gabinete

          Es el conjunto de ministros de Estado que dependen del Primer Ministro, en los regímenes parlamentarios, o del Presidente de la República, en los regímenes presidenciales. El gabinete se llama también consejo de ministros. En el primer sistema de gobierno éste es un órgano previsto por la Constitución y ocupa el tercer nivel jerárquico en la Función Ejecutiva, después del jefe del Estado y del jefe del gobierno, que es el primer ministro o premier. En el segundo, el gabinete no es un órgano constitucionalmente establecido. La reunión de los ministros es simplemente una costumbre aconsejada por la conveniencia y que responde a necesidades de asesoramiento o consultoría del Presidente, pero sin que él esté obligado a convocarlo ni a obedecer sus opiniones. La Constitución de Estados Unidos, de corte puramente presidencial, no menciona siquiera al gabinete. En este sistema los ministros tienen la calidad de secretarios del Presidente y, al contrario de lo que ocurre en el parlamentarismo, éste tiene plena libertad para nombrarlos. No está obligado, en la conformación del gabinete, a reflejar la correlación de fuerzas políticas imperante en el congreso.

          En el presidencialismo no hay “gabinete” como órgano creado y regulado por la Constitución. Existen, por supuesto, varios jefes de departamento que tienen a su cargo la gestión administrativa en sus diversas ramas. Ellos son en cierta forma comparables con los “ministros” europeos. Pero su reunión no configura un órgano estatal. Lo que a veces se llama “gabinete” dentro de los sistemas presidenciales es simplemente la congregación de los secretarios del presidente, convocados para dar su opinión sobre los asuntos que éste ha juzgado conveniente sujetar a su consejo. Pero el gabinete, como tal, es ignorado por el texto constitucional. La reunión de los jefes de departamento, acostumbrada por ejemplo en Estados Unidos desde los tiempos de George Washington, en nada se parece a lo que en Europa se entiende por “gabinete”. Tal reunión forma simplemente una entidad consultiva extraoficial del presidente de la república, cuyo parecer puede ser aceptado o no por el jefe del Estado, quien es el único responsable de la gestión política y administrativa desarrollada por el poder ejecutivo.

          En cambio, en los Estados que se rigen por el sistema parlamentario  —se trate de una república parlamentaria o de una monarquía constitucional—  el gabinete debe integrarse de acuerdo con la mayoría parlamentaria. Si cambia esa mayoría, cambia la composición del gabinete. Y es usual que los ministros formen parte del parlamento.

          En este sistema las funciones políticas del presidente, y más las del monarca, están sumamente restringidas y a su costa han nacido y se han robustecido los dos órganos que son los que en realidad gobiernan: el gabinete y el primer ministro. Estos son los órganos superiores efectivos de la función ejecutiva, a cuyo cargo está la misión de gobernar, es decir, decidir no sólo sobre las líneas generales de la política interior y exterior sino sobre todas las cuestiones atinentes a la administración del Estado.

          Entre las amplias facultades de que dispone el primer ministro está la de proponer al jefe del Estado el nombramiento de los ministros del gabinete. De modo que, en términos reales, la composición de este órgano está en manos del primer ministro, aunque es un requisito impuesto por el sistema que las personas llamadas a integrarlo deben contar con la confianza de la mayoría parlamentaria, que es la fuerza determinante de la orientación política del gobierno.

          Sin duda, una de las prerrogativas más importantes del jefe del Estado es la de disolver el parlamento, por consejo del primer ministro, cuando el gabinete sufre una derrota en las cámaras legislativas y decide no dimitir hasta conocer la opinión de los electores. En efecto, no todas las derrotas parlamentarias dan por resultado la renuncia de los ministros. A éstos les queda el recurso de apelar al pueblo de la decisión del parlamento, para lo cual el primer ministro se encarga de aconsejar al jefe del Estado la disolución del parlamento y la convocación a nuevas elecciones. Si en ellas obtiene mayoría el partido que sustenta al gabinete, o sea si los electores reafirman su confianza en los ministros y en el programa que ellos desarrollan, el gobierno seguirá como está, sin cambio de personas. Pero si los resultados le son adversos y las fuerzas de oposición obtienen la mayoría en la nueva composición del parlamento, entonces el gabinete se verá obligado a dimitir sin más trámite y el jefe del Estado tendrá que nombrar un nuevo primer ministro, a quien encargará la formación del próximo gabinete, con base en negociaciones con la mayoría parlamentaria.

 
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