crédito

          En su más amplia acepción económica, es un acto de confianza por el cual una persona transfiere a favor de otra algo que le pertenece  —dinero o documentos que lo representan, bienes, activos, efectos comerciales, servicios—  a cambio de una promesa de pago o devolución posterior. La contraprestación crediticia cubre, además del valor de lo principal, dos elementos accesorios: el tiempo y el riesgo. El tiempo es el gravamen que sufre quien se despoja de algo suyo y deja de beneficiarse temporalmente de su utilidad  —lucro cesante—  y el riesgo comprende la eventualidad del retardo o incumplimiento en el pago de lo debido.

          Las operaciones de crédito llevan envuelta siempre una promesa de pago en una fecha futura. Todas ellas, por tanto, se basan en la confianza que por su credibilidad inspira el deudor. No en vano la palabra crédito (del latín creditum) tiene la misma raíz latina que creencia, creíble, credulidad, credibilidad, credencia, credencial: del latín credére que significa ”creer” o tener por cierta una cosa.

          Por eso, todos los actos de crédito son actos de credibilidad y de confianza.

          En términos comerciales, el acreedor, al otorgar crédito, proporciona liquidez al deudor, a cambio de una compensación, que es el interés.

          En función del elemento tiempo se pueden distinguir obligaciones crediticias de corto, mediano y largo plazos. Aunque nada hay escrito, generalmente se consideran de corto plazo las que deben satisfacerse en un lapso de hasta dos años, de mediano plazo las de hasta diez años y de largo plazo las de más de diez años.

          También se pueden distinguir las operaciones crediticias según su finalidad: las hay industriales, comerciales, agrícolas, mineras, de exportación, de construcción, de consumo. Por el orden de las garantías que aseguran su cumplimiento se puede hablar de créditos reales  —cuya contraprestación está asegurada mediante hipoteca o prenda—  y créditos personales, que se fundan en la confianza que el acreedor tiene en cuanto a la solvencia moral y económica de su deudor.

          El crédito se ha convertido en uno de los elementos fundamentales de la economía capitalista, en la medida en que, al decir del economista y sociólogo alemán Albert Schäffle, “traslada el capital a las personas más activas”. Casi todo su funcionamiento gira en torno de él. Su inserción le ha dado una extraordinaria movilidad al proceso de la producción. Los préstamos de dinero, en cuanto van dirigidos al financiamiento de las tareas productivas, integran el capital de las empresas. Y al incorporarse a este factor productivo los intereses que ellos devengan forman parte de sus <costes de producción.

          Las personas y las empresas no siempre pueden financiar sus inversiones y su consumo con dinero propio. Rara vez los agentes económicos tienen recursos disponibles para hacerlo. El crédito suple esta carencia. Por eso la actividad bancaria se ha desarrollado rápida y autónomamente tanto en el ámbito interno como en el internacional, centralizada en entidades financieras especializadas que se encargan de canalizar el dinero de los ahorradores hacia las actividades productivas.

          Quien deposita su dinero en un banco entrega liquidez a esta institución y contribuye a que ella pueda financiar nuevas actividades productivas mediante préstamos a sus clientes. Y aunque el depositante conserva el derecho de retirar su dinero a la vista o con un breve preaviso, la solvencia del banco no sufre menoscabo puesto que tiene muchos depositantes y no es probable que todos ellos reclamen su dinero simultáneamente.

          El banco tiene la doble calidad de deudor y acreedor: es deudor con respecto a los depositantes y acreedor de sus clientes deudores.

          Desde el punto de vista macroeconómico, la política crediticia del gobierno es un importante instrumento de conducción económica. A través de la fijación del tipo de interés, de la regulación cuantitativa y cualitativa del crédito, del señalamiento del porcentaje del >encaje bancario, de la realización de descuentos y redescuentos y del uso de otros mecanismos, puede el gobierno expandir o contraer el crédito para orientar el proceso económico. La expansión del crédito conduce al aumento de la producción, el empleo y los precios, pero puede llevar eventualmente a la >inflación. Por el contrario, la contracción del crédito trae consigo la disminución de la producción, la ocupación y el nivel general de precios, pero puede circunstancialmente conducir a la >recesión de la economía. En todo caso, el gobierno tiene a su disposición una amplia gama de posibilidades de acción para estimular, estabilizar o frenar la economía por medio del manejo de la política crediticia, en íntima combinación con la política monetaria.

          No hay que olvidar que los bancos son creadores secundarios de >dinero puesto que los préstamos que conceden, utilizando los depósitos de sus clientes, generan nuevos depósitos por el conocido mecanismo de loans make deposits, que dicen los economistas norteamericanos. En virtud de él, mientras que el depositante conserva en todo momento el derecho de disponer de su dinero colocado en el banco a través de cheques, el beneficiario del crédito recibe un dinero “recién creado”, que la institución bancaria ha abonado a su cuenta.

          De este modo, los <bancos crean medios de pago. Por eso es tan importante el control del crédito que debe hacer el gobierno para mantener una masa monetaria equilibrada con las necesidades sociales.

 
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