gaitanismo

  
                
A la una y cinco minutos de la tarde del 9 de abril de 1948 tres disparos de un revólver Smith & Wesson torcieron los destinos de Colombia. Fue en la esquina céntrica de la Carrera Séptima y la calle 14 de Bogotá, donde cayó asesinado el más grande de los caudillos populares colombianos del siglo XX: Jorge Eliécer Gaitán. Inmediatamente la gente invadió las calles para vengar su muerte, en medio de una orgía de sangre y destrucción que se denominó el <bogotazo.

            Jorge Eliécer Gaitán tuvo una intensa trayectoria pública. Fue un notable abogado penalista, profesor universitario, Alcalde Mayor de Bogotá, Ministro del Trabajo, candidato a la Presidencia de Colombia, parlamentario, jefe del Partido Liberal y, sobre todo, un formidable orador de masas. Al conjunto de sus ideas políticas se llamó gaitanismo y a sus seguidores, gaitanistas.

             Después de haber obtenido el título de doctor en Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de Colombia, cursó estudios de Criminología y Derecho Penal en Italia, coronados con extraordinario éxito puesto que su tesis de grado fue calificada por el jurado como magna cum laude. Fue alumno del célebre penalista italiano Enrique Ferri (1856-1929), uno de los fundadores  —junto con César Lombroso (1835-1909) y Rafael Garófalo (1851-1934)—  de la Antropología Criminal y de la Escuela Positiva en el Derecho Penal, de quien recibió no solamente enseñanzas jurídicas sino también políticas porque el penalista italiano era un socialista militante de profundas convicciones. El positivismo representó una gran revolución en el Derecho Penal tradicional. Sus seguidores se lanzaron duramente contra los pensadores de la escuela clásica  —Beccaria, Carrara, Howard, Marat, Romagnosi, Feuerbach, Bentham, Carmignani, Binding, Beling—  y, profundizando en el estudio del delincuente y del delito, sostuvieron que hay un cierto determinismo social en los actos delictivos y que las penas, antes que sanciones, deben ser un medio de defensa social.

             No es fácil entender por qué Gaitán se afilió al Partido Liberal de Colombia en lugar de fundar un partido socialista en concordancia con sus profundas convicciones ideológicas, y por qué militó en las filas liberales si decía que “en Colombia no hay partidos” y que “el pueblo es uno solo y la oligarquía lo ha dividido en dos bandos irreconciliables para sacar provecho y beneficio” y si además estaba convencido, como lo dijo tantas veces, de que en su país había una "oligarquía conservadora" y una "oligarquía liberal".

             Gaitán fue, en realidad, socialista. Un socialista democrático. En su tesis de grado universitaria formulada en 1924  —titulada “Las ideas socialistas en Colombia”—,  tras denunciar la pobreza de las masas, la injusticia social imperante en su país y la corrupción de las clases dominantes, expuso con entera claridad sus ideas políticas y dejó saber su admiración por el socialismo. Hay allí, incluso, expresiones de alto aprecio hacia Marx y Engels. Tiene palabras de censura contra el capitalismo, que en su concepto "es la concentración de los capitales, socialmente producidos, para el provecho individual de quienes controlan el trabajo de los demás". Agregó que, "dentro del proletariado, no sólo deben quedar comprendidos, según erróneamente se cree, los obreros, sino todos los que trabajan por cuenta de otros, que dan su esfuerzo personal, sin recoger el fruto directo de ese esfuerzo". Y concluyó que "es un error el afirmar que Colombia no es un país capitalista".

             Al analizar, desde el punto de vista histórico, el contenido de las diferentes revoluciones que se han producido en el mundo a lo largo del tiempo, Gaitán sostiene que, a pesar de todas las afirmaciones en contrario, la Revolución Francesa de fines del siglo XVIII fue eminentemente burguesa. Afirma que "la lucha revolucionaria entonces se hizo por la igualdad, por la fraternidad, por la libertad: pero una libertad como la que aún conservamos, una libertad como la entendía la burguesía y para la burguesía. Una igualdad sí, pero una igualdad que se presta a las mayores desigualdades. Además, aquella revolución se hizo por la propiedad. ¿Podría calificarse de socialista un tal sistema? Indudablemente que no".

             De lo cual concluye que "hoy las masas proletarias y asalariadas no pueden menos que señalar en sus fines una reacción profunda contra la libertad bajo la forma presente. ¿Qué le importa al hombre que se muere de hambre la libertad? Él necesita es la independencia, y ésta no se logra sino con la igualdad económica".

             En su análisis de la justicia social, Gaitán sostiene que "en cuatro grandes etapas podemos dividir la trayectoria recorrida por la humanidad en su lucha por la equidad social. Ellas son: prehistoria del socialismo, reformismo social, socialismo utópico y socialismo científico".

             Sus más hondas convicciones le llevaron tempranamente a luchar por la justicia social y la equitativa distribución del ingreso. La polarización socioeconómica fue su preocupación más importante. Su solidaridad con los trabajadores se hizo permanente.

             Decepcionado del gobierno liberal, Gaitán formó en 1933 un movimiento político denominado Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria (UNIR) para impulsar las reformas sociales en Colombia. Pero este movimiento tuvo corta duración.

             Fue probablemente por motivos tácticos que entonces Gaitán ingresó a las filas liberales, ya que Colombia  —regimentada por el bipartidismo liberal-conservador desde el siglo XIX—  no estaba preparada aún para la fundación de un partido socialista. Y no había un espacio político para el socialismo democrático puesto que el flanco de la izquierda había sido ocupado por el socialismo marxista y el comunismo. Por eso Gaitán trató de socializar el liberalismo y su intento le condujo a la disensión política y electoral con el “oficialismo liberal” encarnado en Gabriel Turbay. Esta disensión hizo posible, después de dieciséis años de gobiernos liberales, el triunfo de las fuerzas conservadoras con Mariano Ospina Pérez a la cabeza en las elecciones presidenciales de 1946. El Partido Liberal se dividió en dos alas: el “oficialismo” postuló a Turbay y el sector disidente a Gaitán. Los resultados fueron lógicos: la escisión liberal permitió el triunfo del candidato conservador.

             De manera que por consideraciones estratégicas se explica el ingreso de Gaitán al Partido Liberal. Su pensamiento estaba muy lejos del >liberalismo. En su tesis de grado sostuvo que ”el capitalismo es la concentración de los capitales, socialmente producidos, para el provecho individual de quienes controlan el trabajo de los demás” y, frente a la evidencia de las injusticias sociales, él se declaró revolucionario antes que reformista.

             El líder colombiano expresó que los sistemas reformistas "aceptan el orden económico presente y su labor se reduce a meras reformas adjetivas. Noble, en verdad, es el fin que las anima, pero erróneo e ineficaz es el medio que emplean. Mientras los fundamentos económicos sigan desarrollándose bajo un orden individualista, es de todo punto imposible la redención de las clases proletarias". Agregó que las postulaciones reformistas "siempre nos han dado la sensación de una morfina" porque "al dolor agudo y presente deparan ellas un calmante momentáneo que deja intacto el fondo mismo de la enfermedad". Y concluyó que "el fundamento de estas tendencias se halla en la caridad. Y esto no es suficiente. La caridad es una virtud proterva y peligrosa. Proterva porque humilla, peligrosa porque no presta sus favores a base de derechos sino a base de piedad".

            De personalidad huraña, amante de la soledad y el silencio en el ámbito privado, nada amó más Gaitán que el gran espectáculo de las multitudes, en las que se electrizaba y a las que electrizaba con su palabra turbulenta y reivindicadora y con sus gestos de domador. Dominaba todos los secretos de la oratoria de masas. Conmovía, irritaba, halagaba, enternecía. No se complicaba con disquisiciones académicas sino que esparcía su mensaje con palabras simples pero cargadas de emoción que golpeaban de manera directa el sentimiento y la pasión de las masas. Proclamaba: ”¡yo no soy un hombre, yo soy un pueblo!” y acudía con frecuencia a arengas conmovedoras: “contra la oligarquía liberal y la oligarquía conservadora: ¡a la carga!”.

             Imitando al joven y noble contrarrevolucionario francés Enrique de Larochejacquelein  —quien en marzo de 1793 en protesta contra la condena a muerte del rey Luis XVI se presentó ante los realistas comandados por Catalineau y les gritó: “¡soy un muchacho, pero con mi valor me mostraré digno de mandaros; si marcho adelante, seguidme; si retrocedo, matadme; si muero, vengadme!”—,  Gaitán solía repetir casi en los mismos términos la encendida arenga: ”¡si avanzo, seguidme; si retrocedo, empujadme; si os traiciono, matadme; si muero, vengadme!”

             Gaitán no fue realmente un ideólogo, en el sentido de creador de una ideología. Sentía el socialismo románticamente pero las demandas de la lucha le restaron tiempo para penetrar en sus honduras económicas y sociales. Más fecundo en consignas y proclamas de guerra que en postulados doctrinales, conocedor a fondo de la realidad colombiana, Gaitán tuvo el mérito de haber contribuido a la toma de conciencia del pueblo colombiano sobre su propio quebranto económico y social. Suscitó una profunda insatisfacción en las masas desposeídas y las impulsó a luchar por sus derechos ancestralmente conculcados por los pequeños círculos plutocráticos. La democracia para Gaitán era un todo englobante de elementos políticos, económicos y sociales.

             Repitió siempre que la inequitativa distribución de la riqueza falseaba la democracia y que la concentración de la tierra en pocas manos era una de las más duras expresiones de la injusticia social en Colombia. “Somos un país de tierras sin hombres y hombres sin tierra”, afirmaba. Denunció la postración de los obreros y de las capas medias bajo el dominio de las castas opresoras. Lo cual le valió el odio de los sectores burgueses que lo tildaron de “acomplejado”, “inadaptado social”, “ambicioso”, “resentido”, “soberbio”, “vanidoso” y los demás adjetivos del conocido repertorio del señoritismo prepotente. Con sus prédicas populistas Gaitán contribuyó a dividir horizontalmente a la sociedad colombiana en dos bandos contendientes: el pueblo y las oligarquías. Estimuló el odio de clases. Definió a la oligarquía como “la concentración del poder total en un pequeño grupo que labora para su propio interés, a espaldas del resto de la comunidad”. Y declaró la guerra popular contra ella.
                 Sin embargo, sostenía que "la lucha de clases en nuestro país no existe. Y no existe porque para ello es indispensable un factor: la conciencia. Los poseedores tienen conciencia entre nosotros pero los desposeídos no la tienen. No basta la conciencia personal de ser explotado para que se pueda hablar de conciencia de clase. Este es un fenómeno de solidaridad colectiva, es un factor psicológico, nacido de una realidad objetiva, que entre nosotros tardará todavía en presentarse".
                  Lo dijo en el "Manifiesto del Unirismo".
                  Siempre insistió en que las masas populares de Colombia "no tienen conciencia de sus destinos, ni hay razones para que la tengan. Decir lo contrario es formular hipócritas elogios. Por eso la obra en Colombia es más difícil que en pueblos más avanzados". Y para explicar esa situación afirmó que "gentes que no se nutren, que no se visten, que no tienen la necesidad creada de ninguna comodidad, sin cultura, sin higiene, ¿qué pueden consumir, qué riqueza pueden fomentar? Ninguna".

             Gaitán solía hablar de la “oligarquía interna” y de la “oligarquía externa” para referirse a las fuerzas endógenas y exógenas que operaban articuladamente sobre los destinos políticos y económicos de Colombia en el marco de la dependencia exterior a la que estaban  —y están—  sometidos los pueblos latinoamericanos. Por eso combatía duramente contra los monopolios y los poderes imperiales y alentaba la solidaridad entre todas las fuerzas políticas de izquierda en América Latina.

              La  historia  ha  sido  injusta con él.  Gloria Gaitán   —la única hija del líder—  habló de "memoricidio" para referirse al deliberado olvido que los gobiernos y partidos políticos colombianos hicieron de la memoria de su padre. "Su legado científico en lo político  —afirmó—  está sepultado en el olvido, cuando es una herencia que permitiría sacar a este país del abismo donde ha caído". 

 
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