disidencia

          Es la separación de la común doctrina, creencia o conducta. Es un fenómeno muy frecuente en la vida política. Se produce cuando el seguidor de un partido u organización discrepa de los puntos de vista oficiales y se separa de sus filas. Cuando la disidencia no es individual sino masiva se suscita el rompimiento de la unidad partidista y generalmente se dirige a la formación de un nuevo partido. Sería muy largo relatar las más importantes disidencias en la historia del pensamiento político. Hubo disidencias que cambiaron el curso de la historia, como la reforma protestante en el campo religioso o el desprendimiento del ala socialdemócrata dentro del marxismo, en el campo político. Los disidentes, en estos casos, alcanzaron tanta o más fuerza que el núcleo del que se desprendieron.

          La disidencia es algo más que el <desviacionismo o que el >revisionismo, porque éstos son movimientos de interpretación de la ortodoxia general mientras que aquélla implica un desgarramiento de la doctrina o de la organización que la sustenta.

          El movimiento insurreccional promovido por los teólogos Lutero, Melanchthom, Calvino, Zwinglio, Oecolampadius, Bucero, Farel y otros en contra de la jerarquía católica de Roma a comienzos del siglo XVI, conocido como la reforma protestante, fue una disidencia del catolicismo de la que nacieron muchas otras confesiones religiosas e iglesias.

          En el ámbito político ocurre lo mismo. El revisionismo, que es un término acuñado por los marxistas, es la tendencia a modificar los textos originales de una >ideología política. Se lo empleó contra los que se desviaron de la verdad oficial.

          El desviacionismo, término marxista también, es la tendencia a apartarse parcialmente de los principios de una doctrina política pero sin abandonarla o romper con ella. El introducir modificaciones consideradas como poco ortodoxas por los guardianes de la pureza ideológica, no implica separarse de ella o de la organización política que la sustenta.

          Esa es la diferencia con la disidencia que significa una separación completa y con frecuencia hostil entre el grupo original y el disidente.

          Al respecto, la historia enseña dos cosas: primera, que la extremada rigidez de una doctrina política, que llega a convertirla en dogma, lleva inevitablemente a la disidencia por la falta de debate interno; y segunda, que la lucha entre la facción disidente y el núcleo ortodoxo suele ser mucho más enconada que la que se libra con los tradicionales adversarios ideológicos.

 
Correo
Nombre
Comentario