“joint venture”

            Expresión inglesa con la que se designa la asociación transitoria de personas y capitales para emprender en una determinada actividad de la producción económica, en términos tales que los socios comparten las responsabilidades, los riesgos y las utilidades de la operación. Ellos pueden poner en común, con finalidad de lucro, aportaciones dinerarias, bienes, valores, conocimientos tecnológicos, trabajo, marcas de fábrica o patentes y formar con ellos una empresa ocasional para afrontar un determinado proyecto productivo.

            Esta modalidad de inversión se originó en Estados Unidos como resultado de la práctica empresarial observada desde fines del siglo XIX, en el marco de la tendencia al pragmatismo y a la flexibilidad que ha caracterizado la conducta económica norteamericana. El joint venture pudo formarse y disolverse rápida e informalmente y con un mínimo de gastos. Fue una magnífica respuesta a la creciente velocidad de las operaciones económicas en el mundo moderno.

            Desde sus orígenes, el joint venture  —llamado también joint adventure o joint enterprise—  fue un consorcio formado por grandes empresas que, en lugar de competir entre ellas, se asociaron para alcanzar un contrato importante de provisión de bienes o de construcción de obras públicas. La individualidad de las empresas coligadas no desapareció en el seno del consorcio ni los participantes ocultaron su intervención. Los derechos y obligaciones entre ellos, en virtud del contrato de asociación, fueron los propios de los socios, que participan en los beneficios o en las pérdidas de la operación, pero en cuanto a su responsabilidad frente a terceros, puesto que el consorcio no constituyó una nueva persona jurídica  —no fue una “legal entity”, que dirían los juristas norteamericanos—  ellos respondían individualmente y con su patrimonio de las obligaciones contraídas.

            No hay en castellano una expresión que defina exactamente lo que es el joint venture en la usanza empresarial norteamericana. Es una suerte de “asociación accidental” o de “empresa conjunta” de personas y de capitales para afrontar un determinado proyecto económico, que dura el tiempo necesario de su ejecución. Los juristas franceses lo consideran como una société momentanée. En los países latinoamericanos del cono sur se suele utilizar la expresión poco castiza de “emprendimiento conjunto” para designar esta relación económica. No es una sociedad a largo o mediando plazo, como las sociedades convencionales, sino de corta duración. No va más allá de la conclusión del respectivo proyecto. Tiene algunas semejanzas con lo que en el Derecho societario latinoamericano se denomina “sociedad de hecho” o con el contrato de “cuentas en participación”, aunque no es exactamente lo mismo.

            El llamado joint venture no se concreta en una sociedad formal, como la compañía la anónima, la colectiva, la de responsabilidad limitada, de nombre colectivo, comanditaria, en comandita por acciones, de economía mixta, etc., ni forma una persona jurídica nueva y diferente de las que la constituyen. Por consiguiente, las responsabilidades frente a terceros las deben afrontar los sujetos del convenio de joint venture. Esto significa que la existencia de esta asociación accidental es inoponible frente a terceros, o lo que es lo mismo, que los empresarios del joint venture deben responder individualmente por las obligaciones que haya contraído la asociación.

            Algunos juristas incluso no la consideran una asociación, aunque se funde en un contrato, sino simplemente un “mecanismo operativo” para llevar adelante un determinado proyecto económico, en el que se establece un sistema de colaboración de diversas personas o empresas.

            El contrato de joint venture puede ser nacional o internacional, según lo suscriban personas o empresas de distintas nacionalidades o solamente del país de origen.

 
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