doctrina Clinton

          Con la inveterada costumbre que tienen los norteamericanos de calificar como “doctrina” a todo pronunciamiento más o menos sustancial hecho por sus presidentes en el campo de la política internacional, se ha comenzado a hablar, aunque en términos muy difusos todavía, de la doctrina Clinton para referirse a la posición asumida por el presidente norteamericano después de la conclusión de la guerra fría y sustentada en dos pilares: el engagement y el enlargement, dentro del mundo de los postguerra fría que si bien se ha alejado de la bipolaridad tradicional no ha logrado eliminar los conflictos bélicos de “baja intensidad” en muchas partes del planeta.

          Bill Clinton  —que fue el primer presidente de Estados Unidos en ejercer su mandato sin la presencia de la Unión Soviética como potencia antagónica—  se vio obligado a optar entre el <aislacionismo que propugnaban algunos sectores de la opinión pública norteamericana  —para que, después de terminada la >guerra fría, los Estados Unidos pudieran dirigir todas sus energías a impulsar su desarrollo económico interno y el bienestar de su pueblo, desentendiéndose de lo que ocurría fuera de sus fronteras—  o el intervencionismo que les permitiría controlar los destinos de otros pueblos sin el riesgo de desencadenar una guerra mundial. Fue evidente que la perspectiva de la política internacional norteamericana cambió radicalmente y que el señalamiento de las metas exteriores se le presentó a la Casa Blanca con menos claridad que antes. La bipolaridad pasada y la guerra fría, con su orden internacional simétrico, determinaban para las superpotencias una posición muy clara. Pero la asimetría y disfunción del nuevo orden político internacional tornaron más difícil la identificación del interés nacional.

          En esas circunstancias, el Secretario de Estado Warren Christopher, como portavoz de la administración Clinton, expresó el 20 de septiembre de 1993 que en el viejo debate entre compromiso y aislamiento los Estados Unidos habían elegido el compromiso como norma de su política internacional. Lo mismo fue dicho más tarde por Anthony Lake, miembro del Consejo Nacional de Seguridad, quien utilizó por primera vez la palabra enlargement para definir la política norteamericana llamada a suceder a la anterior de la <contención (containment). La delegada permanente de Estados Unidos ante la Organización Mundial repitió algo parecido, que fue ratificado por el propio Clinton en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el 27 de septiembre de 1993.

          En definitiva, la tesis del compromiso fue una respuesta que dio el presidente Clinton a la interrogación que surgió inmediatamente después de terminada la confrontación Este-Oeste de si los Estados Unidos iban a enconcharse dentro de sí mismos, preocupados sólo por sus intereses, o asumirían responsabilidades en el escenario exterior. Y la posición de Clinton fue la de involucrar a su país en algunos asuntos externos mediante la política del engagement (compromiso) y, al mismo tiempo, acrecentar su influencia exterior a través de la estrategia del enlargement (ampliación o extensión).

          Sin embargo, los perfiles de esta doctrina no quedaron muy claros. Nadie supo hasta dónde llegaba el compromiso ni cuáles eran los asuntos que entraban en la agenda del presidente, aunque resultaba evidente que los Estados Unidos eran en la postguerra fría la única potencia capacitada económica y militarmente para intervenir con carácter decisorio en los conflictos del mundo. Tampoco se sabía cuáles eran los límites de la expansión, si bien estaba bien claro que no se trataba de una expansión militar sino del proyecto de difundir la democracia política en el mundo acompañada de la economía de mercado, del libre comercio internacional y del modelo de la american way of life. Objetivos que empezaron a cumplirse con la ampliación del Tratado de Libre Comercio (conocido como NAFTA), con el impulso dado al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y con la promoción en el mundo de los procesos de liberalización de las economías, apertura de mercados y libre comercio.

 
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