inversión

            Es uno de los destinos posibles del dinero. No va hacia gastos de consumo, ni suntuarios, ni al atesoramiento sino hacia funciones reproductivas. Por tanto, es un elemento fundamental del <desarrollo. Los países avanzados se caracterizan por tener altas tasas de <ahorro e inversión. Lo cual significa que hay en ellos elevados índices de acumulación de capital que se destinan a actividades de la producción. Ahorro e inversión están íntimamente vinculados en el proceso del desarrollo. El ahorro está orientado hacia la inversión, sea que la haga directamente el ahorrador, sea que su dinero sirva para satisfacer las necesidades de financiación de otra persona.

            La inversión es el flujo de recursos reales que se dedican a instalaciones y equipos de producción o que se colocan en activos rentables, en contraposición con los que se destinan al consumo. En muchos casos las personas hacen el sacrificio del bajo consumo en aras de la mayor producción. Para entender bien el concepto es preciso tener en cuenta que inversión y consumo tienen, desde esta perspectiva, significaciones contrapuestas. La inversión está dirigida hacia la adquisición de inmuebles, equipos, maquinarias, instalaciones y activos financieros, todos ellos con fines productivos, mientras que el consumo es el empleo de recursos económicos en bienes fungibles o suntuarios para la satisfacción personal de necesidades o de vanidades.

            Podría decirse también que la inversión es la formación o incremento neto de capital en un determinado período de tiempo. Es el empleo productivo de los bienes económicos, o sea la actividad de la que resulta una cantidad de bienes mayor que la empleada en producirlos. En este sentido la inversión está dada por la diferencia entre el capital existente al final y al comienzo de dicho período, diferencia que puede ser positiva o negativa, según que haya habido inversión o desinversión. La inversión constituye y reconstituye el capital. Es, por tanto, el gasto hecho en bienes de capital o en actividades de producción que rendirán un beneficio a corto, mediano o largo plazo.

            Los economistas clásicos y los neoclásicos, tanto como el británico Jonh Maynard Keynes (1883-1946) y sus seguidores, elaboraron diferentes teorías de la inversión para tratar de explicar las variables que inciden en los volúmenes de inversión dentro de una economía. Los clásicos dieron mucha importancia a la relación interés-salario, a través de la cual explicaron la intensificación del factor capital o del factor trabajo en el proceso de la producción, partiendo de la idea de la completa maleabilidad de esa relación y, por tanto, de la posibilidad siempre abierta de sustituir el un factor por el otro. La conclusión a la que llegaron fue que el flujo de la inversión se moverá en forma inversamente proporcional al nivel de los tipos de interés, a los que consideraron la única y fundamental variable que determina el volumen de inversión. Pero veían siempre posible, naturalmente, compensar la baja de la inversión por el uso intensivo del factor trabajo para disminuir los costes de producción.

            Los economistas de la línea keynesiana, en cambio, desarrollaron una teoría de la inversión diferente, en la que sostuvieron que, dadas unas existencias de capital y una tecnología determinadas, la demanda agregada de inversión no solamente dependía de las tasas de interés, a las que concedían un valor muy subalterno, sino principalmente de las expectativas de beneficio de los empresarios. De modo, entonces, que ella dependía de dos variables y no sólo de una, como sostenían los neoclásicos. Estos, sin embargo, acusan a Keynes de no haber sido lo suficientemente claro en la diferenciación de lo que es el capital, entendido como un stock, y de lo que es la inversión, entendida como el flujo que lo aumenta o disminuye.

            Los economistas suelen diferenciar la inversión real y la inversión financiera, según los recursos económicos se destinen a la adquisición de bienes de producción o a la de activos financieros rentables, como los depósitos bancarios de ahorro o a plazo, los bonos a corto o largo plazo, los títulos representativos de crédito comercial, las acciones y participaciones en empresas. La diferencia principal entre estas dos formas de inversión es que los fondos destinados a la primera sirven para adquirir bienes de capital productivo con los cuales se aumentará la producción futura de la economía mientras que la inversión financiera es el trasvase de fondos de unas unidades económicas a otras, destinados al incremento del gasto en general, incluido el de consumo.

            Usualmente se distingue también la inversión pública de la privada. La primera es la que hace el sector público en obras de infraestructura económica y social, en equipos para la prestación de los servicios básicos, en edificios e instalaciones y en empresas públicas de producción. La segunda comprende el gasto efectuado por las empresas privadas, las instituciones particulares sin fines de lucro y las personas en la adquisición de bienes de capital, existencias, tierras, inmuebles, viviendas y otros bienes de consumo duradero.

            En los sistemas capitalistas la inversión privada es un componente muy importante de la inversión total agregada mientras que en los países marxistas la totalidad de la inversión correspondía al Estado.

            La inversión privada puede producirse dentro de los países o fuera de ellos. La tendencia actual, en el marco de la llamada <globalización de la economía, es la de invertir fuera de las fronteras nacionales. A estos capitales se les denomina inversión extranjera desde el punto de vista del país receptor. El periodista francés Servan-Schreiber escribió hace varias décadas, en su libro “El Desafío Americano” (1967), que antes de terminar el siglo XX la primera potencia económica mundial serán los Estados Unidos y la segunda, las inversiones de las empresas norteamericanas en el exterior. La avalancha de inversiones japonesas y europeas en Estados Unidos que vino después, alentadas por su gigantesco mercado y por precios equivalentes de la mano de obra, si bien de alguna manera han modificado el esquema de Servan-Schreiber, no han alterado en lo fundamental su aserción de que las corporaciones transnacionales estadounidenses con sus inversiones en el exterior se convertirán pronto, si acaso no lo son ya, en la segunda potencia económica del mundo.

 
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