idealismo

          Esta palabra presenta problemas de definición porque, al proyectarse hacia campos de muy distinta naturaleza, asume diversas acepciones. En filosofía es una forma de entender el ser. Significa adhesión a la tesis de que el hombre está compuesto de dos elementos: cuerpo y alma, como preconiza la teoría dualista. El primer elemento es perecible, temporal y tangible. Crece, declina y desaparece con el tiempo. El segundo es intangible, eterno, trascendental. En este sentido, el idealismo se opone a la concepción materialista del mundo, que afirma que lo único que existe es la materia en diversos grados de evolución y que el hombre y los fenómenos sociales no son más que materia en movimiento y en distintas fases de su desarrollo.

          El idealismo es también, en otra dirección filosófica, la tendencia a considerar la idea como el origen del conocimiento e incluso de la existencia, esto es, la tendencia a subordinar la realidad a la idea. La idea es, entonces, el principio del conocer y del ser. Según este punto de vista, el mundo material es una pura “ilusión”: es simplemente la “representación” que de él tenemos en nuestro cerebro.

          Vistas así las cosas, el idealismo se contrapone al >materialismo, que sostiene que el mundo material que nos rodea, y del cual formamos parte, constituye la realidad primaria de la que dependen todas las cosas, incluido el pensamiento humano, que no puede existir sin la materia. El pensamiento mismo, según este punto de vista, no es más que una manifestación material en un grado superior de evolución. La materia tiene vida propia y se rige por sus leyes. El mundo existe independientemente del pensamiento humano. No son las ideas las que crean las cosas  —como pretenden ciertas corrientes de la filosofía idealista—  sino, a la inversa, las cosas las que crean las ideas o, como afirma Marx al comienzo de su libro “El Capital” y en su crítica a la dialéctica idealista de Hegel, el pensamiento no es el demiurgo de lo real sino que es lo material traducido y transpuesto al cerebro del hombre.

          Lo cual significa, desde la perspectiva de la epistemología, que para esta corriente del idealismo filosófico el pensamiento no conoce otra realidad que el pensamiento mismo y que por tanto, ontológicamente hablando, las cosas exteriores no son más que “representaciones” de nuestro propio pensamiento. Dicho en otras parabras, que la única realidad son los sujetos pensantes y que la realidad de los objetos consiste en ser “pensados”. La exageración de este modo de ver las cosas conduce al solipsismo, que es una forma radical de subjetivismo que afirma que los objetos no existen más que en la mente del hombre.

          En todo caso, este es el idealismo de las ideas, para decirlo de alguna manera y para diferenciarlo del idealismo de los ideales, que es el idealismo moral.

          En efecto, desde el punto de vista moral o de la ética social, idealismo es el apego a los ideales de realización individual o colectiva. Es la búsqueda de los “modelos” que el hombre se forja internamente respecto de los objetos reales. Hombre idealista es el que tiene ideales y actúa en función de ellos. Es el que aspira a la perfección de las obras en que emprende.

          Esta múltiple significación de la palabra torna posible que un hombre pueda ser, al propio tiempo, materialista filosófico e idealista moral. O, a la inversa: idealista en filosofía y materialista en las metas humanas. Y las combinaciones pueden resultar inagotables si se toma en cuenta las distintas posibilidades del idealismo y del materialismo en la literatura y el arte.

          En arte y literatura el idealismo se opone al realismo. El idealismo entrega al escritor y al artista una enorme libertad para crear mundos imaginarios y establecer las más arbitrarias relaciones. Nada detiene la fantasía humana. El realismo, en cambio, les constriñe a la lógica, a la verdad y a la naturaleza y no les permite apartarse de ellas.

 
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