deísmo

          Es un sistema de religión natural, exento de misterios y milagros, altamente tolerante de las creencias ajenas y que sostiene que la relación entre el ser humano y su dios debe ser directa, esto es, sin intermediarios. Rechaza los templos, liturgias y ceremonias. Reconoce la existencia de un dios sapiente, benevolente y omnipotente pero no admite la revelación, el culto externo ni la mitificación. Sostiene que la creencia en dios es un asunto de la conciencia de cada quien. Que el mundo está gobernado por leyes morales naturales que los hombres deben obedecer.

          Decía Max Planck (1858-1947), el científico alemán que tanto contribuyó al desarrollo de la teoría cuántica: “Siempre he sido profundamente religioso, pero no creo en un Dios personal y mucho menos en un Dios cristiano”.

          El deísmo nació de la oposición a los rigores de la iglesia anglicana y al fanatismo de los >puritanos. El diplomático, historiador y poeta inglés Lord Herbert Cherbury (1583-1648) es tenido como el padre de esta corriente religiosa. Fue expuesta por el filósofo irlandés John Toland en su obra “Christianity not Misterious” (1696) y alcanzó gran influencia en el pensamiento inglés, francés y alemán del siglo XVIII, en la dirección de la tolerancia religiosa y la secularización de las ideas políticas. Algunos de los exponentes del >enciclopedismo francés no fueron en realidad agnósticos ni ateos, como generalmente se cree, sino deístas.

          El pensamiento deísta surgió en Inglaterra en el siglo XVI  —aunque fue el genovés Pierre Viret (1511-1571) quien acuñó el término deísmo—  y desde allí se extendió al resto de Europa y al continente americano. Voltaire y Rousseau fueron deístas. Voltaire ridiculizó casi todos los elementos del cristianismo: desde la Biblia y las profecías hasta los milagros. Afirmó que “cualquier hombre sensato, cualquier hombre bueno, debería ver con horror a la secta cristiana”; y añadió que “el único evangelio que el hombre debe leer es el gran libro de la naturaleza, escrito por la mano de Dios y sellado con su sello”. Rousseau también creía en la existencia de un “dios poderoso, inteligente, benevolente, clarividente y previsor”, pero afirmaba que no había lugar para Jesús.

          Emmanuel Kant fue deísta también y, aunque aceptaba ciertos principios fundamentales del cristianismo, condenaba los elementos sobrenaturales de la doctrina  —las profecías, los milagros y otros—  a los que consideraba “completamente malignos”. En la otra orilla del océano, Thomas Jefferson, Benjamín Franklin, George Washington y otros padres de la Unión norteamericana fueron también deístas.

          En su voluminoso libro “Ideas. Historia intelectual de la humanidad” (2009), el filósofo y escritor británico Peter Watson sostiene que los deístas, en su mayoría, eran anticlericales e “insistían en que las numerosas supersticiones de la época y los complejos engranajes del culto en la Iglesia no eran más que invenciones y fantasías que el clero había creado para satisfacer sus propios intereses políticos y egoístas” y colocarse como intermediario entre el hombre y dios, lo cual le permitía “conservar una serie de privilegios que no tenían fundamento en las Escrituras”. Y recuerda las viejas palabras del deísta inglés Charles Blount (1654-1693) de que las nociones del cielo y el infierno habían sido inventadas por los sacerdotes “para aumentar su control sobre las masas ignorantes y aterrorizadas.”

          El deísmo difiere del >teísmo principalmente en que considera que la responsabilidad de dios para con el mundo, después del acto de la creación, quedó concluida. Dios no vuelve a ocuparse de él ni pide a los hombres culto alguno. El mundo quedó, por tanto, abandonado a sus propias leyes físicas.

          El pensador francés Louis de Bonald (1754-1840) decía que deísta es un hombre que no ha tenido tiempo de llegar a ser ateo, y su compatriota Paul Hazard (1878-1944), separado con un siglo en el tiempo y con mayor distancia aun en sus ideas, afirmaba algo muy parecido: deísta es un hombre que no ha querido llegar a ser ateo.

 
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