dictadura con respaldo popular

          Es el título de un libro y la tesis sostenida en sus páginas por el autor, profesor Juan Bosch (1909-2001), expresidente de la República Dominicana.

          Bosch, después de observar los acontecimientos de los años 70 del siglo pasado, llegó a la conclusión de que la democracia representativa había fracasado en América Latina. Fundó su opinión en ciertos datos de la realidad latinoamericana: la injusticia social prevaleciente, el creciente grado de marginación social y el agudizamiento de la crisis económica experimentados en la región.

          Partiendo de las desalentadoras cifras estadísticas sobre el desarrollo latinoamericano proporcionadas en 1968 por las publicaciones de las Naciones Unidas y de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y de muchos otros libros publicados en esa época, escribió Bosch que “América Latina vive desde hace largo tiempo dominada económica, social y políticamente por frentes oligárquicos, y éstos son incapaces por su propia naturaleza, de dirigir y realizar cualquier tipo de desarrollo”.

          De las palabras de uno de los principales teóricos norteamericanos de aquella época, Robert A. Dahl, en su libro “Democracy and its critics” (1991), de que “el capitalismo ha sido históricamente la precondición necesaria para el establecimiento de la democracia”, el profesor dominicano infiere que como no hay desarrollo capitalista en América Latina no puede haber tampoco desarrollo de la democracia.

          Profundizando en estas ideas, afirma que el establecimiento de regímenes democrático-representativos se ha visto obstaculizado en los países latinoamericanos por la preeminencia de la oligarquía sobre su burguesía. Y como no ve condiciones para la instauración de la <dictadura del proletariado, dice que hay que buscar una tercera vía: la dictadura con respaldo popular, en la que estarán representadas todas las organizaciones del pueblo: las políticas, las sindicales, las económicas, las culturales, las científicas, las religiosas, las deportivas, el ejército, la policía, los empleados públicos y cualquier organización de otra índole.

          Explica Bosch que este sistema, aunque no es una ideología política, entraña la modelación de un nuevo tipo de Estado, capaz de dedicarse: “1) a garantizar trabajo, salud y educación a todos aquellos que actualmente no disfrutan de estos atributos; 2) garantizar absolutamente todas las libertades fundamentales del ser humano; la supresión del hambre y sus funestas consecuencias sociales; de la explotación de unos hombres por otros que tienen el dominio de los bienes de producción; del terror gubernamental, policial o de otra índole; y 3) garantizar la verdadera igualdad de todos los ciudadanos, no sólo ante las leyes del Estado sino también ante aquellas que no están escritas y sin embargo mantienen divididos a los seres humanos por razones de raza, religión, estado social, cultura y sexo, y las que lanzan a luchar a unos contra otros para arrebatarse, o no dejarse arrebatar, la comida, la posición y los derechos”.

          Considera Bosch que un régimen así sería genuinamente democrático, aunque no hubiera nacido formalmente de las elecciones.

 
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