déficit

          Viene del latín deficere, que significa “faltar”. En el campo de la economía déficit es la diferencia que se registra en términos monetarios, durante un período dado, entre los recursos y las necesidades o entre los ingresos y los egresos en un presupuesto público, en los intercambios internacionales o en las cuentas de una empresa privada.

          Este es un término que se utiliza frecuentemente en los ámbitos fiscal y presupuestario. Hay varios tipos de déficit pero los más importantes son los de presupuesto, del tesoro y de la balanza de pagos.

          El primero consiste en la diferencia entre las previsiones de gastos y las de ingresos hechas en el presupuesto del Estado. Cuando las primeras resultan mayores que las segundas se da un déficit. Si ocurre lo contrario, o sea que los ingresos previstos superan a los egresos, se produce un superávit. El déficit presupuestario representa, por tanto, la ruptura del equilibrio  —tan anhelado por los tratadistas clásicos de las finanzas públicas—  entre ingresos y egresos a causa de que una parte de los gastos no ha sido cubierta por los ingresos. Se produce entonces una insuficiencia de recursos presupuestarios para hacer frente a los gastos previstos durante el ejercicio económico.

          Los seguidores del >keynesianismo  —que consideraron a los viejos cánones de la economía como excesivamente conservadores y que relegaron el ortodoxo principio del equilibrio presupuestario—  hablaron del “déficit fertilizador” y de la ”inflación dirigida” para estimular la producción, impulsar el desarrollo y promover la ocupación plena.

          El principio del equilibrio entre las previsiones de ingresos y egresos corrientes, inspirado en la idea de los economistas clásicos de que los presupuestos desequilibrados conducen tarde o temprano a la <devaluación monetaria, sigue aún vigente a pesar de que se ha discutido mucho su conveniencia para los fines del desarrollo. La escuela keynesiana cuestionó este principio. Dijo que el concepto de presupuesto equilibrado no desempeña papel alguno en el desarrollo, que hay déficit fertilizadores de la economía y que el gasto público, financiado incluso con préstamos externos, es uno de los factores que movilizan la producción.

          Si no existen remanentes de los ejercicios anteriores el déficit presupuestario sólo puede tener dos soluciones conjuntas o alternativas: disminuir el cúmulo de gastos para armonizarlo con la suma de los ingresos o aumentar los ingresos por la vía tributaria, la contratación de >deuda pública o la emisión de dinero por el banco central. Estas son las tres maneras de financiar el exceso de gastos que ha quedado en descubierto. El Estado o bien recurre a su poder coactivo y obtiene dinero en forma de tributos, o bien contrae nueva deuda pública interna y externa o pone a funcionar la máquina impresora de billetes del banco emisor.

          De todas maneras, cuando al final del ejercicio fiscal los ingresos y los egresos corrientes no se compensan exactamente, se produce un déficit o un superávit presupuestario, según que los ingresos no hayan sido suficientes para realizar las obras o prestar los servicios previstos o, por el contrario, que las recaudaciones fiscales hayan sido mayores a los gastos efectuados en el período. El déficit, en este caso, es la parte de la previsión de gastos no cubierta por los ingresos.

          El déficit del tesoro es el saldo negativo que se presenta en la caja fiscal cuando las salidas de dinero originadas en gastos públicos son mayores que las entradas. El tesoro es el encargado de realizar el pago de todas las obligaciones del Estado y lo hace en forma independiente del ritmo en que los ingresos previstos presupuestariamente entran a las arcas fiscales. Por tanto, puede producirse un déficit. Y este será un déficit “real” y no meramente “previsto” como el de presupuesto. Quiero decir con esto que una cosa es que una obra contemplada en el presupuesto no se realice, o no se realice al ritmo deseado, ya porque las previsiones de los ingresos no lo permitan, ya por deficiencias de los encargados de ejecutarla, ya por cualquier otra razón, y otra cosa es que no haya dinero “físicamente” en caja para afrontar un pago. No todas las previsiones presupuestarias originan movimientos de caja. Algunas de ellas, en materia de egresos, pueden no llegar a realizarse total o parcialmente. De modo que la previsión presupuestaria puede ser diferente de la realidad fiscal.

          El déficit de la balanza de pagos se produce en el comercio internacional cuando las transferencias de divisas que realiza un país hacia el exterior, durante un período determinado, son mayores que los ingresos en divisas que percibe de otros países. Esta situación produce un desequilibrio en la <balanza de pagos y refleja un deterioro en la posición neta de liquidez internacional del país que la sufre.

          Se pueden desglosar tres posibilidades de déficit exterior: el de la balanza comercial, el de la balanza de servicios y el de la balanza de capitales.

          La balanza comercial registra las exportaciones y las importaciones de mercancías durante un determinado lapso. Se dice que el saldo es positivo para un país si el valor de aquéllas supera al de éstas o negativo en caso contrario.

          La balanza de servicios  —que algunos economistas llaman “balanza invisible”—  abarca una amplia gama de intercambio de prestaciones susceptibles de ser valoradas en dinero, tales como los fletes de transporte, las primas e indemnizaciones de seguros, los servicios bancarios, los gastos del turismo, las rentas de la propiedad intelectual, los gastos corrientes de los gobiernos extranjeros en el mantenimiento de sus sedes diplomáticas, los desplazamientos de la mano de obra y otros. En las transacciones de servicios cabe también que se presente un déficit para un país y un superávit para el otro.

          Finalmente, la balanza de capitales contabiliza el flujo de ellos entre los países, tanto a largo como a corto plazo, en razón de inversiones directas, rentas de capital, préstamos, créditos comerciales, amortización de la deuda externa, repatriación de capitales, pago de intereses, ayudas para el desarrollo y, en general, salidas y entradas del ahorro monetario por cualquier otro concepto. Si las transferencias que salen son mayores que las que entran, se produce un déficit; caso contrario, un superávit.

          Dado que la balanza de pagos es un indicador importante de la marcha económica de un país, una balanza activa  —o sea con superávit—  tiene efectos positivos en la inversión interior y tiende a aumentar la demanda, el empleo, la renta y los precios en la economía. Correlativamente, una balanza pasiva o deficitaria tiende a frenar el dinamismo económico y a reducir el empleo, la renta y los precios.

 
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