campo de concentración

          Es un recinto cerrado y cercado destinado a alojar presos políticos, prisioneros de guerra o perseguidos por razones religiosas, étnicas o culturales. A lo largo de la historia, con diferentes nombres, se implantó este tipo de grandes e improvisadas cárceles para aprisionar a la gente.

          Pocos años después de su toma del poder en Rusia los <bolcheviques utilizaron los anteriores campos de concentración del gobierno zarista para confinar a los “contrarrevolucionarios” y a los “enemigos de clase” del nuevo régimen. Y en los años 30 y 40, bajo el tiránico gobierno de José Stalin, los campos de concentración de Siberia, administrados por la GULAG (Glavnoye Uptavlenie Lagetov), recibieron a centenares de miles de prisioneros políticos, a los granjeros opuestos al programa de colectivización de la tierra y a las víctimas de las purgas estalinistas. Los años 30 fueron los de las depuraciones estalinianas masivas, dentro de las cuales se promovieron dramáticos procesos de purga contra los más altos dirigentes del partido en quienes Stalin veía una amenaza para su liderato. Por medio de “procesos judiciales” montados, unos públicos y otros secretos, se deshizo de todos ellos. Bajo acusaciones falsas o confesiones arrancadas por la fuerza, unos fueron ejecutados públicamente y otros recluidos en campos de concentración o en hospitales psiquiátricos, en donde murieron. Casi toda la generación de los viejos <bolcheviques corrió esta suerte.

          Los principales campos de concentración soviéticos de esa época fueron el de Pecora (con Kotlas y Vorkuta), el de Yagry cerca de Arjanguelsk, el de Karaganda en el Kazajstán, el de Tayshet-Komsomolsk en la región del lago Baikal y el río Amur y el de Dalstroy en la región de Magadan-Kolima.

          En la monstruosa etapa de violencia y fanatismo políticos del >nazismo, bajo el imperio de su policía secreta  —la Geheime Staatspolizei (GESTAPO)—   y de las bandas de las S.S., que vigilaban implacablemente los más recónditos ámbitos de la vida pública y privada de las personas, los campos de concentración y los hornos crematorios fueron los principales mecanismos políticos y psicológicos del terror nazi para escarmentar y dominar a la población. A esos campos fueron llevados a partir de 1941 millones de prisioneros de los países europeos ocupados, donde eran sometidos a trabajos forzados o aniquilados físicamente en las cámaras de gas. Los prisioneros trabajaban hasta la muerte en las plantas industriales y en las fábricas de los cohetes V-2, y los que ya no estaban en condiciones de rendir eran eliminados. 

          El más execrable genocidio que conoce la historia fue el llamado >holocausto, cometido por los nazis contra los judíos durante el régimen hitleriano del Tercer Reich. Seis millones de judíos murieron en los campos de concentración  —los konzentrationslager—  sometidos a lo que los nazis llamaban cínicamente “endlosung”  —la “solución final”—,  o sea la muerte, en la mayor operación de >genocidio que contempla la historia.

          Los principales campos de concentración nazis fueron los de Neuengamme, Dachau, Sachsenhausen, Buchenwald, Flossenburg, Mauthausen, Ravensbrück (este último sólo para mujeres), Oranienborg-Sachsenhausen, Mittelbau-Dora y Bergen-Belsen, en Alemania; los de Auschwitz, Kulmhof (Chelmno), Belzec, Sobibor, Treblinka, Stutthof y Lublin, en Polonia; el de Semlin en las afueras de Belgrado; Theresienstadt en Checoeslovaquia; Mauthausen en Austria; y Hertogenbosch en Holanda. Dos de esos centros de exterminio —vernichtungslager— operaron bajo la supervisión de la WVHA: Auschwitz-Birkenau y Lublin-Majdanek. Otros cuatro centros de este tipo funcionaron en campos creados por los líderes de las S.S. regionales y de la policía: Belzec, Sobibor, Treblinka y Kulmhof (Chelmno). En Auschwitz, que fue el mayor de los campos de exterminio, fueron asesinados en las cámaras de gas o mediante fusilamientos masivos o murieron de inanición cerca de cuatro millones de judíos procedentes de Francia, Holanda, Noruega, Italia, Alemania, Checoeslovaquia, Hungría, Polonia, Yugoeslavia, Grecia y España.

          Tres días después del ataque por sorpresa de los aviones japoneses contra la base estadounidense de Pearl Harbor en Hawai el 7 de diciembre de 1941  —que determinó el ingreso de Estados Unidos en la conflagración mundial—  los japoneses atacaron las Filipinas. Las tropas norteamericanas acantonadas allí, bajo el mando del general Douglas MacArthur, resistieron todo lo que pudieron a lo largo de cuatro meses la feroz acometida japonesa que dejó cien mil muertos en Manila  —en uno de los más cruentos enfrentamientos de la Segunda Guerra Mundial—  pero al final fueron vencidas y se vieron obligadas a retirarse hacia la península de Bataan y a rendirse luego. Los prisioneros norteamericanos y filipinos fueron llevados desde Bataan en una marcha forzada de más de cien kilómetros, sin agua ni alimentos, rumbo a los campos de concentración. Mil soldados norteamericanos fallecieron de inanición en el camino. Los restantes fueron recluidos en campos de concentración. Los japoneses entonces completaron la conquista total del archipiélago filipino y después, en una sucesión de éxitos militares, tomaron Tailandia, Malaya (la actual Malasia), Guam, Hong Kong, las islas Salomón, las islas Gilbert y Marshall, Singapur, las Indias Orientales holandesas, Rangoon, Burma, Nueva Guinea y las islas Aleutianas, con lo cual implantaron su dominio absoluto en el Pacífico occidental.

          En China, durante la >revolución cultural, se instalaron recintos de “reeducación” que en realidad fueron campos de concentración de hombres, mujeres y niños, a quienes se consideraba apartados de la ortodoxia maoísta. En la década de los años 60 el autoritario régimen de Indonesia confinó a sus opositores en campos de concentración insulares. En la antigua Yugoeslavia, durante las operaciones de >limpieza étnica emprendidas en 1991 por el jefe de Estado de Serbia, Slobodan Milosevic, y por el presidente de los serbios de Bosnia, Radovan Karadzic, se crearon campos de concentración para confinar a los musulmanes bosnios y a los católicos croatas. El gobierno de George W. Bush implantó algo muy parecido a un campo de concentración en el >enclave de Guantánamo, situado en el suroriente de Cuba  —donde funciona una base militar de Estados Unidos que ocupa una superficie de 117,6 kilómetros cuadrados—,  para recluir a los prisioneros afganos de la red terrorista al Qaeda después del monstruoso atentado contra las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York y contra el Pentágono en Washington el 11 de septiembre del 2001 perpetrado por comandos fundamentalistas islámicos.

 
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