entrado con mucha fuerza al mercado con su oferta de bienes y productos manufacturados.

                 La estructura administrativa del kibbutz se rige por métodos democráticos. En sus órganos directivos y administrativos participan sus miembros, en forma rotativa. El trabajo es voluntario. Hay una rotación permanente en los puestos de mando y de servicio. Los miembros más antiguos son destinados al desempeño de tareas apropiadas a su estado de salud y vitalidad. Las diferentes funciones se llenan por elecciones. Son reconocidas las necesidades especiales de los artistas y escritores, a quienes se otorga el tiempo necesario para que lleven a cabo sus propios proyectos. Los jóvenes con talentos y necesidades especiales son debidamente atendidos. La asamblea general es el órgano de mayor autoridad y en ella participan todos los miembros de la organización para dar a conocer sus opiniones y tomar parte en sus decisiones, que se adoptan por mayoría. La asamblea se reúne semanalmente. De ella se desprenden el secretariado general (compuesto por el secretario general, el tesorero, el representante externo, el administrador económico y otros funcionarios), que es la autoridad ejecutiva más alta, y varias comisiones permanentes: la de asuntos económicos,  que tiene de 7 a 15 miembros; la de problemas sociales, que atiende las necesidades de habitación, conflictos personales y otras cuestiones de la vida comunitaria; y la de trabajo, que estudia y programa las actividades productivas, organiza el trabajo colectivo, distribuye las tareas entre los miembros de la granja y decide sobre la admisión de nuevos socios; la de cultura y educación, que organiza las actividades de estudio y aprendizaje; la de reacreación, que promueve las actividades deportivas, el uso del tiempo libre y la organización de las vacaciones anuales; y la de seguridad y defensa, que vela por el orden y la protección dentro del kibbutz.

                 En el año 2012 había en Israel 274 kibbutzim  —con entre 40 y 1.000 miembros cada uno—  que desarrollaban un alto porcentaje de la actividad productiva israelí.

                 En síntesis, la actividad agropecuaria en Israel se realiza a través de tres sistemas de producción: la hacienda privada cultivada en forma independiente por el granjero y su familia, la unión de granjas privadas para la explotación cooperativa  —llamada >moshav—  y la granja colectiva denominada kibbutz.

 
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