internacional socialista

          Es la más antigua y más amplia asociación política internacional. Agrupa a más de 161 partidos socialdemócratas, socialistas y laboristas de todos los continentes, que representan varios centenares de millones de electores, y varias organizaciones fraternales y asociadas.

            De los partidos integrantes: unos son miembros plenos (full member parties), otros son partidos consultivos (consultative parties) y otros, partidos observadores (observer parties).

            Son miembros plenos:

            Albania: Partido Socialdemócrata y Partido Socialista; Alemania: Partido Socialdemócrtata (SPD); Andorra: Partido Socialdemócrata; Angola: MPLA; Argelia: Frente de las Fuerzas Socialistas; Argentina: Partido Socialista y Unión Cívica Radical; Armenia: Partido Socialista Armenio; Aruba: Movimiento Electoral del Pueblo (MEP); Australia: Partido Laborista; Austria: Partido Socialdemócrata; Barbados: Partido Laborista; Bélgica: Partido Socialista (PS) y Partido Socialista (SPA); Benín: Partido Socialdemócrata; Bosnia y Herzegovina: Partido Socialdemócrata; Brasil: Partido Democrático Laborista (PDT); Bulgaria: Partido Socialista Búlgaro y Socialdemócratas de Bulgaria; Cabo Verde: Partido Africano de la Independencia de Cabo Verde; Camerún: Frente Socialdemócrata; Canadá: Nuevo Partido Democrático; Chile: Partido por la Democracia, Partido Radical Social Demócrata y Partido Socialista; Chipre: Movimiento de los Socialdemócratas; Colombia: Partido Liberal; Costa Rica: Partido Liberación Nacional; Croacia: Partido Socialdemócrata; Curazao: Movimiento para unas Nuevas Antillas; Dinamarca: Partido Socialdemócrata; Ecuador: Partido Izquierda Democrática; Eslovaquia: Partido de la Izquierda Democrática y Partido Socialdemócrata; España: Partido Socialista Obrero Español (PSOE); Estados Unidos de América: Socialistas Democráticos de América; Estonia: Partido Socialdemócrata; Finlandia: Partido Socialdemócrata; Francia: Partido Socialista; Gran Bretaña: Partido Laborista; Grecia: Movimiento Panhelénico Socialista PASOK); Guatemala: Unidad Nacional de la Esperanza (UNE); Guinea: Asamblea del Pueblo; Guinea Ecuatorial: Convergencia para la Democracia Social; Haití: Partido Fusión de los Socialdemócratas Haitianos; Hungría: Partido Socialdemócrata Húngaro y Partido Socialista; Irlanda: Partido Laborista; Irlanda del Norte: Partido Socialdemócrata y Laborista; Islandia: Partido Socialdemócrata; Israel: Partido MERETZ; Italia: Demócratas de Izquierda y Partido Socialista Italiano; Japón: Partido Socialdemócrata; Líbano: Partido Socialista Progresista; Lituania: Partido Socialdemócrata Lituano; Luxemburgo: Partido Obrero Socialista; Malasia: Partido Acción Democrática; Malí: Partido Africano para la Solidaridad y la Justicia y Asamblea para Malí; Marruecos: Unión Socialista de las Fuerzas Populares; Mauricio: Movimiento Militante de Mauricio y Partido Laborista; México: Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Partido de la Revolución Democrática (PRD); Moldova: Partido Democrático; Mongolia: Partido del Pueblo; Mozambique: Partido Frelimo; Nambia: SWAPO; Nepal: Partido Nepalí del Congreso; Nicaragua: Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN); Níger: Partido para la Democracia y el Socialismo; Noruega: Partido Laborista; Países Bajos: Partido Laborista; Pakistán: Partido del Pueblo; Panamá: Partido Revolucionario Democrático (PRD); Paraguay: Partido País Solidario; Perú: Partido Aprista Peruano; Polonia: Alianza de la Izquierda Democrática y Unión Laborista; Portugal: Partido Socialista; Puerto Rico: Partido Independentista Puertorriqueño; República Checa: Partido Socialdemócrata; República Dominicana: Partido Revolucionario Dominicano (PRD); Rumania: Partido Socialdemócrata; San Marino: Partido de los Socialistas y de los Demócratas; Senegal: Partido Socialista; Serbia: Partido Demócrata; Sudáfrica: Congreso Nacional Africano; Suecia: Partido Socialdemócrata Sueco; Suiza: Partido Socialdemócrata Suizo; Turquía: Partido Republicano del Pueblo; Uruguay: Nuevo Espacio y Partido Socialista; Venezuela: Acción Democrática y Movimiento al Socialismo (MAS); Yemen: Partido Socialista; Zimbabue: Movimiento para el Cambio Democrático (MDC).

             Son partidos consultivos:

            Antigua: Partido Laborista; Belarús: Partido Socialdemócrata; Federación Rusa: Partido Una Rusia Justa; Filipinas: Partido Acción de los Ciudadanos y Partido Socialista Democrático; Gabón: Partido Gabonés del Progreso; Gambia: Partido Democrático Unido; Guinea-Bissau: Partido Africano de Independencia de Guinea y Cabo Verde; Irán: Partido Democrático del Kurdistán Iraní (PDKI); Kazajstán: Partido Socialdemócrata de toda la Nación; Paraguay: Partido Democrático Progresista; Timor-Leste: FRETILIN; Togo: Convención Democrática de los Pueblos Africanos; Ucrania: Partido Socialdemócrata; y Venezuela: PODEMOS.

            Son partidos observadores:

            Albania: Partido Socialdemócrata (PSD); Barbados: Partido Laborista; Botsuana: Frente Nacional de Botsuana; Burkina Faso: Partido por la Democracia y el Progreso/Partido Socialista; Burundi: FRODEBU; Colombia: Polo Democrático Alternativo (PDA); Dominica: Partido Laborista; Eslovenia: Social Demócratas; Groenlandia: Siumut; Haití: Organización del Pueblo en Lucha; Israel: Partido Laborista; Jamaica: Partido Nacional del Pueblo; Kenia: Partido Laborista; Kirguistán: Ata Meken; Letonia: Partido Obrero Socialdemócrata Letonés; República Yugoeslava de Macedonia: Unión Socialdemócrata de Macedonia; República Centroafricana: Movimiento para la Liberación del Pueblo Centroafricano; República Democrática del Congo: Unión para la Democracia y el Progreso Social; Sahara Occidental: Frente Polisario; Saint Kitts y Nevis: Partido Laborista; Santa Lucía: Partido Laborista; San Vicente y las Granadinas: Partido Laborista de Unidad; Serbia: Partido Socialdemócrata; Túnez: Foro Democrático para el Trabajo y las Libertades; y Turquía: Partido por la Paz y la Democracia.

            Son organizaciones fraternales:

            La Internacional Socialista de Mujeres, el Movimiento Internacional de los Halcones, la Internacional Socialista para la Educación y la Unión Internacional de Juventudes Socialistas.

            Son organizaciones asociadas:

            El Bund Laborista Judío, la Confederación Deportiva Internacional Laborista, la Federación Internacional de la Prensa Socialista y Democrática, el Grupo Socialista en el Parlamento Europeo, el Grupo Socialdemócrata del Parlamento Latinoamericano, el Instituto Nacional Democrático para Asuntos Internacionales, la Liga Internacional de Religiosos Socialistas, el Movimiento Zionista Laborista Mundial, el Partido de los Socialistas Europeos y la Unión Internacional Socialdemócrata para la Educación.

            Según los estatutos de la Organización, los miembros plenos tienen derecho a voz y voto en sus órganos colegiados, los consultivos solamente a voz y los observadores únicamente a asistir a las reuniones.

            A partir de la caída del Muro de Berlín hubo una avalancha de partidos de Europa oriental y de Asia  —Albania, Hungría, Estonia, Polonia, República de Eslovaquia, Eslovenia, Rumania, Armenia, Azerbaiján, Bosnia-Herzegovina, Georgia y otros más—  que pugnaron por entrar a ella y algunos pudieron hacerlo. El ingreso de estos partidos gracias a su conversión ideológica significa históricamente el triunfo del socialismo democrático y de la socialdemocracia sobre el comunismo tras la interminable disputa doctrinal en que se vieron comprometidos desde mediados del siglo XIX. Los hechos han terminado por dar la razón al teórico socialdemócrata alemán Eduard Bernstein (1850-1932) y a cuantos otros desde aquel tiempo han sostenido la posibilidad y la conveniencia de combinar la libertad con el socialismo.

            Son órganos de gobierno y administración de la Internacional Socialista: el Congreso, el Consejo, el Presidium, el Comité de Administración y Finanzas y el Secretariado.

            El Congreso, que se reúne cada tres años, es el órgano de mayor autoridad. Entre sus atribuciones están la de reformar la declaración de principios y los estatutos de la Organización y la de aceptar, previa recomendación del consejo y con el voto favorable de los dos tercios de sus integrantes, a nuevos miembros. Cada uno de los partidos que ostentan la calidad de miembros plenos y organizaciones fraternales tiene derecho a acreditar una delegación de hasta ocho personas al congreso, los partidos consultivos y las organizaciones asociadas hasta cuatro y los partidos observadores tres.

            El Consejo, integrado por un delegado de cada uno de los miembros plenos, convoca al congreso, le recomienda nombres para la elección de presidente, vicepresidentes y secretario general, sugiere la admisión o expulsión de sus miembros, aprueba el presupuesto anual presentado por el comité de administración y finanzas y, en receso del congreso, ejerce algunas de sus atribuciones.

            El Presidium, integrado por el presidente, los vicepresidentes y el secretario general, se encarga de discutir y preparar asuntos específicos.

            El Comité de administración y finanzas se compone de 15 partidos miembros y organizaciones fraternales. Tiene a su cargo el manejo de las finanzas de la I. S. y la contratación de créditos mayores a 50.001 dólares.

            El presidente y los vicepresidentes son elegidos por el congreso. El presidente o, en su falta, uno de los vicepresidentes, preside las reuniones del Congreso, del Consejo y del Presidium. El secretario general supervisa las funciones administrativas de la Organización, cuida sus archivos y contrata al personal del secretariado, cuya sede está en Londres.

            La Internacional Socialista ha creado además comités especiales para atender asuntos regionales de África, América Latina y el Caribe, Asia y el Pacífico, Europa central y oriental, Oriente Medio y el Mediterráneo, así como comités y grupos de trabajo encargados de temas específicos: economía, cohesión social, medio ambiente, cuestiones de la paz, democracia, derechos humanos, pactos de estabilidad, la cuestión kurda, el acuerdo de Kioto, la Organización Mundial del Comercio y otros temas.

            El Congreso de la Internacional Socialista se reúne cada tres años y su Consejo dos veces al año. Estos son los organismos supremos en la toma de decisiones. Se suele convocar también el presidium de vez en vez.

            El secretariado, con sede en Londres, coordina las actividades de la Organización, convoca sus reuniones y conferencias, emite declaraciones de prensa y produce sus publicaciones, entre ellas la revista “Socialist Affairs”.

            La Internacional Socialista cuenta con estatus consultivo en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y trabaja en el ámbito internacional con un gran número de otras organizaciones.

            El  excanciller  alemán  Willy  Brandt,  premio  Nobel de la Paz en 1971  —cuyo verdadero nombre, abandonado desde su exilio en Noruega en 1933, era Karl Herbert Frahm—,  fue Presidente de la I. S. desde 1976 hasta su muerte en 1992; Pierre Mauroy, exprimer ministro de Francia en el gobierno de François Mitterrand, fue elegido para este cargo en 1992 y reelegido en 1996; el XXI Congreso celebrado en París del 8 al 10 de noviembre de 1999 eligió como Presidente al Secretario General del Partido Socialista portugués y Primer Ministro de Portugal, Antonio Guterres, y reeligió al chileno Luis Ayala como su Secretario General; el Consejo de la I. S., en su reunión del 30 y 31 de enero del 2006 en Atenas, designó como Presidente a George A. Papandreou, líder del Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK), quien fue reelegido en el XXIV Congreso de la I. S. reunido del 30 de agosto al 1 de septiembre del 2012 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

            La Internacional Socialista, en su forma actual, fue fundada en 1951 durante el congreso celebrado en Frankfurt, aunque sus orígenes se remontan a 1864, en que se formó la Primera Internacional. Su historia está llena de vicisitudes no sólo por las asechanzas de gobiernos y fuerzas políticas que en el pasado vieron en ella la peligrosa amenaza de un “misterioso” poder, sino también por las contradicciones y litigios ideológicos y políticos que se desarrollaron en su seno. En el siglo XIX los gobiernos de Francia y España dictaron leyes especiales para perseguirla y el papa la declaró “enemiga de Dios y del hombre”.

            El antecedente histórico de la Internacional Socialista fue la Primera Internacional fundada en Londres el 28 de septiembre de 1864. Su creación estuvo inspirada por Carlos Marx y fue ejecutada por los líderes de la clase trabajadora de Francia e Inglaterra, quienes convocaron a los representantes laborales de varios países europeos para sentar las bases de una organización obrera internacional que respondiera a la consigna de 1848: “Proletarios de todos los países, uníos”.

            En consonancia con las ideas de Carlos Marx, quien venía clamando por la unión y buen entendimiento de los trabajadores de Europa, el 28 de septiembre de 1864 se juntaron en el Saint Martin’s Hall de Londres numerosos líderes laborales y sindicalistas principalmente europeos, de tendencia socialista, comunista, anarquista, anarco-sindicalista  —mezclados con nacionalistas mazzinianos, demócratas franceses, tradeunionistas británicos e independentistas polacos, en un amplio espectro ideológico—  y constituyeron la Asociación Internacional de Trabajadores, mejor conocida con el nombre abreviado de Primera Internacional. Después de largas y tormentosas discusiones aprobaron el denominado Manifiesto Inaugural  —en cuya redacción participó Marx—,  en el que se postulaba la necesidad de la unión de los trabajadores de todos los países para la conquista de sus derechos, se impugnaba el orden social prevaleciente  —en el que había deberes sin derechos para los trabajadores y los campesinos y derechos sin deberes para los minoritarios grupos de la burguesía—  y se promovía “la ayuda mutua, el progreso y la completa liberación de la clase obrera”.

            En la asamblea fundacional se aprobó también el Estatuto de la nueva organización laboral internacional, cuyo breve texto refrendaba la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores y establecía sus principales autoridades: el Congreso anual, el Consejo General y el Secretario General.

            El investigador social ecuatoriano Plutarco Naranjo, en su obra “La I Internacional en Latinoamérica” (1977), que contiene un largo y bien fundamentado estudio sobre el tema, afirma que fueron muchos los tropiezos que tuvo que afrontar la organización obrera internacional. Primero fue la permanente y crispada pugna ideológica interna entre marxistas y anarquistas y entre revolucionarios y reformistas. Luego el entorno hostil, que tornaba peligrosa y difícil la militancia en ella. En Francia era un delito pertenecer a la Internacional y en los demás países europeos se perseguía a quienes formaban filas en ella.

            En tales circunstancias  —escribe Naranjo—,  “Engels propuso el traslado de la sede del Consejo General a Nueva York”. Cosa que se hizo en 1872, donde funcionó hasta la disolución de la Internacional en el curso de su VII Congreso, reunido en Filadelfia, en julio de 1876.

            Pero, a pesar de su temprana implosión, la Primera Internacional dejó un importante legado a los trabajadores del mundo: contribuyó a la formación de su conciencia de clase, marcó el inicio práctico del internacionalismo proletario, alentó la lucha obrera por la conquista de sus derechos, postuló mejores condiciones de trabajo  —entre ellas, la jornada de ocho horas—,  estimuló la organización sindical, retomó la consigna del Manifiesto Comunista: "proletarios de todos los países, uníos"  —consigna que apareció por primera vez en 1847, en el periódico publicado por la Liga de los Comunistas—  y señaló la toma del poder político como “el supremo deber del proletariado”.

            La formación de esta organización internacional produjo un gran entusiasmo entre los trabajadores del mundo, que habían idealizado el concepto de “internacional” bajo la influencia de los poetas, pintores y cantores de la lucha proletaria que habían ensalzado la unidad de los obreros por encima de las fronteras nacionales. Por esos años el himno de combate del obrerismo era “La Internacional”, cuya letra fue compuesta por el socialista francés Eugene E. Pottier en 1871 y la música por el compositor belga Pierre Chretien Degeyter en 1888.

            La Primera Internacional, no obstante su corta existencia (1864-1876), fue un hecho muy importante en la historia del >socialismo porque representó el primer intento organizado de concertar acciones obreras a escala internacional. Fue una organización amplia y en cierto modo pluralista de los trabajadores. Acogió a las diversas corrientes de opinión que se expresaban dentro del movimiento obrero. Estuvieron allí sindicalistas de orientación marxista, revisionista, reformista, utopista y anarquista. Probablemente esta heterogeneidad ideológica conspiró contra su permanencia. Muy pronto los seguidores del filósofo y político francés Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865) abrieron fuegos contra los partidarios de Marx a propósito de una serie de temas laborales  —duración de la jornada, el trabajo de las mujeres y los niños, el papel de los sindicatos, etc.—  y políticos  —la abolición del Estado, la participación obrera en las elecciones, el alistamiento militar de los obreros, la educación estatal—  cuya discusión se promovió en su interior con particular virulencia.

            La Primera Internacional se convirtió en un campo de batalla de distintas ideas y fue allí donde se iniciaron las encendidas disputas entre marxistas y anarquistas que se proyectaron después en toda Europa. Los anarquistas sostenían la inmediata abolición del Estado y repudiaban a los marxistas su intención de retener el >poder político como medio de control social. Esto resultaba inadmisible para los seguidores de Proudhon, quienes consideraban que todo poder, sin excepción alguna, era un instrumento de coerción y tiranía que debía ser abolido.

             La lucha ideológica entre el >marxismo y el proudhonismo acompañó toda la vida de la Internacional y terminó por destruirla.

            Sobre su ya resquebrajada estructura, afectada adicionalmente por la exclusión de los anarquistas en el congreso de Basilea de 1869, incidió un nuevo factor que causó en ella una brecha irremediable: la guerra franco-prusiana de 1870. Cuando los trabajadores de los dos países fueron convocados a las armas entraron en conflicto dos sentimientos muy arraigados en el espíritu de ellos: el repudio a la guerra como instrumento imperialista, que tanto se había predicado en las filas obreras, y la lealtad a la patria amenazada. Viejo conflicto que las ideas marxistas incubaron en la conciencia de los trabajadores. ¿Debe el obrero ir a la guerra a sabiendas de que ésta no es más que una maniobra del gran capital en defensa de sus intereses egoístas? ¿Debe el trabajador dejarse arrastrar por el “social-patriotismo” y por el <chovinismo burgués infundidos por los manipuladores del poder económico? ¿O debe mantenerse leal al principio de que los trabajadores no tienen patria? Esta controversia dividió definitivamente al movimiento obrero europeo y terminó por aniquilar la Primera Internacional, que fue formalmente disuelta en el congreso reunido el Filadelfia en julio de 1876

            Después vino la Segunda Internacional fundada en el congreso celebrado en París el 14 de julio de 1889  —un siglo después de la toma de la Bastilla—  que tuvo un carácter marcadamente político puesto que fue la asociación de partidos obreros antes que de organizaciones sindicales. Aunque formalmente se abrió hacia diversos sectores ideológicos, todos ellos de izquierda naturalmente, estuvo controlada por los partidos marxistas. Adoptó, en consecuencia, las ideas fundamentales de Marx: el materialismo dialéctico, el materialismo histórico y, como doctrina económica, la teoría del valor, la teoría de la plusvalía y las leyes del desarrollo capitalista, que fueron los tres elementos fundamentales de la formulación económica de Marx.

            Esta Internacional tuvo también corta vida porque en ella gravitaron los mismos factores disolventes que en la anterior.

            Prosiguieron, cada vez con mayor fuerza, no sólo las controversias entre marxistas y anarquistas sino también los encendidos debates en que se enredaron los propios líderes y pensadores marxistas. Las discusiones abarcaron un espectro muy amplio de cuestiones, desde la forma de celebrar el primero de mayo hasta la viabilidad de la <dictadura del proletariado.

            Fueron célebres las disputas ideológicas entre Eduard Bernstein y Rosa Luxemburgo en torno a la revolución, a las clases sociales, a la plusvalía y a otros temas fundamentales del marxismo, o las que enfrentaron a Enrique Ferri contra Karl Kautsky sobre la participación de los socialistas en gobiernos burgueses.

            Los congresos de la Internacional fueron los escenarios de algunas de estas discusiones.

            En 1899 se suscitó una discrepancia que estremeció las bases de la organización: fue el llamado “affair Millerand”. Un socialista aceptó formar parte de un gabinete burgués en Francia. Fue Alexandre Millerand que entró al gobierno Waldeck-Rousseau. Esto armó la gran discusión en el seno de la Internacional. Una parte de los socialistas franceses consideraba que era una buena oportunidad para acumular experiencia de gobierno. Pero esta posición implicaba sin duda un cuestionamiento tácito a la tesis de que el camino para la toma del poder era la revolución, que había sostenido siempre la ortodoxia marxista. En cambio, los sectores blanquistas y sindicalistas consideraron esa actitud como una verdadera “traición” a la causa de los trabajadores. Este fue uno de los temas de mayor discusión en el congreso de 1899 y posteriormente porque el caso Millerand se repitió en otros países y en otros escenarios.

            De esta manera se acentuaron las diferencias ideológicas y tácticas, que habían empezado a dibujarse mucho antes, entre las dos grandes orientaciones del socialismo: la revolucionaria y la reformista, que fueron la causa del divorcio definitivo entre los partidos marxistas y los socialdemócratas.

            Esas discrepancias debilitaron a la organización internacional que recibió el tiro de gracia, igual que lo que había ocurrido con su antecesora, con la iniciación de la Primera Guerra Mundial que rompió al movimiento obrero en dos grandes fracciones: una moderada y otra radical.

            Pero esta división se cruzó con otra: la que resultó de la alineación bélica de los obreros en los dos campos enemigos. Los bolcheviques volvieron a usar los términos “social-patriotas” y “oportunistas” para referirse con desprecio a los trabajadores que optaron por la defensa de sus patrias en la conflagración mundial, porque consideraron que habían superpuesto el prejuicio burgués de la “defensa nacional” a la lucha de clases y que su alineación significaba servir al militarismo prusiano o a la democracia capitalista.

            Dos años antes el congreso de la Segunda Internacional en Basilea, 1912, había aprobado una resolución que calificaba a la guerra europea como una acción “imperialista”. Entonces Lenin extendió en 1914 el acta de defunción de la Internacional. En su opúsculo “La guerra y la socialdemocracia rusa” dijo: “la guerra es imperialista y la Segunda Internacional han muerto”.

            Ese fue el final, aunque los estertores se prolongaron hasta las conferencias de Berna en 1920 y de Viena en 1921.

            Estos son los antecedentes históricos directos e indirectos de la actual Internacional Socialista, fundada o refundada en Frankfurt en 1951, que reúne a los partidos socialistas, socialdemócratas y laboristas de todo el mundo. La Tercera Internacional ni la <Cuarta Internacional pueden considerarse realmente como antecedentes de la actual Internacional Socialista puesto que aquellas fueron organizaciones exclusivas de los partidos comunistas alineados en la órbita moscovita.

            La Internacional Socialista es un foro mundial de análisis y discusión de los grandes temas de nuestro tiempo y no un superpartido ni un organismo vinculante de carácter internacional que pueda impartir órdenes a sus miembros. Al comienzo concentró sus actividades en Europa. Fue una organización eurocéntrica. Pero desde 1976, bajo el liderazgo de Willy Brandt, extendió su radio de acción hacia el >tercer mundo y, de modo especial, hacia América Latina. Y numerosos partidos de la región ingresaron como miembros de ella.

            Hoy es una verdadera organización mundial. Según lo dice su propia Declaración de Principios, aprobada en el XIX Congreso reunido en Berlín del 15 al 17 de septiembre de 1992, la I. S. no es una entidad centralizada ni supranacional ni suprapartidista sino una “asociación de partidos independientes, cuyos representantes quieren aprender de las experiencias de los demás, promover conjuntamente las ideas socialistas y trabajar en común hacia ese objetivo a nivel internacional”. Considera que “los objetivos del socialismo democrático no son realizables sólo en un número limitado de países en una época de internacionalización acelerada, cuando los destinos de pueblos diferentes que viven en distintas partes del planeta están más vinculados que en ninguna otra época de la historia de la humanidad.”

            Los partidos que están agrupados en la Internacional tienen, como común denominador, una serie de principios ideológicos, políticos y programáticos. Entienden la democracia como un sistema tridimensional, capaz de abarcar elementos políticos, económicos y sociales. Sostienen “que la justicia y la paz no pueden imponerse por decreto en un mundo carente de una igualdad fundamental, en el que muchos millones de personas apenas cuentan con lo indispensable para sobrevivir mientras que unos cuantos privilegiados disfrutan de un nivel de vida inconcebible para la mayor parte de la población mundial”. Consecuentemente, proponen el control social del desarrollo económico para corregir esta situación. “El socialismo democrático  —dice la Declaración de Principios de la I. S.—  es un proceso continuo de democratización social y económica y de incremento de la justicia social”.

            La I. S. proclama la libertad, la justicia y la solidaridad como las grandes bases de sustentación de una sociedad mundial pacífica y democrática. La <globalización de la economía mundial, que se ha producido en los últimos decenios, ha creado relaciones de interdependencia entre todos los países. La crisis del petróleo o las fluctuaciones del tipo de cambio o las oscilaciones de la bolsa repercuten inmediatamente en los lugares más lejanos del planeta. Y las nuevas tecnologías de la <comunicación de masas impulsan con gran fuerza los valores culturales de los países hegemónicos. En un planeta de dimensiones cada vez más “reducidas”, en el cual la información se mueve a la velocidad de la luz, las decisiones financieras de los grandes países o de las corporaciones transnacionales impactan inmediatamente en remotos horizontes. En esas condiciones, las ideologías y los movimientos políticos se han internacionalizado también. En el caso del >socialismo democrático, los partidos que lo profesan se han articulado para enriquecer sus experiencias y luchar juntos por una sociedad mundial en la cual imperen la paz, la justicia social y la solidaridad, como principios interdependientes, en el marco de un nuevo orden internacional.

            Considera la I. S. que “el socialismo democrático se fundamenta en los mismos valores que le dieron origen, pero debe formularlos asimilando críticamente la experiencia pasada y con una proyección de futuro”. Con ello alude a los cambios que han ocurrido en el mundo a partir del colapso del bloque soviético, la caída del Muro de Berlín y la conclusión de la guerra fría. En esta línea de pensamiento trata de armonizar el >mercado, al que considera instrumento auxiliar de asignación de recursos y de expresión de las preferencias de los consumidores, con las facultades de regulación de la economía que se reserva la autoridad pública. No admite que el mercado suplante a la planificación económica. Lo subordina a las grandes metas nacionales señaladas por el gobierno y confiere al Estado la facultad de interferir en él cuantas veces sea necesario para evitar sus abusos y corregir sus distorsiones. Considera que las llamadas “fuerzas del mercado” son insensibles para las demandas del <desarrollo humano, por lo que resulta inexcusable que la intervención de la autoridad política salga por los fueros de la justicia social y de la protección de los sectores menos afortunados de la población.

            En su Declaración de Principios afirma que “una sociedad democrática debe compensar los efectos negativos incluso del más responsable de los sistemas de mercado. El Estado no puede ser tan sólo el taller de reparaciones de los daños causados por los defectos del mercado o por la aplicación incontrolada de las nuevas tecnologías” sino que “debe regular el mercado en función de los intereses sociales”.

            En el ámbito de las relaciones entre los Estados, los principales objetivos de la Internacional, según se definen en su Declaración de Principios, son la “humanización” de las relaciones >norte-sur   —por la que  tanto  bregó  Willy Brandt—,  el diseño de un >nuevo orden económico internacional que haga justicia a los países pobres, la creación de un fondo internacional para impulsar el desenvolvimiento de los países del sur, el desarrollo ecológicamente equilibrado, el cumplimiento de la meta establecida por las Naciones Unidas de que el mundo industrializado dedique al menos el 0,7% de su >producto interno bruto para la ayuda oficial al desarrollo de los países del tercer mundo, la conquista de la paz, el desarme y la defensa de los derechos humanos en todos los territorios.

            Con la mira puesta en el siglo XXI postuló el control social del desarrollo tecnológico y afirmó que la revolución del conocimiento, que está en plena marcha, “va a transformar profundamente las condiciones medioambientales y de utilización de los recursos en vida de esta generación. Y el impacto de esta transformación afectará al mundo entero. La microelectrónica, la robótica, la tecnología de los armamentos y la bioingeniería, más otras innovaciones aún inimaginables, van a cambiar la vida del individuo, la estructura de la sociedad y del mundo”.

            Sostuvo que “la crisis del medio ambiente se ha convertido en un grave y fundamental reto de dimensiones mundiales. Tanto en el Norte como en el Sur el equilibrio ecológico está en peligro. Cada año se exterminan especies animales y vegetales, mientras hay pruebas crecientes de la reducción de la capa de ozono. En el Norte, un industrialismo irresponsable provoca deforestación, mientras en el Sur se reducen con alarmante velocidad las selvas tropicales, esenciales para que el planeta sobreviva. En los países ricos crece la contaminación del suelo, en los países pobres se extienden los desiertos. El agua pura escasea en todas partes”. De donde concluyó que la tarea de protección ecológica debe ser de carácter internacional puesto que la destrucción del medio ambiente no respeta fronteras.

            La Internacional Socialista está gobernada por el congreso, compuesto por todos los partidos miembros, que se celebra cada tres años para definir las líneas maestras de la conducta de la organización; el consejo, compuesto también por todos sus miembros, que se reúne dos veces al año; el Presidente, elegido por el Congreso, que es la autoridad ejecutiva superior; el Presidium integrado por el presidente, los vicepresidentes y el secretario, para resolver asuntos específicos; y el secretario general, nombrado por el congreso a propuesta del consejo, que es el órgano coordinador de las actividades de la Internacional.

            La tendencia hacia la internacionalización se ha dado también en otros sectores políticos, aunque con mucho menos articulación y fuerza que en el caso de los socialistas y de los comunistas. Décadas atrás existió la denominada Internacional Blanca formada por iniciativa del Partido Democrático Popular francés, que reunía a un grupo de partidos conservadores de inspiración católica de Francia, Bélgica, Alemania, Austria, Italia, España y algún otro país. Pero ella tuvo una vida efímera y poca influencia. Carente de una posición clara frente al <fascismo, se disgregó durante la guerra civil española porque sus miembros tomaron diversos caminos: unos a favor de Franco y otros en contra o, al menos, con fuertes reservas respecto del caudillo golpista.

            Los partidos liberales de Europa y América, en la primera mitad del siglo XX, promovieron también su “internacionalización” por medio de asociaciones que trascendieron las fronteras nacionales. En 1924 establecieron en Ginebra “L’Entente internationale des partis radicaux e des partis democratiques similaires” y en 1946 fundaron en Oxford la Internacional Liberal de la que formaron parte 19 agrupaciones políticas de esta tendencia. Pero ella tampoco tuvo mucho éxito. En la medida en que el >liberalismo perdió terreno en la aceptación popular decayó también esa Internacional hasta su casi completa inacción.

 
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