distensión

          La palabra viene del latín distendere, que significa “aflojar”. Distensión es, en el orden internacional, el aflojamiento de las tensiones entre Estados o bloques de Estados contendientes. Es fundamentalmente un término de política internacional. Se usa también la palabra francesa <détente para expresar lo mismo. La distensión generalmente se efectúa por medio de acuerdos, negociaciones o tratados entre los Estados o de conferencias internacionales.

          La Organización de las Naciones Unidas (ONU), desde su fundación en 1945, ha jugado un papel de enorme importancia al crear un foro de discusión de los problemas y diferencias entre los Estados que de otra manera hubieran conducido a conflictos armados.

          La ONU ha sido un eficaz instrumento de distensión. A veces se le acusa de ineficacia. Esto puede ser una verdad parcial. Pero lo que debemos preguntarnos es qué hubiera ocurrido en el mundo sin la presencia equilibrante y armonizadora de la Organización Mundial. No hay duda de que la existencia de una mesa de negociación a tan alto nivel le ha ahorrado a la humanidad mucha sangre y sufrimiento.

          La terminación de la guerra fría ha sido el más importante paso en la segunda mitad del siglo XX en cuanto a la distensión internacional. Los cohetes intercontinentales de las dos grandes potencias dejaron de apuntarse. Cayó el muro de Berlín. Se modificaron o se desmantelaron los grandes brazos armados de los dos bloques contendientes en que se dividió el mundo durante el período de la guerra fría. La OTAN fue constituida el 4 de abril de 1949 por las potencias de Occidente para protegerse de un eventual ataque soviético a cualquiera de ellas y el Pacto de Varsovia se formó en mayo de 1955 por los países marxistas de Europa oriental con propósitos de defensa común y de unificación de sus mandos militares.

          La historia, durante este lapso, fue la crónica del enfrentamiento de los dos bloques militares y sus movimientos tácticos y estratégicos para ampliar sus respectivas zonas de influencia o para afirmar las que ya estaban bajo su control.

          Hay una fecha importante en la historia de la distensión. El 25 de diciembre de 1952 el gobernante soviético José Stalin, en una entrevista concedida al "The New York Times", afirmó que una guerra entre Estados Unidos y la Unión Soviética no debería considerarse inevitable. Esta pareció ser una señal importante de distensión. Sin embargo, durante todo el gobierno de Stalin los hechos contradijeron a las palabras y la situación Este-Oeste fue muy inestable. La muerte del dictador soviético seis años más tarde alivió un poco la tensión. Nikita Kruschov era menos intolerante que Stalin, aunque no faltaron los momentos de aguda crisis entre las superpotencias. Con Brezhnev las cosas no mejoraron mucho. Tuvo que venir Mijail Gorbachov para dar un giro fundamental a la política soviética a través de la >perestroika y abrir el camino de la distensión,

          Tan pronto como terminó la guerra fría se disolvió el Pacto de Varsovia. Cada uno de sus miembros recobró su plena independencia. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en cambio, entró en receso. Terminó la confrontación militar. Y ocurrió lo impensable: la alianza atlántica abrió sus puertas para el ingreso de los países que hasta hace poco tiempo formaron parte del Pacto de Varsovia. En la reunión de los jefes de Estado de las potencias occidentales, celebrada en Bruselas el 10 de enero de 1994, se aprobó el programa denominado Asociación para la Paz propuesto por el presidente Bill Clinton de los Estados Unidos como primer paso para la ulterior ampliación de la OTAN y la admisión de los Estados del Oriente europeo. Poco tiempo después se adhirieron a la Asociación para la Paz: Rumania, Lituania, Polonia, Estonia, Hungría, Ucrania, Eslovaquia, Bulgaria, Letonia, Albania, República Checa, Moldavia, Ucrania, Georgia, Eslovenia, Azerbaiyán, Turkmenistán, Kazajstán y Kirguizstán. Rusia lo hizo también, como el vigésimo séptimo socio, en la reunión de Noordwijk realizada a fines de mayo de 1995.

          Esta incorporación se ratificó en la cumbre de Roma celebrada el 28 de mayo de 2002, en que los presidentes de los Estados Unidos y de Rusia  —George W. Bush y Vladimir Putin—  firmaron el tratado que creó el Consejo OTAN-Rusia.

          Como estaba previsto, siete Estados que fueron comunistas  —entre los cuales había tres que formaron parte de la Unión Soviética: Estonia, Letonia y Lituania—  formalizaron su incorporaron a la OTAN en una solemne ceremonia realizada el 29 de marzo del 2004 en el Departamento de Estado en Washington, presidida por Colin Powell, jefe de la diplomacia norteamericana, a la que asistieron los siete jefes de Estado comprometidos. No obstante, el gobierno de Moscú reiteró su inconformidad por el ingreso de Rumania, Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia y los tres países bálticos, vecinos de Rusia, a la Alianza Atlántica comandada por los Estados Unidos. En la cumbre de ella, celebrada en Bucarest a comienzos de abril del 2008, el presidente Putin logró que los aliados aplazasen su decisión de incorporar de inmediato a la organización a las exrepúblicas soviéticas Georgia y Ucrania, como deseaba Washington.

          Este ha sido calificado como el cambio más importante en la historia de la OTAN, que ha dejado de velar exclusivamente por la seguridad de sus miembros de Occidente para preocuparse también por la estabilidad de Europa del este. Aunque no se lo ha dicho públicamente, es evidente que la nueva estructura euro-atlántica de la OTAN, con la inclusión de los Estados de la antigua órbita soviética, tiene entre sus finalidades principales la de desalentar cualquier tentación expansionista de Rusia sobre los países que integraron su bloque.

          Simultáneamente se produjeron importantes logros en el campo del desarme nuclear de alcance medio y corto.

          Durante su visita al Kremlin, el presidente Bill Clinton de Estados Unidos suscribió con el presidente ruso Boris Yeltsin, el 14 de enero de 1994, la “Declaración de Moscú” en virtud de la cual los misiles nucleares de ambos países dejaron de apuntarse mutuamente. En el curso de esa visita el presidente americano tomó asiento en la tribuna del hemiciclo del que fue el Soviet Supremo de la URSS  —en cuyo escenario la hoz y el martillo han sido reemplazados por un gran reloj de pared—  y escuchó allí al presidente ruso decir que su país algún día ingresará a la OTAN conjuntamente con los demás países europeo-orientales.

          El camino de la distensión siguió adelante. Durante los días 27 y 28 de septiembre de 1994 se realizó en Washington la tercera cumbre de los jefes de Estado de la Unión norteamericana y de Rusia para tratar tres temas principales: la guerra civil de Bosnia, el problema nuclear y la ayuda económica a Rusia.

          Al otro lado del planeta se produjo un hecho impensable: los presidentes de las dos Coreas, Kim il-Sung y Kim Yong-Sam, habían proyectado juntarse por primera vez en Pyongyang del 25 al 28 de julio de 1994 para hablar de la paz entre sus dos países, después de que hubo momentos  —en el primer semestre de 1994—  en que el choque entre las dos Coreas parecía inevitable. Pero la reunión no pudo realizarse por la muerte de Kim il-Sung. Un acercamiento como este no había ocurrido desde la guerra de Corea. El problema no está resuelto ni mucho menos. Kim il-Sung, después de 46 años de ejercer el poder, murió a principios de julio de 1994 y fue reemplazado por su hijo, en una suerte de sucesión hereditaria de la “corona marxista”, y las tensiones han recrudecido.

          De todas maneras no hay duda de que el mundo vive un período de relativa distensión y de que las conflagraciones existentes  —no entre los Estados sino dentro de ellos—  no constituyen una amenaza general.

 
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