expansionismo

          Es la tendencia de los Estados a extender su acción y principalmente su territorio sobre otros Estados. La palabra tiene una significación parecida aunque menos dilatada que >imperialismo. Este implica una acción más amplia puesto que comprende no sólo la incorporación de territorios sino también la imposición de una cultura, la subordinación política, el sometimiento militar, la conquista de mercados y el dominio de fuentes de materias primas.

          Desde que el hombre se tornó sedentario y los grupos humanos entablaron relaciones permanentes con el suelo, el expansionismo territorial fue la causa principal de los conflictos y las guerras entre las hordas, las tribus, los estados y los imperios. La mayoría de los conflictos entre ellos tuvieron este origen. La permanente convulsión internacional durante el siglo XIX, por ejemplo, en que la >guerra fue parte de la política de los Estados europeos, tuvo como causa el expansionismo territorial. Para mantener la seguridad y los precarios equilibrios se hacían y se deshacían alianzas. La función primordial de la diplomacia era detectar tempranamente las intenciones agresivas de los Estados. La mejor defensa era atacar para anticiparse al ataque de otro. Rusia perturbó ese equilibrio con su invasión a Turquía en 1853. Inmediatamente Francia e Inglaterra acudieron en auxilio del Imperio Otomano. En 1870 se produjo la guerra franco-prusiana. En 1884 se formó la triple alianza entre Alemania, Austria e Italia. Para restablecer el equilibrio Francia se alió a Rusia desde 1891 hasta 1895. A esta alianza se incorporó más tarde Inglaterra, por temor al imperio germano. Todas estas ententes, que a veces fueron precarias, se hicieron para tratar de impedir los expansionismos territoriales.

          La llamada <doctrina del destino manifiesto enunciada en Estados Unidos en 1845 fue una de las más claras expresiones de expansionismo. Con ella se quiso significar que, por “la naturaleza de las cosas”, ese país debía extender sus fronteras hacia el oeste y hacia el sur para conformar un Estado de dimensiones continentales, limitado por los dos océanos. La conquista de nuevos territorios se presentaba como lógica y necesaria para ampliar la herencia colonial de Estados Unidos, enclavada hasta ese momento en la costa oriental del continente.

          Toda la conquista “del Oeste” se hizo bajo la enseña del destino manifiesto. Los conquistadores liquidaron a sangre y fuego a los indios para colonizar sus tierras e incorporarlas al patrimonio de la Unión. Lo mismo ocurrió con los demás territorios: California, Florida, Louissiana, Nuevo México, Texas fueron anexados. En 1803 los Estados Unidos compraron Louissiana a Francia por quince millones de dólares, en 1819 Florida a España por cinco millones y en 1867 Alaska a los rusos. Despojaron de casi la mitad de su patrimonio territorial a México.

          Por “necesidades estratégicas” de defensa de Louissiana y de Florida los Estados Unidos incursionaron en el Caribe. Trataron repetidamente de comprar Cuba a España, cuando la isla era una colonia española. Después de la independencia surgieron los afanes anexionistas. Para justificarlos, el presidente norteamericano John Quincy Adams (1767-1848) creó una ingeniosa explicación: “hay leyes de gravitación política como las hay de gravitación física, y así como una fruta separada de su árbol por la fuerza del viento no puede, aunque quiera, dejar de caer al suelo, así Cuba, una vez separada de España y rota la conexión artificial que la liga con ella, e incapaz de sostenerse por sí sola, tiene que gravitar necesariamente hacia la Unión norteamericana” (“Breve Historia de las agresiones de los Estados Unidos”, Angelo Colleoni, Agencia de prensa Orbis, Praga, 1983).

          En el marco de estas tendencias expansionistas se inscriben la intervención norteamericana en las Filipinas y Guam, la toma de Puerto Rico, la invasión a Cuba, la promoción de la independencia panameña, la construcción del Canal de Panamá, la imposición de un protectorado económico sobre la República Dominicana y otras aventuras de la política norteamericana.

          La búsqueda del espacio vital  —lebesraum—  por Hitler fue una de las formas más brutales de expansionismo. El führer se anexó por la fuerza o la intimidación varios territorios. Empezó con Austria tres años después de que la Italia fascista invadiera impunemente Etiopía. Austria fue ocupada por las fuerzas militares nazis en la primavera de 1938 y anexada al Tercer Reich, en cumplimiento del viejo sueño de Hitler, a vista y paciencia de la comunidad internacional que estaba paralizada de miedo ante el poderío militar nazi-fascista. Entre 1936 y 1939 estalló la sangrienta guerra civil española. Las fuerzas falangistas se alzaron en armas para derribar el régimen republicano. Hitler y Mussolini ayudaron a Francisco Franco con más de cien mil soldados, aviones, buques, submarinos, tanques, cañones antiaéreos y piezas de artillería. Recordemos la denominada Legión Cóndor de combatientes hitlerianos en suelo español. En la primavera de 1939 Alemania convirtió en “protectorados” a Bohemia y a Moravia. Después se adueñó de la región de los sudetes de Checoeslovaquia y luego ocupó todo el país. Arthur Neville Chamberlain y Edouard Daladier, primeros ministros de Inglaterra y Francia, hicieron en ese momento concesiones suicidas a favor de Hitler. Cuando Chamberlain regresó de la reunión de Munich declaró: “Ahora habrá paz”. Y Winston Churchill comentó: “Inglaterra y Francia tenían que elegir entre la guerra y el deshonor. Eligieron el deshonor. Pero tendrán la guerra”. El 21 de agosto de 1939 la Unión Soviética firmó con Alemania el vergonzoso acuerdo de no agresión, denominado pacto Ribbentrop-Molotov. Finalmente, cuando el líder nazi invadió Polonia el primero de septiembre de 1939, Inglaterra y Francia resolvieron detener el expansionismo hitleriano y se inició la Segunda Guerra Mundial.

          En el curso de ella la Unión Soviética  —heredera del expansionismo de los zares, que llevó a su imperio, en el Occidente, a repartirse Polonia con los austriacos y los prusianos del káiser Federico Guillermo II, y, hacia el Oriente, más allá de la Siberia hasta las Islas Aleutianas y Alaska—  se anexó los territorios de los países bálticos: Estonia, Letonia y Lituania, invadió Polonia y se apropió de parte del territorio de Finlandia.

          El expansionismo, vigente en todas las épocas, ha sido la principal fuente de los conflictos armados entre los entes políticos.

 
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