interés

            Es, en términos financieros, el precio que se paga por el uso del dinero prestado. El prestamista cobra al prestatario un porcentaje sobre la cantidad de dinero que le presta  —llamada capital—  a un plazo determinado. Ese porcentaje es el tipo de interés, que constituye una carga para el prestatario y una ganancia para el dueño del dinero, pero que desde el punto de vista económico es un precio: el precio del dinero.

            Al igual que los otros grandes precios de la economía  —el tipo de cambio, el salario y los precios de las cosas—  su monto se lo puede fijar de dos maneras: por la autoridad pública, que señala los  topes de interés para cada operación crediticia, o por la ley de la oferta y la demanda, que genera tipos de interés variables.

            Los tipos de interés fijados por la autoridad pública suelen graduarse en función del plazo, de las prioridades del gobierno, de la finalidad del crédito y de otras circunstancias. Cuando el acreedor cobra por encima de lo permitido, se produce el delito de usura, que tiene implicaciones económicas porque encarece el dinero, sociales porque agudiza las disparidades, penales porque es una infracción a la ley y éticas porque es un acto inmoral.

            Los economistas suelen diferenciar, en los préstamos bancarios, las tasas activas de interés y las tasas pasivas. Las primeras son las que cobra el banco a sus deudores y las segundas, las que el banco reconoce en favor de sus depositantes. Las tasas activas, obviamente, son mayores que las pasivas. La diferencia es la remuneración que percibe el banco por su servicio de intermediación.

            Durante períodos de inestabilidad monetaria e inflación se distinguen dos clases de interés: el interés nominal y el interés real. El interés nominal es el que consta en el contrato pero que, por la pérdida del poder adquisitivo de la moneda, no responde a la realidad; y el interés real es el interés variable que compensa los perjuicios que sufre el acreedor al recibir sus acreencias en moneda devaluada o desvalorizada. Para evitar tales perjuicios, se recurre a los préstamos indexados con algún índice de precios, de modo que el acreedor reciba, al vencimiento de la operación crediticia, el poder adquisitivo inicial.

            Otra distinción usual es la del interés simple y del interés compuesto. El interés simple es el que paga el prestatario al prestamista sobre el capital original, que permanece invariable. En cambio, el interés compuesto es el que resulta de la capitalización de los intereses en mora, que conduce al deudor a pagar intereses sobre intereses.

            Diversas teorías se han propuesto desde remotos tiempos para explicar el interés y su causa. Aristóteles (384-322 a. C.) y santo Tomás (1225-1274) condenaron, por inmoral, el cobro de intereses. Para ellos eran un beneficio injustificado. Desde que la ciencia económica se separó de la ética  —considerada como parte de la filosofía—  se buscaron otras explicaciones a la cuestión del interés y se elaboraron diversas teorías acerca del tema. Los economistas clásicos lo denominaban simplemente “beneficio del capital” y para ellos era tan natural y legítimo que el capital produjera intereses como que el cerezo produjera cerezas. Consideraban que, de no ser así, lo capitalistas no estuvieran dispuestos a prestar su capital. Economistas posteriores legitimaron el interés porque era la remuneración que se pagaba por el esfuerzo que representaba el ahorro acumulado. Los ingleses William N. Senior (1790-1864) y Alfred Marshall (1842-1924) lo hicieron en nombre de la “abstención” o “espera” de hoy y la “esperanza” de consumir mañana que tiene el dueño del capital. En la segunda mitad del siglo XIX el economista inglés William Stanley Jevons compartió también la teoría de la abstinencia y trató de perfeccionarla para protegerla de la crítica socialista. Eugen von Böhm-Bawerk (1851-1914), de la escuela austriaca de economía, justificó el cobro del interés por el sacrificio que significa para el dueño del dinero desestimar el presente en beneficio del futuro, es decir, renunciar a usar el dinero hoy y reservarlo para mañana, bien entendido que los individuos valoran más los bienes actuales que los futuros. El economista norteamericano Irving Fisher, tras impugnar las inconsistencias que encontraba en las ideas de Böhm-Bawerk, formuló las suyas en 1930 para tratar de demostrar que las tasas de interés en el mercado incorporan las expectativas de inflación que rodean a los sistemas monetarios de cada país, de manera que el interés remunera el riesgo de la devaluación o desvalorización de la moneda. El economista británico John Maynard Keynes (1883-1946) explicó más tarde la causa del interés como la recompensa que recibe el capitalista por renunciar a la liquidez durante un período determinado. El interés, para el economista de Cambridge, es el “precio” de la liquidez, aunque sin duda comprende también una prima de riesgo por la eventual insolvencia del deudor y una remuneración por la posibilidad siempre abierta de que éste disponga del capital prestado durante un plazo superior al que el prestamista estuvo dispuesto a concederle. De cualquier manera, para todos estos economistas el interés es tan legítimo como la renta de la tierra o el salario del trabajador.

            Debe puntualizarse que es diferente la ganancia o utilidad del empresario del interés que percibe el dueño del capital puro por su préstamo de dinero a cierto plazo. La utilidad es el beneficio del empresario, el interés es la retribución del prestamista. El prestatario de una suma de dinero paga al dueño del capital un porcentaje por la utilización de ella durante un período determinado. El interés es, en consecuencia, una carga para quien lo desembolsa y una renta para el que lo recibe. Se llama interés activo el que cobra el dueño del capital e interés pasivo el que paga el deudor. El interés desembolsado por el deudor forma parte de sus costes de producción. Se denomina además interés simple al que se estipula sobre el capital prestado e interés compuesto al que se aplica al importe del capital prestado más la suma capitalizada de los intereses devengados, de modo que en cierta medida hay un interés sobre el interés. Interés legal es el que señala la autoridad monetaria del Estado e Interés convencional el que fijan los contratantes libremente en los sistemas de economía de mercado o el que ellos acuerdan, por debajo de la cifra tope, en los regímenes de economía dirigida.

 
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